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Enfrentado con una sociedad profundamente dividida, Chávez parece ahora haber consolidado su poder, que tambaleará a fines del año pasado, en medio de una ola de protestas populares.
No obstante, la tensión puede volver a crecer a medida que se acerque la fecha elegida para la consulta popular. Mientras tanto, dos líderes de la dividida oposición han sufrido: Carlos Fernández, que está preso, y Carlos Ortega, refugiado en Costa Rica.
Mientras tanto, la poderosa empresa petrolera estatal venezolana (Pedevesa) sigue aumentando su producción. Después de despedir a 17.000 de sus 33.000 empleados, que se plegaron a la huelga, incluyendo algo así como a 90% de los funcionarios de mayor jerarquía. Sin marcha atrás. El gobierno estima que la producción de Pedevesa ya está en un orden de 3 millones de barriles diarios. Esto es, cerca de los guarismos anteriores a la huelga. Los observadores estiman, en cambio, que el nivel es de 2,5 millones. Pero la recuperación es notable, aunque las refinerías siguen a 60% de su capacidad.
Para apuntalar esta mejoría, Pedevesa debe entonar sus inversiones. Venezuela necesita que -a su vez- los inversores privados pongan en marcha las suyas, hoy recortadas o suspendidas. Mucho depende de la recuperación petrolera. De allí provienen la mitad de los recursos fiscales y 80% de las divisas por exportaciones.
Además, la situación fiscal es delicada y la deuda externa equivale a 34% del PBI venezolano, con vencimientos del orden de los 1.200 millones de dólares concentrados este año.
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