San Luis esconde uno de los escenarios históricos, culturales y naturales más increíbles del país. Al pie de las sierras centrales, del cerro Tomolasta, el más alto de San Luis, y a sólo 80 kilómetros de la ciudad de San Luis está La Carolina, un pueblo ubicado a 1.640 metros sobre el nivel del mar que nació con la fiebre del oro desatada 200 años atrás. Allí se forjaron sueños y anhelos de un futuro mejor. Hasta allí se trasladaron cientos de hombres y mujeres buscando el preciado metal con intención de conseguir un futuro más próspero. Transitar la ascendente, vieja y polvorienta calle del pueblo, custodiada por antiguas casas de piedra de grandes patios verdes y arbolados es una experiencia maravillosa. La villa cuenta con unos 250 habitantes. De ser sólo un camino hacia una de las minas de oro fue creciendo hasta convertirse en uno de los lugares turísticos más visitados de San Luis.
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Expedicion en busca del oro
En el cerro Tomolasta se encuentran las bocaminas o socavones por donde ingresaban los mineros con sus herramientas precarias en busca de oro. Visitantes argentinos y extranjeros llegan para formar parte de las distintas expediciones que se ofrecen con visitas guiadas a las viejas minas, caminatas por el cerro donde se abrían los respiraderos o bien en el río, donde se hacía el lavado del metal que desgastó las manos de tantos obreros, la mayoría obreras, mujeres, ya que esta tarea era la menos pesada. En los túneles, donde casi todos eran obreros hombres, hoy sólo se permite ingresar con personal especializado en turismo minero. Una vez adentro se pueden observar las labores realizadas en busca de las vetas. En minas como la Buena Esperanza se exhiben las herramientas que utilizaban los obreros, los respiraderos y las formaciones que con el paso de los años y las vertientes internas fueron formando estalactitas, estalagmitas de colores varios como también las fallas geológicas de la montaña. Para disfrutar al máximo de la excursión al interior de la mina se ofrece la vestimenta adecuada para esa actividad, como cascos con linternas y botas de goma.
Historia de la Carolna
La Carolina fue el lugar elegido para vivir por los indios comechingones; se refugiaban en los acantilados y cuevas de los cerros. Se pueden observar las figuras rupestres que dibujaron en rocas y en la Gruta de Inti Huasi, que en su dialecto significa Casa del Sol. La Carolina fue llamada así en homenaje al rey Carlos III de España, dado que ese rey pertenecía a la familia de los Carolinos. Dos siglos atrás, un casual descubrimiento generó la más descabellada fiebre del oro que se vivió en la Argentina. Ante la enorme afluencia de aventureros y para evitar los desórdenes socioeconómicos, en el año 1792 el marqués de Sobremonte, entonces gobernador de Córdoba y del Tucumán, intendencia a la que pertenecía San Luis en el Virreinato del Río de la Plata, intervino las minas y decidió el trazado de una villa real en homenaje a Carlos III de España, y la llamó La Carolina.
Puesta en valor
El gobierno de San Luis puso en marcha a fines de 2006 un plan con el objetivo de conocer propuestas de revalorización cultural, histórica y estructural de La Carolina. Los proyectos, la mayoría ya terminados y otro por finalizar, contemplan la puesta en valor de los recursos turísticos, mediante la creación de nuevas atracciones y la refacción de lugares históricos de la localidad. Se destacan la construcción de una casilla de seguridad que regula el acceso del público, la oficina de informes turísticos en el camino de acceso a la localidad, una plaza temática sobre el margen derecho del camino de ingreso, la remodelación de la calle principal y un laberinto ubicado frente a la casa de Juan Crisóstomo Lafinur, en la cima de un cerro.