17 de julio 2001 - 00:00

Quieren déficit cero, pero falta convicción

La decisión del ministro Cavallo y del presidente De la Rúa de proceder inmediatamente a la eliminación del déficit fiscal a través de la baja del gasto público representa una mejora cualitativa sustancial en el diagnóstico que el propio gobierno tiene sobre el origen de la difícil situación económicofinanciera de la Argentina, una saludable ruptura con diagnósticos oficiales previos y la pieza más relevante, por mucho, de todas las medidas anunciadas o implementadas hasta ahora en el frente económico y financiero por el Ministerio del Dr. Cavallo.

Es casi imposible evitar, sin embargo, una reflexión amarga respecto de dos aspectos del nuevo diagnóstico oficial. En primer término, que esta administración haya esperado tanto tiempo -18 meses-para reconocer la imposibilidad de seguir aumentando la presión impositiva y/o generando deuda pública a un ritmo superior a u$s 10.000 millones anuales, permitiendo ínterin que el riesgo-país alcanzara niveles de 1.300-1.600 puntos básicos y que la incertidumbre respecto de las finanzas públicas paralizara las inversiones, el consumo y la economía.


•Necesidad

Segundo, que en partes importantes del sector público este nuevo diagnóstico sólo se acepte porque no hay más financiamiento neto disponible para la Argentina. En otros términos, que se acepte «por necesidad» en vez de aceptarlo «por virtud». Es probablemente este último rasgo el que explica la persistente negativa del gobierno a escuchar las múltiples voces que ya desde el año 2000 le advirtieron que es el nivel de la deuda y su dinámica negativa, determinadas por el descontrol del gasto público, lo que explica el deterioro del riesgo-país y atenta contra la competitividad del sector privado y, por tanto, contra la inversión y el crecimiento.

Pero si no es posible lograr que todo el gobierno actúe sobre el gasto público y el déficit «por virtud» y «por convicción», y es necesario resignarse a que lo haga «por necesidad», lo mínimo que sí es necesario pedirle es que actúe con total persuasión de la necesidad y con total eficacia, en particular, evitando el riesgo de diluir la meta que se origina en algunas propuestas alternativas que han trascendido.

En primer término, en tanto en múltiples declaraciones el déficit cero ha sido planteado para este segundo semestre, debe por el contrario quedar claro que la política de déficit cero vía baja de gastos, con la relevante implicancia de estabilizar el nivel de la deuda pública, se mantendrá en los años siguientes. Sólo de este modo el nuevo diagnóstico cambiará positivamente la expectativa de solvencia fiscal necesaria para la recuperación de la confianza.

En segundo lugar, en el contexto del nuevo diagnóstico se advierten por momentos propuestas o probables medidas que vía fuentes específicas de financiamiento -de carácter solidario, extra-mercado, o vía nuevos impuestos transitorios-implican obtener fondos para que el sector público financie su desequilibrio sin tener que acudir al mercado. Estas propuestas deben ser rechazadas. Confunden eliminar el déficit con asegurar su financiamiento fuera del mercado, mantienen el aumento de la deuda pública o implican seguir presionando al sector privado con impuestos, no generarán percepción de mayor solvencia fiscal y carecen de proyección a partir del año 2002.

Tercero, la política de déficit cero vía baja de gastos debe abarcar el déficit consolidado del sector público, es decir, Nación y provincias. La relevancia de este punto queda clara si se considera que para el corriente año las pautas acordadas con el FMI eran de un déficit (postmegacanje) de u$s 6.450 millones para el sector público nacional y de u$s 2.760 millones (indicativo) para las administraciones provinciales.

En cuarto lugar, la reducción de gasto público que se implementará para alcanzar el déficit cero fue planteada como transitoria y variable, con la implicancia de que el gasto público volvería a su nivel preexistente en caso de aumentos en la recaudación, en vez de destinar los mismos, por oposición, a reducir la presión impositiva sobre el sector privado.

Este diseño de la baja de gasto, que probablemente sea el resultado de la urgencia con que se implementa el déficit cero, no recoge dimensiones del gasto público que justifican efectuar una baja sustancial definitiva y que tienen que ver no ya con el carácter no financiable del gasto actual, sino con los importantes bolsones de ineficiencia, despilfarro y falta de control que lo caracterizan.


•Garantía

Es posible aceptar en el corto plazo el «trade off» de la eliminación inmediata del déficit contra un diseño incompleto. Pero la condición es que deben utilizarse urgentemente las próximas semanas y meses para garantizar, a través de un diagnóstico adecuado, la consolidación de la baja de gasto -reforma del Estado-a través del ataque frontal a la ineficiencia y despilfarro, a la deteriorada calidad de la oferta de bienes públicos, al deficiente «governance» del sector público y a la falta de control del gasto público.

Adecuadamente diseñada e implementada con persuasión y sin ambigüedades, la política de déficit cero vía baja de gastos es la primera señal correcta en la dirección de una adecuada institucionalidad fiscal, que complemente y refuerce la institucionalidad monetaria alcanzada con la convertibilidad del peso a partir de 1991. Y el corolario de evitar el crecimiento ulterior de la deuda pública es el primer atisbo del diseño de una política de deuda, que condicione el gasto del Estado en vez de adaptarse pasivamente a él como hasta el presente.

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