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Estado de derecho y riesgo moral
Hay quienes creen que el derrocamiento de las legítimas autoridades constitucionales fue intencional, para declarar la cesación de pagos de la deuda externa y producir una considerable devaluación de la moneda nacional seguida de una magna licuación de los pasivos en moneda extranjera. A la Justicia le corresponde dilucidar esta cuestión.
Lo que sí nos consta es que, en las semanas previas al derrocamiento del presidente, las obstrucciones impuestas por los gobernadores y legisladores en el Congreso Nacional a la aprobación del Presupuesto nacional, el bloqueo de las tratativas con el Fondo Monetario Internacional y de las medidas necesarias para completar la consolidación de la deuda externa, anticipaban una actitud proclive a ese derrocamiento.
A partir de ese momento, el bloqueo bancario esterilizó dos tercios de la liquidez financiera existente en la economía y la economía se desplomó, agravándose la tendencia recesiva que se iniciara en 1996, que se transformó en una profunda depresión económica, con creciente desempleo laboral, marginalidad y exclusión social.
Para atenuar esos previsibles efectos, minorar la magna violación de los derechos y garantías constitucionales, preservar en lo posible la estabilidad del sistema financiero y evitar que la violencia se hiciera dueña de las calles, el 14 de enero pasado aconsejé al gobierno, en un dictamen que me fuera solicitado por el señor ministro de Justicia, que los bancos otorgaran a los ahorristas «certificados de depósito a plazo fijo», negociables libremente en el mercado financiero secundario, cancelables en las «monedas de origen» de esos depósitos, cuyo cronograma de pagos estuviera ajustado a la prevista devolución de los préstamos otorgados por los bancos. Por feliz coincidencia, esta misma propuesta fue hecha, días después, por algunos distinguidos economistas académicos extranjeros. Basado en mis propias contribuciones científicas sostenía en ese dictamen que la flotación conjunta de las tasas de cambio y de interés, actuando interactivamente como contrapeso la una de la otra, permitirían restablecer la liquidez del sistema económico, sin consecuencias dramáticas. Este ensayo de política económica se ha iniciado hace pocas semanas a partir de las licitaciones de Letras.
Como era de esperar, a partir de la imprudente declaración de «cesación de pagos» hecha por uno de los presidentes provisorios después del derrocamiento del presidente constitucional, declaración que fue aplaudida por la Asamblea Legislativa con «el corazón alegre» ahora el mundo le exige a la Argentina que adopte un programa económico sustentable con las reformas estructurales necesarias para corregir su situación de insolvencia y revertir su ciclo económico depresivo. Cumplir con esta exigencia llevará tiempo y su implementación por un gobierno provisorio no será sencilla, puesto que esas reformas estructurales supondrán sufrimientos adicionales a la población que, si bien serán transitorios, agudizarán la emergencia social. Sin duda estas reformas comprometerán también los intereses políticos y económicos de la clase dirigente, en la que este gobierno se sustenta.
Formulo sinceros votos para que el ministro de Economía recientemente designado inicie con éxito esta ímproba faena, asumiendo con vigor y empuje esta delicada y compleja misión.


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