4 de julio 2002 - 00:00

Programa monetario sólo administrará la salida de capitales

La Argentina ingresó en la flotación actual en las peores condiciones imaginables. No lo hizo por virtud, como resultado de una salida programada de la convertibilidad, sino como desenlace de su abandono caótico. No lo hizo como consecuencia de una recuperada credibilidad en la moneda local, sino por el contrario en el contexto de la declaración por parte del Estado, precisamente el administrador último de la moneda, de que dejaría de honrar sus compromisos financieros. No lo hizo con convicción, sino en forma forzada luego de intentar anecdóticamente un tipo de cambio dual. No lo hizo en el contexto de un plan integral, serio y sustentable, sino en forma improvisada, sin plan.

Es cierto que la comunidad financiera internacional se inclinó hacia la alternativa de que la Argentina adoptara un tipo de cambio flotante, lo cual implicaba «ex ante» la expectativa de mayor apoyo externo que otras alternativas cambiarias. Pero esa inclinación, además de subestimar el grado de debilidad de la moneda local, no suponía que la flotación se iba a implementar en un contexto de improvisación -sin plan-, contradictorio- con rehabilitación del financiamiento del Banco Central al Tesoro y transgresor -afectando severamente derechos patrimoniales-.

• Los resultados

La forma en que se ingresó en la flotación y las políticas agravantes seguidas han dado como resultado la concurrencia de ahorristas e inversores en el deseo de deshacerse de activos argentinos, monetarios, financieros y reales. Así, los ahorristas quieren dólares y en el exterior, los inversores nacionales han detenido sus inversiones y los inversores del exterior desean abandonar el peso muerto que significan compromisos de inversión en la Argentina. Se asiste así a una masiva salida de capitales, de la que las cifras que se acaban de publicar en el Balance de Pagos del primer trimestre de 2002 -un saldo negativo de u$s 3 mil millones- son sólo una pálida manifestación.

En este contexto, no es de extrañar que la flotación generara una escalada del tipo de cambio nominal, que ha complicado extraordinariamente la preservación de los derechos patrimoniales de los tenedores de activos financieros, y la capacidad del sector privado para atender sus compromisos externos. La expectativa de defensa de las reservas internacionales que acompaña a los regímenes de flotación ha sido virtualmente imposible en las condiciones actuales de la economía argentina, donde la caída en la demanda del peso y la expansión monetaria del Banco Central alimentan la salida de capitales.

La manifestación de la salida de capitales en las variables reales es contundente. En el primer trimestre de 2002, respecto de igual período del año anterior, el PIB cayó 16,3%, y la Inversión Bruta Interna, 46,1%. En el mismo período, la importación de bienes de capital cayó 70,6% y, finalmente, en el primer trimestre del año, la Inversión Directa Extranjera fue de sólo u$s 193 millones, comparada con u$s 2.400 millones y u$s 1.900 millones en el mismo trimestre de 2000 y 2001, respectivamente.

• Programa sin contexto

El financiamiento al Tesoro, junto con los redescuentos necesarios para que los bancos puedan atender el «goteo» de los depósitos indisponibles, los amparos y el cronograma de los depósitos reprogramados, hace difícil limitar la expansión monetaria del Banco Central.

El gobierno se debate en el intento de acordar un programa monetario. Pero, en las condiciones actuales, el programa monetario no representa otra cosa que un intento de administrar la salida de capitales. Y, en rigor, la flotación existente no es otra cosa que la administración desordenada de una irreversible salida de capitales.

¿Cuál es el futuro de la economía en este contexto? ¿Cuál es el programa monetario luego de 2002? ¿Y cuál es el programa fiscal? ¿Más inflación? ¿Es la reprogramación de depósitos un mero intento de cuotificar la salida de capitales? ¿Con vistas a qué horizonte?

El gobierno no alcanza a entender que la continuidad y profundización de la caída de la actividad económica, la presión sobre las reservas internacionales y el tipo de cambio, la amenaza hiperinflacionaria y el aumento del desempleo y la pobreza son el resultado de la masiva salida de capitales que generan sus propias políticas. Y no logra acceder al diagnóstico esencial de que no habrá normalización de la actividad económica -menos, recuperación y crecimiento-, si no se detiene y luego revierte la salida de capitales.

Pero ello no se logrará solamente a través de un programa monetario sin contexto ni horizonte. Ello sólo se alcanzará si se define un marco adecuado para el desarrollo de la actividad económica, cuyas condiciones mínimas incluyen:

A. Eliminar todo tipo de incertidumbre, hoy existente, respecto de que la Argentina es una economía capitalista, de libre mercado, con vocación de estar plenamente integrada a la economía internacional.

B. Asegurar la libre determinación de los precios.

C. Refirmar la plena vigencia de los derechos de propiedad.

D. Reparar los daños infligidos a los derechos de propiedad.

E. Fortalecer la seguridad jurídica.

F. Maximizar la reversión de la pesificación unilateral, comenzando con la de la deuda pública.

G. Recrear la cultura de crédito.

H. Atender honorablemente los derechos de quienes prestaron a la Argentina, revirtiendo la declaración formal de default y reanudando inmediatamente las negociaciones de la deuda y los pagos parciales de intereses.

I. Revertir la percepción de discriminación hacia la inversión extranjera.

J. Cesar el ataque infundado e ideológico a las reformas estructurales ya efectuadas.

K. Dar claras señales de que se emprenderán las reformas estructurales pendientes.

L. Implementar una reforma del Estado que transforme su «governance» -profesionalizándolo, independizándolo de la política y sujetando al sector público a auditorías privadas-y asegure la solvencia fiscal perdurable por vías no inflacionarias.

M. Realzar al nivel constitucional las limitaciones al gasto público, la prohibición de déficit y la limitación del endeudamiento público.

A menos que el gobierno se encuentre con este diagnóstico y lo adopte con convicción, continuará la salida masiva de capitales y, con ella, el círculo vicioso de la pobreza en que hoy se encuentra sumida la Argentina, donde crecientemente el empleo privado será sustituido por el gasto social y la actividad real y financiera del sector privado será sustituida por la ineficiente actividad real y financiera del sector público. En otros términos, estaremos en las vísperas de una década perdida.

(*) Economista y ex gerente general del BCRA

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