ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

5 de septiembre 2002 - 00:00

Las reformas pendientes

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Durante el primer gobierno de Carlos Menem el país recuperó la estabilidad, bajó el déficit a cifras manejables, recuperó el crédito nacional e internacional, se reinsertó en el mundo con un posicionamiento claro, creció a altas tasas y obtuvo una enorme mejoría en el índice de pobreza (bajó de 47,5% a 16,5%). Durante el segundo, debió soportar cuatro crisis internacionales: la del tequila en 1995, la del sudeste asiático en 1997, la rusa en 1998 y la brasileña en 1999, lo que aumentó sustancialmente los servicios de la deuda pública. Casi una crisis por año, a pesar de lo cual crecimos a altísimas tasas durante tres de los cuatro años del período, y lo más importante: se generó 1.200.000 puestos de trabajo en menos de dos años, lo que permitió bajar la desocupación 6% desde el récord de 18,5% de la época del tequila a 12,8% en octubre de 1998, manteniendo el mejor índice de desarrollo humano de la región, con la pobreza en 26%. Fue un gran avance la reforma del sistema financiero, que logró depósitos en los bancos por casi u$s 100.000 millones y reservas por u$s 34.000 millones en el BCRA que el gobierno de la Alianza dilapidó en gran parte. Lo mismo ocurrió con la solvencia de los bancos después de la devaluación de Duhalde.

En realidad, fue un muy buen gobierno el del segundo período de Menem; en relación con las dificultades externas, mejor que el primero. Quedaron, sin embargo, varios objetivos pendientes: lograr equilibrio fiscal, una buena reforma laboral para bajar más el desempleo y el trabajo en negro, un nuevo régimen de coparticipación federal juntamente con las reformas en el Estado llamadas de «segunda generación», esto es, de gestión, para mejorar los servicios y la calidad del gasto.



Otra vez hay que comenzar por recuperar la estabilidad, un objetivo que el pueblo argentino pensó que después de 10 años no perdería más, pues es la base para las inversiones, el crecimiento y el combate contra la pobreza. Después de la irresponsable y fracasada devaluación de 260%, con pesificación asimétrica incluida y ruptura de todas las reglas de juego, el país necesita una nueva moneda confiable que esta vez debería ser directamente el dólar para lograr la credibilidad de los argentinos y del mundo.

La dolarización es el camino, porque, como en 1990, es la decisión que ya tomó el pueblo argentino, harto de que lo estafen y lo abaraten con las devaluaciones. Por eso somos el país más dolarizado del mundo y la existencia de dólares billete asciende a u$s 30.000 millones, cinco veces más que la de pesos, incluidos los bonos. Con un gobierno confiable y con el dólar como moneda corriente, esta masa de dinero seguramente se incorporará bastante rápido a la economía, dándole impulso.

Existen otras razones para elegir hoy la dolarización en lugar de una nueva convertibilidad:

a) Eliminar el riesgo de una nueva devaluación bajará drásticamente el riesgopaís, y con ello, las tasas de interés de la deuda pública y las tasas internas de la economía real. Aunque los promotores del default parecen haberlo olvidado, esas tasas se siguen devengando y después habrá que reconocerlas como ya ocurrió con Alfonsín, que dejó deuda oculta por más de u$s 30.000 millones. ¿Cuánta será la deuda sin consolidar después de la devaluación?

b) Acelerará la recuperación de la confianza, indispensable para que vuelvan las inversiones de argentinos y extranjeros, y el crecimiento. La devaluación generó incentivos negativos: se castigó a los que creyeron e invirtieron en el país y se premió a los que no lo hicieron, que ahora pueden venir y comprar barato.

c) Asegurará a los trabajadores y jubilados que no se les puedan seguir bajando los ingresos por nuevas devaluaciones. Es equivocada la afirmación de que se congelan los sueldos en los bajos niveles actuales; los sueldos ya están bajos en dólares, los bajó la devaluación, pero pueden estarlo más. En cambio, si se dolariza no seguirán bajando por efecto de la inflación y, en cambio, tenderán a subir con la recuperación de la economía, como ya ocurrió con la convertibilidad.

d) Es consistente con la tendencia mundial a la eliminación de monedas nacionales (ej. euro) y con el proceso de integración del ALCA. Está demostrado que las uniones monetarias triplican el intercambio comercial entre países y probablemente toda América avanzará en esa dirección en el mediano plazo en búsqueda de mayor estabilidad y negocios.







Últimas noticias

Dejá tu comentario

Otras noticias