30 de mayo 2008 - 00:00

Con el cotillón se exterioriza la alegría de una celebración

Con el cotillón se  exterioriza la alegría  de una celebración
Escribe Andrea Fernández

Disfrazarse para celebrar, antigua tradición que se plasma en cientos de festejos, desde el Carnaval hasta milenarios ritos tribales. El cotillón, esa palabra que aquí relacionamos con casamientos y cumpleaños, pero que en realidad tiene varias acepciones, como el baile final que se realizaba en los encuentros de sociedad. «Hoy el cotillón en una fiesta marca el punto de euforia, es el momento descontracturado. Es la exteriorización de la alegría que significa estar allí. Ya todos saben que llegará esa instancia mágica, que se asocia directamente a la diversión», asegura Fernando Racoy, quien junto con su hermana está inmerso en ese mundo de fantasía desde hace 18 años con Crazy Party, una empresa dedicada al asesoramiento y fabricación de cotillón artesanal premium. Fue una idea que nació por casualidad. Ella, arquitecta recién recibida; él, se manejaba en el mundo de los eventos. Un día notaron que en ese momento eran básicos los productos para cotillón, y comenzaron a idearlos, confeccionarlos y ofrecerlos. Eso que se inició como un emprendimiento con 16 artículos, hoy provee a importantes hoteles de Buenos Aires, como el Alvear Palace, el Sheraton, el Four Seasons, el Faena y el Sofitel, además de a todo tipo de reuniones sociales.

De los 80 a la fiesta circense

¿Quién no tiene escondida en un cajón la foto con peluca fucsia en un casamiento? ¿Qué padre no se prestó a utilizar un voluptuoso sombrero dorado con estrellas en los 15 de su hija? ¿Acaso no tiene encanto ver al «jefe» con una vincha con estrellas plateadas... o un gorro con forma de cangrejo?
«Una fiesta -acota Racoy- es una producción, porque hay muchos rubros que intervienen. Y en la actualidad la parte visual es importante. Por eso la palabra cotillón ya queda chica, son producciones estéticas totales en las que se está en el límite entre lo que puede ser un disfraz y un vestuario.» En este juego lúdico del cotillón hay tres puntos fuertes: los 15, los casamientos y las fiestas empresariales (a las que también se les suman acciones promocionales precisas). Les siguen los festejos más pequeños, como los cumpleaños de 40, los aniversarios de bodas y los Bar Mitzva. «La tendencia es manejarse por temas. Hay un desarrollo personalizado de colores o de un estilo años 70 u 80, que son los que están de moda, con grandes pelucas afro, anteojos grandes y enormes símbolos de la paz en plateado, hasta accesorios luminosos de todo tipo. Pero se puede hacer una fiesta cuyo eje sea el fondo del mar o un Carnaval veneciano. Puede ser una tanda hip hop, o más relacionada con la cumbia, donde aparecen las polleras con volados y las gorras con pelucas de pelo largo», afirma Fernando.
Según Racoy, «las quinceañeras prefieren los colores fucsia con plata, muy llamativos e impactantes, mientras que las novias se inclinan más por el blanco, negro y plateado». Las primeras son más decididas que sus mayores de edad, son más concretas y saben lo que quieren desde antes de ingresar al salón de exhibición. En las celebraciones empresariales, los temas pueden ser variados, pero se les pone el mismo énfasis. El año pasado el tema del circo estuvo de moda, y fueron varios los eventos que giraron sobre este eje. «La idea en la actualidad -dice Racoy- es el no patrón, es ser original. Es buscar que cada fiesta tenga identidad, que no sea copia de la otra. Y para eso es que se desarrolla a medida.» Así los organizadores van con sus propias ideas, y se han logrado desde fiestas medievales, con pecheras incluidas, hasta africanas, con plumas y animal print, y en algunos casos se convierten en verdaderos encuentros temáticos.

Espíritu sin distinciones

Hubo un punto que contribuyó a este «resurgimiento» del cotillón, y es que hoy las reuniones requieren una planificación con anticipación. Ya no es sólo contratar el salón, la cena y la música, sino que intervienen factores como la decoración: una vela en la entrada o un centro de mesa tienen el mismo valor que la torta. «Y en esto de planificar, nosotros también les aconsejamos cómo calcular. Si el cotillón se entrega en la pista de baile, lo usual es comprar elementos tomando en cuenta 60 o 70 por ciento de la cantidad total de invitados. Se supone que no todos están bailando en simultáneo. Pero hay muchas variables, como el tipo de evento. En una fiesta de 500 invitados, es probable que muchos se hayan ido a la hora del reparto. En cambio, en una de 150, gran parte son familiares o amigos que sí seguirán presentes. También están quienes quieren sí o sí entregar un artículo por persona», dice Racoy, quien también ha contribuido con sus creaciones en fiestas de famosos y para quien este momento no distingue entre ser una celebridad o no: «Todos se divierten de la misma forma. No hay edades, ni condición social de ningún tipo; este rubro es universal, porque el espíritu festivo es el mismo para todos, se tengan cinco o noventa años».
Más información: www.crazyparty.com.ar.

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