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Por ello cabe seguir de cerca la evolución de esta cuestión en el país más influyente del mundo, los Estados Unidos. Allí, hace apenas algunas semanas, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) conmovió al mercado local modificando algunas de las barreras a la «concentración» en este tipo de empresas. Las que tratan de limitar las influencias monopólicas, y que el fallo del martes en Filadelfia dejó, por el momento, sin efecto.
Conforme a la ley norteamericana vigente desde 1996, las limitaciones a la propiedad privada de las empresas que controlan los medios de comunicación masiva deben ser «revisadas» por la administración cada dos años. De manera de volver a analizar si ellas, como restricciones a la propiedad que son, continúan siendo necesarias para la defensa del interés público.
Esas limitaciones pueden -además- ser objeto de cuestionamiento ante los tribunales, por un andarivel ciertamente independiente del accionar de la administración: el de las normas que regulan la competencia. En rigor, las pautas administrativas actuales han sido dejadas de lado, por inconstitucionales o irrazonables, por al menos cinco sentencias judiciales diferentes.
La FCC acaba, como hemos dicho, de modificar reglamentariamente algunas de las más importantes limitaciones a la propiedad y el control de los medios de comunicación que estaban vigentes. En dirección a tratar de hacerlas algo más flexibles. Generando -inmediatamente- la reacción adversa del Congreso, que maniobra en procura de mantener las restricciones tradicionales, sin cambios.
La primera de las medidas de la FCC dispuso autorizar a cualquier empresa del sector a controlar hasta 45% de la audiencia televisiva nacional. Hasta ahora, ese «techo» era significativamente menor, de 35% solamente.
Esto porque se entiende que, de lo contrario, las cadenas televisivas «de aire», o sea ABC, CBS, NBC y Fox, seguirán en desventaja respecto de las operaciones «de cable», que tienen acceso a mercados más amplios.
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