17 de agosto 2001 - 00:00

Un mecanismo que aumenta costos

Un mecanismo que aumenta costos
Los precios de los medicamentos en la Argentina tienen una lógica propia: una misma droga bajo distinto nombre comercial llega a valer cuatro veces más que otra igual.

Por ejemplo, las 20 cápsulas de un antiinflamatorio clásico como el Piroxicam 20 mg pueden costar $ 3,9 o $ 16,9 según la marca que se elija. La diferencia de precios llega a 312%. Una situación similar ocurre con un analgésico muy consumido como el Paracetamol 500 mg: el precio de las 20 cápsulas oscila entre $ 3,12 y $ 8,77. La droga es la misma, la fórmula es la misma, la diferencia es la marca. Ejemplos de este tipo se encuentran en la mayoría de los medicamentos que se venden en el país.

Hasta 1999, la Secretaría de Defensa del Consumidor publicaba bimestralmente las diferencias de precios, donde se registran diferencias de hasta 550% entre una misma droga. Si bien este organismo ya no publica los informes, diferencias muy similares se encuentran analizando cualquiera de los vademecum, donde se especifica cada droga, las marcas y sus respectivos precios.

Pero para el público no es tan simple acceder a los precios mas baratos: como la mayoría de los médicos recetan por marca, y no por droga, los consumidores prácticamente se quedan sin libertad de elegir precios. Una situación similar les ocurre a los jubilados, que deben regirse por las listas de cobertura que tiene el PAMI, lo que también les impide buscar los productos de precios más accesibles.

Cierto es que existe una discusión sobre la calidad de estos diferentes remedios. Pero la mayoría de los farmacéuticos y médicos con los cuales conversó Ambito Financiero coincide en que si bien hay laboratorios que no son tan confiables, «hoy por hoy hay infinidad de laboratorios que son desconocidos para la gente, pero que producen medicamentos muy confiables, iguales a los grandes, a bajos precios, y sin embargo se consumen muy poco».

Aunque en los últimos meses la crisis ha obligado a muchas familias a cambiar los hábitos. Desde las farmacias cuentan cómo cada día estos medicamentos más baratos se consumen en mayor medida. «Los remedios más baratos se recetan muy poco, pero se consume cada vez más. Un ejemplo es lo que pasa con el Taural, que es un remedio para la úlcera. La gente ya no pide Taural, piden ranitidina que es la droga, y la más barata, que sale $ 3», explicó la farmacéutica Marta Chiloteguy.

También desde
Farmacity contaron como esta tendencia se ha ido incrementando con la crisis: «Los 15 gramos de Empecid salen $ 10,6 mientras que los 30 gramos de Ikolam valen $ 9,26 y ahora muchos llevan Ikolam. Cada vez más la gente está eligiendo precios, en lugar de marcas muy conocidas», pero a cambio se quedan sin cobertura.

Lo cierto es que con la dispersión de precios que existe en la Argentina, a la gente le termina saliendo más barato ir sin receta y comprar a mejores precios. Sobre todo en los casos en que al precio del médicamento hay que sumarle los $ 5 o $ 10 que cobra el médico para hacer la receta.

Desde los laboratorios justifican los altos precios por el elevado costo que tiene el marketing y la propaganda médica que se requiere para imponer cualquier medicamento en el mercado.

Para los consumidores, en cambio, esto termina afectando sus ingresos: porque indirectamente son quienes se hacen cargo a través de los altos precios, de las campañas de marketing y la publicidad que hacen los laboratorios.

Desde que en 1992 se desreguló este mercado, los precios de los remedios se triplicaron y si bien desde 1997 se mantienen estables, los laboratorios realizan el ajuste reduciendo la cantidad de cápsulas o contenido que tienen los productos
. Un producto que antes se vendía con 20 cápsulas hoy se expende al mismo precio pero con 16 cápsulas. Uno que antes se vendía con 10 unidades, hoy se vende con 8. Así es cómo crecen hoy en día los precios de los remedios, porque este ajuste por contenido resulta en un aumento de 25% en el costo por unidad. «Hay varios factores que explican los altos precios de los remedios en la Argentina. La propaganda médica, que es un aparato de comercialización muy caro, el problema de los precios relativos que genera el tipo de cambio y las altas tasas de interés con la cual deben financiarse los laboratorios acá», explicó la directora ejecutiva de Cooperala, Clara Suárez, que recordó cómo la Argentina debe competir contra productos que ingresan desde Europa financiados a menos del 4%. «Acá hay que hacer que funcione el mercado, y para eso tiene que haber genéricos, se debe prescribir por drogas no por marcas», remarcó el médico Ginés González García, quien durante su gestión como ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires impulsó una reforma en este sentido.

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