5 de octubre 2001 - 00:00

Los mitos del Mercosur

Siendo tan nombrado y criticado como para lograr estar en la boca de los políticos en campaña y diariamente en la media, el Mercosur está pasando por uno de los niveles más bajos de su popularidad. Tanto centimetraje público y publicado, lejos de contribuir a explicitar las discusiones estratégicas que implican el proceso de integración, están probablemente generando confusión y, entonces, reduciendo los grados de libertad de los instrumentos posible para enfrentar la coyuntura. El problema es uno solo: tratar de integrar países con economías en crisis, uno por la devaluación y el otro por la recesión.

Me parece importante despejar algunos mitos: Mito Nº 1: «Faltan instituciones adecuadas». Este mito puede venir acompañado de una larga explicación de cómo funciona la Unión Europea y sus instituciones. Una variante -si se trata de algún abogado-«faltan tribunales supranacionales». Falso. En el estadio actual del proceso de integración existen suficientes instituciones para el grado de compromiso que los países han asumido. La mayor parte de los problemas (pensar, por ejemplo, en autos, azúcar, otros) son por falta de decisión o negociación y no por «incumplimiento». Es obvio, que a mayor grado de integración deberá corresponderle mayor grado de institucionalización. La discusión es sobre el «tempo».

Mito Nº 2: «Debemos ir a una zona de libre comercio y no unión aduanera»
. Falso.

Ninguno de los grandes problemas famosos o nuevos estuvo vinculado a la rigidez del arancel externo -rigidez que dicho sea de paso nunca existió- sino justamente al libre comercio, es decir al flujo comercial entre los dos países. Además de la obviedad de que también depende de la opinión de los otros, desde el punto de vista técnico es un error, ya que la zona de libre comercio tendrá reglas de origen que se discutirán en función de los aranceles «del otro» y que en términos de negociación, cambiar un arancel propio -que es la libertad que se consiguecambia la preferencia al socio, y por ende se mantiene la «interdependencia» del arancel. En definitiva «zona de libre comercio» y «unión aduanera», en términos de negociación, en el límite son equivalentes. Además, mirando las nuevas agendas los temas de negociación se concentran en disciplinas y regulaciones (pensar, por ejemplo, en inversiones o telecomunicaciones) donde el tema arancelario pasa a ser irrelevante y la discusión vieja.

Mito Nº 3: «Debemos abandonar el Mercosur e ir al NAFTA».
Es políticamente ingenuo pensar que los EE.UU. (además de Canadá y México) contribuyan a provocar la ruptura de uno de los más potentes instrumentos de estabilidad política que se creó en América del Sur. Además desde el punto de vista de la negociación es impensable que el sector agrario americano acepte nuestras «condiciones mínimas» y, más aún, si las aceptara: ¿Está la industria argentina «interesada» en tal competencia? ¿Dónde se instalará la fábrica, en Rosario o Atlanta? El grado de análisis técnico no es suficiente para tomar la alternativa como seria.

Mito Nº 4: «Los problemas entre Brasil y la Argentina no se pueden resolver porque tenemos cambio fijo y ellos no». Este mito puede variar en propuestas --acompa-ñadas de largos estudios-de moneda común, o devaluar acá o convertir allá. Falso. Brasil y la Argentina son democracias jóvenes con economías con estabilidades más jóvenes aún. Cada país con su propia historia, experiencia y estructura productiva y social elige los instrumentos que considera más útiles en busca de la estabilidad «consistente y permanente». El instrumento cambiario es tan relevante como cualquier otro, lo central es la estabilidad a largo plazo de cada país, que implicará la estabilidad relativa «previsible».

Mito Nº 5: «Hay que coordinar políticas macroeconómicas».
Falso. Este es el mito más sofisticado, porque en realidad es cierto que hay que coordinarlas, pero lo relevante es cuándo. Con los niveles de inestabilidad y «batallas» que los diferentes ministros del ramo tienen en sus agendas internas es medio naïf pensar que además aumenten sus restricciones en relación con sus socios.

• Ejercicio

En realidad todos los «mitos» o más apropiadamente «falsos dilemas» tienen una base común: confundir el punto de partida con el punto de llegada. Confundir construcciones intelectuales o, peor, ideológicas, con el complejo ejercicio político de administrar una integración entre economías inestables y democracias incipientes. El Mercosur nunca será ni más serio, ni más transparente ni menos trucho, que los países que lo componen. No es un ejercicio intelectual sino el ejercicio de la decisión política de integrarse de «estos» cuatro países.

No hay una fórmula mágica ni puntual que pueda dar una respuesta a la matriz de intereses que están en juego en el proceso de integración.
Ni lanzamientos, ni anuncios, ni refundaciones serán útiles. Definitivamente integrar países con inestabilidad macroeconómica (se llamen recesión o devaluación) no es fácil y se pagan precios muy caros. Muchos de los cuales -y esto es central-se pagarían igual por el solo hecho de ser vecinos.

Se debe buscar algunos instrumentos o «parches» que ensuciando, en particular «el libre comercio», amortigüen los efectos de los bruscos cambios de la paridad cambiaria, para luego hacer «fine tunning» cuando el nivel de estabilidad y crecimiento de ambos países permita acciones más «estratégicas».
Mientras más inteligentes y consensuados sean los parches, más probabilidades de preservar el proceso habrá.

¿Cavallo está loco?
No. Al menos no en este caso. La batería de ideas, «ataques» y propuestas con que bombardeó al Mercosur tienen una consecuencia clara: hay una mesa de negociación planteada. Ahora todos coinciden:»we have a problem». Y esta coin-cidencia permite -no garantiza-encontrar soluciones a la coyuntura.

¿Era necesario tanto fuego? En realidad, la Argentina desde enero de 1999 está tratando de encontrar, sin suerte, algún mecanismo que amortigüe los efectos de la devaluación relativa. Ahora puede ser.

Dos caminos posibles:
caso a caso, tratando con acuerdos sectoriales, «normas técnicas» u otras variantes de «controlar el comercio desde Brasil, más algún instrumento (reembolso con diferentes nombres) para empujar nuestras exportaciones. Este procedimiento, daña «menos» el libre comercio pero obliga a administrar y elegir -con los costos sectoriales que implicay sin duda provocará el efecto reacción de otros sectores de los otros socios. (Traducido: no entra más leche, ni harina, ni trigo, ni otros).

• Confuso

El otro camino, un instrumento más general, tipo un factor de convergencia «local» que sea suficientemente confuso para que sea vendido en Brasil como una «devaluación argentina», por lo tanto aleja los reclamos sectoriales y que sea vendido aquí como un aumento variable en reembolsos y aranceles, y donde la OMC no le preste atención porque está dentro del waiver de la unión aduanera.

El límite técnico es el propio arancel externo, ya que los productos brasileños si no entrarían por extra zona. El balance fiscal de la medida dependería de los flujos de comercio y de qué sectores quedarían «afuera» del mecanismo. Una mezcla de ambos procedimientos podría ser una buena solución, que mal administrada puede pagar los precios de ambas. En definitiva: se necesita ingeniería, y micro-management para un macro-problema.

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