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Los cambios necesarios hoy en el sistema financiero argentino
Para avanzar en la solución del restablecimiento de los medios de pago, piedra fundamental para resolver el resto, es necesario partir de una visión de cuál debe ser la estructura del nuevo sistema financiero, para que las medidas que se adopten no interfieran con el diseño de largo plazo.
1. Hacia un nuevo sistema financiero
Esta crisis ha mostrado la conveniencia de aislar el sistema de pagos de la confianza de los depositantes (algo que muchos en el Banco Central --especialmente Roque Fernández, Pablo Guidotti y Aquiles Almansi-siempre pensamos, aunque parecía ser demasiado caro. A la luz de la actual experiencia, pareciera que nos equivocamos y que hubiera sido una inversión sumamente rentable para el país). De tal forma, cualquiera sea el motivo de la crisis, los medios de pago deberían poder seguir funcionando sin mayores tropiezos.
Una propuesta que puede contemplar estas necesidades es distinguir entre dos tipos de instituciones financieras: unas, destinadas a operar en medios de pago y otras, destinadas a canalizar el ahorro a la inversión productiva.
Las primeras, llamémoslas bancos de pago, tendrían un altísimo porcentaje de reservas líquidas en sus activos. Estas reservas deberían estar en activos en la misma moneda en que están expresados sus depósitos, de forma que -cualesquiera sean los avatares de la confianza en el sistema financiero-el banco siempre podría atender el retiro total de sus depósitos en la moneda en que éstos estuvieran pactados. De esta forma, la actividad económica estaría al margen del riesgo de quiebres en la cadena de pago.
Las segundas, llamémoslas bancos de inversión, estarían orientadas a canalizar el ahorro a la actividad productiva y tendrían un nivel de requisitos de liquidez similar a los actuales.
Obviamente, los requisitos de liquidez del nuevo sistema son mayores que los del anterior. ¿Pero cuánto mayores? Tomemos como referencia los pasivos de los bancos a diciembre del año 2000: de un total de depósitos de ochenta y seis mil seiscientos millones de pesos (o dólares), seis mil quinientos millones estaban en cuenta corriente, trece mil millones en caja de ahorro y el resto en plazo fijo u otro tipo de depósitos. O sea que los medios de pago representaban 22% del total de depósitos. Por lo tanto, si se crearan los bancos de pago con lo que eran los saldos de cuentas corrientes y cajas de ahorro, y se les impusiera 60%-80% de requisitos de liquidez, y se mantiene sobre los bancos de inversión un requisito de 20%, el total de requisitos de liquidez aumentaría en 40%-60% sobre los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro. Esto implica una necesidad adicional de requisitos de liquidez de unos ocho a doce mil millones de dólares. Vale decir que se incrementarían en casi 100% los requisitos de liquidez.
Podría argumentarse que los medios de pago tienen menor volatilidad que los depósitos a plazo fijo, por lo que parece ilógica esta diferencia de liquidez internacional; sin embargo, la magnitud del costo que impone el quiebre de la cadena de pagos es tan sustancial que, aun cuando la probabilidad de que se produzca este evento es pequeña, la cobertura de ese riesgo puede justificar el costos de esta detracción de ocho a doce mil millones de dólares al crédito doméstico.
No se trata, sin embargo, de sólo aumentar los requisitos de liquidez sino de cambiar la estructura del sistema financiero de forma tal de independizar los medios de pago de la confianza de los ahorristas. El sistema financiero resultante será caro pero, tal vez, el más barato para la Argentina, dado el resto de nuestras instituciones fiscales y monetarias.
2. Un mecanismo para pro-veer una solución a la crisis de liquidez
Provisto el esquema de cuál sería la orientación que debe seguir la reconstrucción del sistema financiero, podemos pensar si existe alguna forma en que -encaminándonos hacia esa solución-proveamos de alguna liquidez a los depósitos bancarios, con el objeto de reconstruir la cadena de pagos.
La situación del sistema cambió mucho entre el momento del congelamiento y hoy, pues gran parte de los vencimientos de plazos fijos fue pasando a cuenta corriente y caja de ahorro. Así, al entrar en vigencia tales restricciones el 1 de diciembre de 2001, había en cuenta corriente y caja de ahorro $ 12.134 millones y u$s 7.242 millones. Sin embargo, durante el mes de diciembre el movimiento de plazos fijos a caja de ahorro fue tal que, al 9 de enero de 2002, existí-an $ 13.606 millones y u$s 20.172 millones en cuentas corrientes y cajas de ahorro. (Los medios de pago en pesos casi no aumentaron, pero en dólares aumentaron 13.000 millones.) Si tomamos el promedio de estas dos posiciones (suponiendo que es posible retrotraer parte de la traslación de depósitos, una medida menos drástica que la impulsada por el equipo económico la semana pasada) y si utilizamos para convertir un valor del dólar de $ 1,40, el total de medios de pago es del orden de los u$s 23.000 millones.
Una forma de recrear los medios de pago al mismo tiempo que se pone el sistema financiero en el sendero hacia la solución de largo plazo sería reprogramar sólo los plazos fijos, constituyendo el núcleo fundacional del banco de inversión cuyos activos serían los créditos al sector privado. (La reprogramación deberá tener en cuenta el tamaño de los depósitos así como la posible maduración de los créditos otorgados por los bancos. Es prematuro establecer tal cronograma pues, sin un plan económico integral que genere confianza en la población y en la comunidad financiera internacional, es imposible pensar en una solución para los depositantes en plazo fijo.)
Al mismo tiempo, cada banco crearía un fideicomiso -que sería la piedra fundacional del banco de pagos-, que tendría como activo los préstamos garantizados del gobierno nacional y como pasivo certificados de participación en el fideicomiso. Dado que los bancos mantienen en sus balances un total de u$s 25.000 millones de préstamo consolidado, este activo sería más que suficiente para respaldar los medios de pago creados.
Cada banco podría emitir sus propios certificados. Sin embargo, dado que la composición de la cartera activa sería igual para todos los fideicomisos (préstamos garantizados), sería conveniente que los certificados fueran uno solo, a los efectos de evitar que la falta de conocimiento sobre su respaldo haga que tengan distinto valor, dependiendo de cuál sea el banco emisor. A tal efecto, se crearía un fideicomiso nacional (FN) de «segundo piso», privado, en el cual los fideicomisos de cada banco depositarían los préstamos consolidados (conformando así el activo del fideicomiso) y recibirían certificados de participación en el FN.
Estos certificados de participación serían en dólares, para los depósitos constituidos en dólares, y en pesos para los depósitos en pesos. Cada banco de pago mantendría la relación con sus clientes de cuenta corriente y caja de ahorro, acreditando los certificados de participación en el FN y proveyendo servicios de pagos.
El FN, un organismo privado, estaría emitiendo una cuasi moneda. ¿Cuáles serían sus reglas de emisión? Una posible y muy sencilla es que el FN se limite a rescatar los depósitos a medida de su vencimiento, hasta su extinción. La otra, tal vez más interesante, es que una vez constituido utilizando como activo los préstamos consolidados, el FN podría emitir nuevos certificados de participación contra activos financieros que tengan alta liquidez y la misma denominación que los certificados de participación. Así, a medida que el Tesoro cancela los bonos con dólares en NuevaYork, el FN podría emitir nuevos certificados en dólares. Esto implica que, marginalmente, habría una regla de convertibilidad, asegurando el valor en dólares de ese dinero bancario privado.
Si bien, inicialmente, el FN no cumpliría con el elemento fundamental de los bancos de pago (poseer activos líquidos internacionalmente), debiera ser posible en el contexto de un programa económico que genere suficiente confianza conseguir de los organismos multilaterales cierta liquidez internacional mediante un préstamo. Por otra parte, los servicios de intereses y amortización del préstamo consolidado se irían sumando a las reservas líquidas. A medida que el FN adquiera liquidez, el dinero emitido por el FN sería cada vez más convertible a moneda internacional, logrando eventualmente su total convertibilidad, pues los certificados tendrían respaldo pleno en dólares.
¿Puede tener esta medida un impacto inflacionario? En la medida en que los certificados de participación sean transferibles por medio de cheques, no se alteraría la relación entre dinero (en una definición amplia, incluyendo circulante, cuentas corrientes y cajas de ahorro) y bienes que existía hasta fines de noviembre de 2001. Tampoco si una fracción pequeña se emite en la forma de billetes.
Reconstituida la cadena de pagos, habría cierto margen para ir resolviendo el resto de los problemas enunciados. Lo fundamental hoy es frenar la caída en el nivel de actividad económica, que amenaza con destruir el contrato social. Hay cierta similitud entre el sistema bancario que se propone en esta nota y el que propuso ayer Jorge Avila, aunque también hay notorias diferencias. Coincidimos en la necesidad de que los medios de pago sean manejados por bancos con total respaldo de divisas, un esquema a la Simons. Su idea de que los bancos de inversión sean manejados por bancos extranjeros, desde el extranjero (banca offshore), parte del supuesto de la incapacidad de los argentinos para manejar nuestras instituciones económicas y financieras, que coincide -por ejemplo- con la idea de dolarizar. No la comparto, pero la entiendo.

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