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Una de las diferencias esenciales entre un piloto experto y avezado y otro que no lo es radica -justamente- en que aquél no se deja distraer ni guiar por aspectos accesorios, obstáculos, inconvenientes, sugerencias, o cuestiones accidentales sino que se concentra básicamente en dos aspectos muy precisos: el destino al que se desea arribar, y en transitar la ruta más corta y más segura. Y es en función de estas dos variables que traza el camino, actúa y ordena al navegante su control y monitoreo tomando y dictando las medidas correctivas necesarias, toda vez que se precisa «llegar» y «a salvo».
Por ello el piloto estudia y evalúa los tiempos, el combustible necesario, las medidas de seguridad, la eventual fortaleza de la nave, y tantos otros aspectos; incluido el diagnóstico de los expertos en navegación que han diseñado las cartas y los reportes meteorológicos.
Claro está que para ello es necesario conocer con anterioridad a la partida, y a ciencia cierta, cuál es el destino escogido, cuál es la ruta más corta y más segura, y las características de la nave.
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