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Los mitos del Mercosur
Mito Nº 2: «Debemos ir a una zona de libre comercio y no unión aduanera». Falso.
Ninguno de los grandes problemas famosos o nuevos estuvo vinculado a la rigidez del arancel externo -rigidez que dicho sea de paso nunca existió- sino justamente al libre comercio, es decir al flujo comercial entre los dos países. Además de la obviedad de que también depende de la opinión de los otros, desde el punto de vista técnico es un error, ya que la zona de libre comercio tendrá reglas de origen que se discutirán en función de los aranceles «del otro» y que en términos de negociación, cambiar un arancel propio -que es la libertad que se consiguecambia la preferencia al socio, y por ende se mantiene la «interdependencia» del arancel. En definitiva «zona de libre comercio» y «unión aduanera», en términos de negociación, en el límite son equivalentes. Además, mirando las nuevas agendas los temas de negociación se concentran en disciplinas y regulaciones (pensar, por ejemplo, en inversiones o telecomunicaciones) donde el tema arancelario pasa a ser irrelevante y la discusión vieja.
Mito Nº 3: «Debemos abandonar el Mercosur e ir al NAFTA». Es políticamente ingenuo pensar que los EE.UU. (además de Canadá y México) contribuyan a provocar la ruptura de uno de los más potentes instrumentos de estabilidad política que se creó en América del Sur. Además desde el punto de vista de la negociación es impensable que el sector agrario americano acepte nuestras «condiciones mínimas» y, más aún, si las aceptara: ¿Está la industria argentina «interesada» en tal competencia? ¿Dónde se instalará la fábrica, en Rosario o Atlanta? El grado de análisis técnico no es suficiente para tomar la alternativa como seria.
Mito Nº 5: «Hay que coordinar políticas macroeconómicas». Falso. Este es el mito más sofisticado, porque en realidad es cierto que hay que coordinarlas, pero lo relevante es cuándo. Con los niveles de inestabilidad y «batallas» que los diferentes ministros del ramo tienen en sus agendas internas es medio naïf pensar que además aumenten sus restricciones en relación con sus socios.
No hay una fórmula mágica ni puntual que pueda dar una respuesta a la matriz de intereses que están en juego en el proceso de integración. Ni lanzamientos, ni anuncios, ni refundaciones serán útiles. Definitivamente integrar países con inestabilidad macroeconómica (se llamen recesión o devaluación) no es fácil y se pagan precios muy caros. Muchos de los cuales -y esto es central-se pagarían igual por el solo hecho de ser vecinos.
Se debe buscar algunos instrumentos o «parches» que ensuciando, en particular «el libre comercio», amortigüen los efectos de los bruscos cambios de la paridad cambiaria, para luego hacer «fine tunning» cuando el nivel de estabilidad y crecimiento de ambos países permita acciones más «estratégicas». Mientras más inteligentes y consensuados sean los parches, más probabilidades de preservar el proceso habrá.
¿Cavallo está loco? No. Al menos no en este caso. La batería de ideas, «ataques» y propuestas con que bombardeó al Mercosur tienen una consecuencia clara: hay una mesa de negociación planteada. Ahora todos coinciden:»we have a problem». Y esta coin-cidencia permite -no garantiza-encontrar soluciones a la coyuntura.
Dos caminos posibles: caso a caso, tratando con acuerdos sectoriales, «normas técnicas» u otras variantes de «controlar el comercio desde Brasil, más algún instrumento (reembolso con diferentes nombres) para empujar nuestras exportaciones. Este procedimiento, daña «menos» el libre comercio pero obliga a administrar y elegir -con los costos sectoriales que implicay sin duda provocará el efecto reacción de otros sectores de los otros socios. (Traducido: no entra más leche, ni harina, ni trigo, ni otros).
• Confuso
El otro camino, un instrumento más general, tipo un factor de convergencia «local» que sea suficientemente confuso para que sea vendido en Brasil como una «devaluación argentina», por lo tanto aleja los reclamos sectoriales y que sea vendido aquí como un aumento variable en reembolsos y aranceles, y donde la OMC no le preste atención porque está dentro del waiver de la unión aduanera.
El límite técnico es el propio arancel externo, ya que los productos brasileños si no entrarían por extra zona. El balance fiscal de la medida dependería de los flujos de comercio y de qué sectores quedarían «afuera» del mecanismo. Una mezcla de ambos procedimientos podría ser una buena solución, que mal administrada puede pagar los precios de ambas. En definitiva: se necesita ingeniería, y micro-management para un macro-problema.


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