La recuperación que muestran los principales activos financieros argentinos como acciones y bonos en la primera parte de enero permite anticipar que, en caso de mantenerse esta tendencia, comenzaría a percibir una mejora en la economía recién a partir del último trimestre de 2001.
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Sin embargo, esa mejora debería ser sentida por la gente con mayor rapidez que la que se observó luego de la salida del tequila en el segundo trimestre del '96, cuando el PBI medido en forma anualizada comenzó a crecer a un ritmo de 5% anual, manteniendo el crecimiento hasta el tercer trimestre del '98. Por entonces se produjo la crisis de Rusia que abortó la última recuperación de la economía argentina, y se extendió por 10 trimestres consecutivos.
Lo que ocurrió fue que los consumidores recién comenzaron a percibir la sensación de crecimiento a partir del primer trimestre del '97, cuando la economía crecía a un ritmo de 8,2% anual. En cambio, ahora la Argentina no puede darse ese lujo porque las condiciones han cambiado: a este gobierno sólo le quedan tres años de gestión (Carlos Menem recién asumía su segundo mandato en aquel momento y la tasa de fondos federales en EE.UU. no superaba 5,5% anual).
En el contexto actual, con tasas internacionales en baja, con un euro devaluándose frente al dólar y con nuestro vecino Brasil creciendo a una tasa de 4% anual, no hay excusa para que la Argentina no crezca, pero la gente deberá sentir que la reactivación llega más rápido para cambiar drásticamente las expectativas. De este modo podría gestarse un importante aumento en la oferta de crédito ya que como consecuencia de la reducción del riesgo-país las tasas internas podrían seguir cayendo; pero también habría que crear condiciones para que la demanda de crédito también se reactive.
Pero para que el crédito demandado tanto por los particulares como por las empresas aumente deben cumplirse tres condiciones básicas: a) que el gobierno genere la suficiente confianza política como para que la gente le crea, b) que los logros que viene obteniendo el equipo económico luego del anuncio de blindaje consigan abatir el riesgopaís para situarlo en un valor cercano a los 450 puntos básicos, y c) que la gente comience a percibir que cada vez está más lejos la posibilidad de perder el empleo. Ahora bien, si estos factores se cumplen la pregunta es: ¿puede la Argentina crecer a ritmos similares a los observadores en la anterior recuperación postequila? Esto resulta muy difícil de pronosticar ya que en el actual contexto la economía argentina podría crecer 1,5% en 2001 y otro 2,6% en 2002. Pero si el riesgo-país se reduce y la coalición política gobernante se recupera (o no se deteriora más) existe la posibilidad, de acuerdo con cifras extraoficiales, de que nuestro país pueda crecer 4% en el último trimestre del corriente año.
Aunque, a decir verdad, en virtud de lo observado en el último trimestre de 2000, el crecimiento debería ser muy fuerte a partir de la primera parte de este año.
Por otro lado, es dable mencionar que en el período de recuperación postequila (segundo trimestre del '96 a tercer trimestre del '98) la Argentina creció en base a un fuerte ingreso de capitales y un aumento de su endeudamiento externo, algo que ahora no puede repetirse. Además, las condiciones fiscales del país eran otras, ya que se observaba un déficit fiscal importante pero no de la magnitud del actual. El crecimiento debería venir de la mano de un importante ingreso de capitales originado por la reducción de las tasas de interés de corto plazo en los EE.UU., pero también tendría que generarse un excepcional cambio en las expectativas para que la demanda interna se reactive a través de un aumento de la oferta del crédito y un consecuente incremento de la demanda del mismo. De lo contrario, se habrá perdido una nueva oportunidad, tal vez la última para que este gobierno logre reactivar la economía con tasas de crecimiento sustentables y así generar los recursos necesarios que permitan hacer frente a nuestros compromisos externos.
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