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El hombre que quiso hacer un balneario mejor que Biarritz
Francisco Piria fue hace un siglo pionero del turismo en América. Para iniciar
la construcción del mejor balneario, comenzó erigiendo su castillo.
Piria es un militante del «socialismo razonado», piensa que en el futuro hay que eliminar las aduanas, el proteccionismo, el estatismo e introducir el libre cambio universal. Sentencioso, solía decir que «el criollo toma mate para disfrazar su ocio», y él era un criollo de los que no se detienen. Sostiene que los emprendedores deben cristalizar sus ideas o no lo son, y él busca construir esa ciudad balnearia que da en llamar Heliópolis, pero que todos llamarán Piriápolis, la ciudad de Don Piria.
Siete años después, Piria comienza a concretar su proyecto. Hace construir un castillo, su residencia particular, pidiéndole al arquitecto Monzani que sea una réplica real de las de la Rivera Italiana.
Se erige con una mezcla de estilos renacentistas. Los muebles son estilo Luis XV y los parques están poblados por fuentes y estatuas de estilo neoclásico.
A partir de 1905 construye una serie de hoteles. El primero fue el Gran Hotel Piriápolis, diseñado por Jones Brown. Al mismo tiempo, se interesa en la construcción del puerto, para lo cual hace quitar parte del Cerro del Inglés, que luego será conocido como cerro de San Antonio porque allí Piria, que había estudiado con los jesuitas, le dedica una capilla en 1913. Ese mismo año hace correr un pintoresco tren de vapor entre la estación de Pan de Azúcar y el balneario, que será llamado «el trencito de Piria». En 1920 inaugura un extraordinario conjunto de obras de infraestructura turística: la Rambla de los Argentinos (que remeda la Costa Azul francesa), la Fuente del Toro, el Templo de Venus y los parques urbanizados.
Se da cuenta de que le falta algo, el gran hotel de lujo, el más gigantesco y suntuoso de América. El Argentino Hotel fue el broche de oro que puso Piria a su obra. Una construcción espectacular inspirada en los palacios italianos. Para su concepción tenía ideas claras y quería que fueran así. Esto le hizo romper relaciones con Jones Brown, su arquitecto de confianza. Esa monumental edificación tiene 120 metros de frente, 70 de fondo y 6 plantas, y llega a albergar a 1.200 personas.
Para amueblarlo trae muebles de Austria, cristalería de Checoslovaquia, vajilla de Alemania y lencería de Italia. Y hasta se le ocurre crear en el subsuelo una especie de spa, con talasoterapia, duchas, gimnasio, y salones de belleza y cuidados personales. El hotel fue inaugurado el 24 de diciembre de 1930 por el presidente del Uruguay, Baltasar Brum.
Francisco Piria murió en 1933, a los 86 años.
Quienes van de vacaciones a esas bellas y tranquilas playas tanto como los que pasan en otras direcciones (Piriápolis está a sólo 100 kilómetros de Montevideo, a 30 de Punta del Este y a unas cuatro horas de Buenos Aires) deberían detenerse a homenajear a Don Florencio Piria. Recorrer los hitos arquitectónicos que legó.
Y, acaso, ir recordando que Piria fue industrial, minero, agricultor, comerciante, rematador, viajero y escritor, pero sobre todo un pionero y un hombre que supo adelantar muchas cosas que irían ocurriendo en su país y en el mundo. Por lo pronto, de forma deslumbrante, qué ocurriría con la industria turística, cómo se desplegaría un siglo después.
M.S.


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