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29 de agosto 2007 - 00:00

''Debemos construir puentes a las necesidades de otros''

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Miriam Bagó, quien estudió para ser maestra y profesora de Jardín de Infantes, asegura que la Fundación es un «vehículo de gestión solidaria que permite canalizar, a través de su acción, la voluntad filantrópica de diversos actores sociales».
Una fría mañana de agosto, pero radiante de sol, Ambito del Placer se encontró, en pleno corazón del porteño barrio de Montserrat, con Miriam H.S. de Bagó, presidenta de la Fundación Dr. Juan A. Fernández, en el lobby del Hotel Intercontinental. Su terraza, llamada «Del Virrey», prácticamente convive con la iglesia de San Juan Bautista, que con sus 200 años de historia atesora, al amparo de las Hermanas Clarisas, no sólo el gobelino más valioso de Buenos Aires sino también los restos de quienes murieron atacando y defendiendo la ciudad durante las Invasiones Inglesas.
Miriam llega puntual a la cita y accede gentilmente a comenzar el diálogo. Mientras buscamos lugares favorables para cumplir con el rito de las fotos, surge su irrefrenable pasión por las plantas. Reconoce con naturalidad las distintas especies que nos rodean en el momento del reportaje: «Me encantan los ficus benjamines y los iris. ¡Qué lindos que están!».
Periodista: ¿Siempre le atrajo el mundo vegetal?
Miriam Bagó: Desde chica. Recuerdo a mi abuela paterna, Isabel, una genovesa divina, en su galería, que formaba parte del patio de aquella típica casa chorizo de Caballito, rodeada de muchísimas plantas que ella cuidaba con amorosa atención. Había hasta una parra que daba una riquísima uva chinche. Mi madre también hace gala de la llamada «mano verde». Y yo no podía ser menos. Atiendo no sólo mi jardín sino también el de mis hijos. En estos días, por ejemplo, acabo de podar mis rosales, nadie los toca, excepto yo. Tengo rosas de té, antiguas, trepadoras, todas de diferentes colores. Pero no sólo me atraen las flores, también los árboles.

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MAMA TIEMPO COMPLETO

P.: ¿Le interesa el paisajismo?
M.B.: Mucho. Es como decorar con seres vivos en lugar de con objetos. La protagonista es la naturaleza racionalizada. Estudié todos los cursos que se dictan en la Asociación de Horticultura y me perfeccioné con la ingeniera agrónoma Nora Benzi.
P.: ¿Qué otros estudios tiene?
M.B.: Soy maestra y profesora de Jardín de Infantes. Me recibí con la legendaria profesora Margarita Raviolli. Ejercí cuatro años. Pero luego llegaron mis hijos. Y fue mi elección dedicarme a ellos. Me convertí en una mamá con dedicación exclusiva, de tiempo completo. Los disfruté mucho y lo sigo haciendo porque mi familia, gracias a Dios, continúa siendo el eje de mi vida.
P.: ¿Cómo está formada?
M.B.: Por mi marido, Juan Carlos, por 4 hijos casados (2 mujeres y 2 varones) y sus respectivos cónyuges, y por 11 maravillosos nietos, que van desde los 4 meses hasta los 10 años. Además, tengo a mi madre y a mi hermano.
DE LA MANO DE PETRONA
P.: ¿Disfruta de algún hobby?
M.B.: Soy fanática de la historia. Me acerco a ella desde distintos lugares: por películas como «La reina», por biografías o me entretengo con History Channel. Obviamente me gusta estar actualizada en todo lo referente a horticultura y paisajismo. Gran parte de mi biblioteca está destinada a estos temas.
P.: ¿Le gusta cocinar?
M.B.: Mucho, aunque por la magnitud de mi familia y por mis actividades, estoy más proclive a dirigir a quien lo hace que a realizar en primera persona «ese arte» (realiza el clásico signo de comillas en el aire). Recuerdo que di mis primeros pasos en el universo culinario de la mano del clásico libro de Petrona C. de Gandulfo. Luego me perfeccioné con Alicia Berger.

VEHICULO SOLIDARIO

P.: ¿Es una mujer inquieta?
M.B.: Mucho. De chica practicaba los clásicos deportes que nos hacían hacer en el magisterio: voley y pelota al cesto. Ahora me gusta jugar al tenis y la equitación. El golf, por el momento, es una asignatura pendiente.
P.: ¿Cómo se relacionó con el mundo de la filantropía?
M.B.: De modo casual, pero firme. Mis hijos fueron a un colegio marianista. Empecé colaborando de a poco, luego fui catequista y me fui envolviendo a la vez en ciertas actividades de corte solidario. Cuando me quise acordar era la encargada de despachar por tren semanalmente muchas cajas con diversos artículos que el colegio enviaba como ayuda a distintas comunidades y/o localidades del interior. A partir de ese momento, nunca más dejé de trabajar por el bien común.
P.: ¿Cómo se vinculó con la Fundación Fernández?
M.B.: Me llamaron para que formara parte de la comisión. En realidad me ofrecieron ser la vicepresidenta.
P.: ¿Habrán visto en usted esa doble mirada, la solidaria y la empresarial, ya que su familia está fuertemente ligada a la industria farmacéutica?
M.B.: Puede ser. La titular era Mirtha Legrand. Yo no quería semejante responsabilidad. Pero insistieron y prometieron apoyarme, y así me involucré. Con el tiempo fui ganando seguridad y aceptando mayores desafíos. Hasta que hace un par de años, Chiquita decidió dejar la gestión por sus compromisos laborales y yo fui elegida para ocupar su cargo. Es sin duda un honor y un gran trabajo. Mirtha, de todos modos, continúa vinculada con nosotros. Es nuestra presidenta honoraria.
P.: ¿Cómo definiría la misión de la Fundación?
M.B.: Se centra en equipar con aparatos de última generación al Hospital General de Agudos, Dr. Juan A. Fernández. Pero, detrás de esa búsqueda de actualización tecnológica, está la preocupación incesante por la excelencia hospitalaria, el respeto por los pacientes y la concientización de que un hospital -como el Fernández- es un pilar indiscutido en la atención de la salud pública.
P.: ¿Cuál es la dinámica de la gestión?
M.B.: La Fundación, desde sus orígenes, viene desarrollando una sistemática política de generación de recursos para solventar su obra en el Hospital Fernández. Pensamos a nuestra entidad como un vehículo de gestión solidaria, que permite canalizar, a través de su acción, la voluntad filantrópica de diversos actores sociales, entre otros: voluntarios, donantes, amigos, funcionarios y comunicadores. No obstante, nuestro accionar siempre se basa en una clara perspectiva empresarial.
P.: ¿Vuelve la empresaria a ocupar el centro de la charla?
M.B.: Es buena esa articulación. Me refiero al esfuerzo que hay que realizar para obtener y racionalizar los recursos, siempre escasos, que nos permiten, a su vez, colaborar estrechamente con el hospital en la compra de última tecnología, así como también en la puesta en marcha de distintos servicios. El Fernández es uno de los cuatro hospitales de alta complejidad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
P.: ¿Qué actividades realizan para obtener recursos?
M.B.: La Fundación desarrolla diversos programas artísticos, sociales, culturales y deportivos. Pero el común denominador de los mismos radica en que lo producido siempre se destina de manera total a la labor de apoyo hospitalaria. Consideramos digno de destacar el elevado porcentaje de eficiencia en la relación: obtención de recursos y entrega de los mismos al hospital. Nuestro índice es de 97 por ciento. ¡Tenemos sólo 3 por ciento de gastos en funcionamiento! Y eso se debe a que poseemos una estructura pequeña, un gran rigor y compromiso en la tarea que encaramos, la colaboración de innumerables personas y un grupo de voluntarios y profesionales que sienten a la Fundación como propia.

EQUIDAD, PAZ, AMOR

P.: ¿Cuáles son las últimas donaciones que realizaron?
M.B.: Hemos equipado quirófanos, también logramos cubrir ciertas necesidades en neonatología y consultorios externos. La meta que nos propusimos para este año ya fue cumplida, a pesar de haber sido muy ambiciosa: equipar diez salas de terapia intensiva para poder duplicar de ese modo la oferta de las mismas. Es decir, el hospital está pasando de tener 12 a disponer de 22. Es un logro fenomenal porque siempre -por desgracia- están ocupadas. Y hay algo más aún en lo que estamos trabajando: colaborar para montar un laboratorio de investigación de células madre, que posicionará al Hospital Fernández como el primero del país en haberlo desarrollado.
P.: ¿Qué les diría a los hombres de negocios acerca de la llamada responsabilidad empresarial?
M.B.: Primero, gracias a todos aquellos que de manera tan generosa colaboran con nuestra institución. Y, en términos generales, siempre les digo cuando conversamos que sus aportes resultan vitales para el desarrollo de las ONG. Pero que la labor social también beneficia a las empresas, en cuanto a sus respectivas imágenes institucionales y sobre todo a ellos, a nivel personal. Los que tenemos resueltos ciertos aspectos materiales de la vida debemos construir puentes hacia la necesidad de los otros. Nos hace a todos mucho bien y colabora a la construcción de una sociedad más equitativa, más pacífica, más amorosa.

Entrevista de E.G.

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