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12 de junio 2009 - 00:00

Estancias: Reinventarse es ahora el principal objetivo

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El turismo de estancias pareciera estar atado a los vaivenes de la economía como ninguna otra variante del sector. Nació a partir de la difícil situación del campo en la década del 90 con una fuerte presencia en el mercado local, logró su máximo esplendor con la salida de la convertibilidad en 2002 de la mano de los visitantes extranjeros, y ahora sufre los embates de la crisis mundial y se tiene que reinventar para poder subsistir.

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Hace pocos días, la Red Argentina de Turismo Rural (Ratur) informó que la actividad con clientes extranjeros cayó un 30%, aunque también disminuyó el turismo interno. Vale aclarar que los extranjeros representan hoy más del 60% de los consumidores de esta modalidad.

Sin embargo, la mayoría de los establecimientos han logrado reinventarse, tanto los que proponen sólo días de campo como los que incluyen el alojamiento en su oferta. Alejandra Basma es abogada de profesión, pero desde hace años está a cargo junto a su marido Patricio Rossiter de la estancia Santa Susana, en Cardales. Basma considera que «la crisis, al igual que en otros sectores relacionados con la actividad turística, se siente también en el turismo de estancias. En nuestro caso, que sólo ofrecemos días completos de campo, con almuerzo y actividades incluidos, se nota una merma en el arribo de norteamericanos sobre todo, que son nuestros principales clientes. El latino se escondió primero y ahora repuntó. El europeo, en cambio, es cauto, y como nunca llegó en forma masiva, no es relevante tampoco el índice de caídas en las reservas», considera. Y coincide con sus colegas en que la mejor forma de salir airosos de la crisis es reposicionarse con nuevas alternativas. «La clave ahora es volver a las fuentes, y promocionar el turismo interno, abriendo otra vez el mercado con paquetes y tarifas accesibles. Hoy por 130 pesos usted puede pasar un día de campo con traslados desde la Ciudad de Buenos Aires, con almuerzo y actividades incluidos. Por suerte la gente responde muy bien, y desde hace tres meses la estancia es frecuentada por muchos porteños y gente del interior del país. Estoy convencida de que los argentinos recién ahora están descubriendo el turismo de estancias», dice la dueña de Santa Susana.

Nuevas estrategias

Lo mismo sucede con la estancia El Ombú de San Antonio de Areco, que al igual que tantas otras abrieron a principios de los 90 y hoy tienen que plantear nuevas estrategias de marketing. Eva Boelcke, su dueña, confiesa que las promociones actualmente apuntan más al público local, «sobre todo en esta época del año, donde el turismo internacional decae más allá de la actual situación de crisis». El grueso de visitantes que recibe El Ombú «proviene de la Ciudad de Buenos Aires y Rosario en lo que respecta a la Argentina.

Con respecto al exterior, al ser una estancia que también ofrece alojamiento, el orden de arribos de turistas internacionales cambia, y en este caso «son los europeos los mayores consumidores, seguidos por los australianos, canadienses, norteamericanos y en menor medida latinos», cuenta Boelcke, quien ofrece además un servicio tercerizado de traslado en aviones privados con partida desde San Fernando y arribo en el aeródromo municipal de San Antonio de Areco. El grueso de las estancias ofrece uno o dos días de campo con asado; actividades al aire libre, como bicicleteadas, cabalgatas, programas en la granja, juegos y un puñado tiene spa, golf o polo, siempre en el marco de una atención personalizada.

«Con un poco de imaginación y creatividad el turismo de estancias logrará resistir cualquier crisis», dispara Basma y cierra con una reflexión: «Le doy un dato, los norteamericanos y los europeos mueren por conocer el norte argentino; en cambio los latinos se desviven por las Cataratas, pero tanto unos como otros lo primero que quieren apenas pisan tierra argentina es pasar un día de campo, conocer nuestros gauchos, interiorizarse sobre nuestros usos, costumbres y tradiciones, y por supuesto, comer un buen asado».

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