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20 de septiembre 2019 - 00:00

Quito: la joya colonial de la corona

La capital de Ecuador exhibe la herencia española rodeada de volcanes, reservas naturales y frondosos bosques.

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Para unir los 4.400 km. que nos separan de Quito se puede tomar el vuelo de Aerolíneas Argentinas vía Bogotá o el de Copa Airlines vía Panamá.

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El viaje por la línea de bandera es un poco más corto y ambas compañías cobran unos 500 dólares por ambos tramos.

Una vez en el moderno Aeropuerto Internacional de Sucre, fue inaugurado en 2013, estamos a sólo 25 kilómetros de la ciudad. Desde allí se puede tomar el autobús público que nos deja, según el servicio que elijamos, en el zona norte o sur de Quito.

También está disponible el transporte del aeropuerto que cuenta con aire acondicionado y Wi-Fi de cortesía que nos lleva directamente al centro. Por supuesto, también hay taxis y coches de alquiler que podemos contratar al bajar del avión.

Quito

La herencia colonial intacta

Llegar al centro histórico de Quito es una grata sorpresa para el viajero que aprecia la historia y la arquitectura, dado que es el mejor conservado de Hispanoamérica. De hecho, ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. La Plaza de la Independencia es el punto desde donde se expandió la ciudad en la época colonial. Siguiendo el esquema español que replican muchas urbes de la región, rodean la plaza El Palacio de Carondelet que es la casa presidencial, la Nunciatura Apostólica, la Catedral Metropolitana y el Municipio.

Durante la recorrida no se pueden dejar de visitar las cúpulas y miradores abiertos al público. Quito abre estos lugares que suelen estar vedados al visitante para que el turista disfrute de una panorámica de la capital ecuatoriana. Los más intrépidos pueden animarse a conocer la cúpula de la Basílica Nacional cuyo diseño está inspirado en la Catedral de Notre Dame. El santuario es el templo neogótico más grande de América y sus torres llegan a los 115 metros de altura. La torre que puede visitarse es un poco más baja pero no por eso menos impactante. El primer tramo se realiza en ascensor y termina en un mirador que brinda panorámicas de Quito con las dos torres principales en primer plano. El segundo tramo se realiza por una escalera casi vertical que permite el ascenso de una sola persona a la vez. Allí se observa la mejor vista de la ciudad y hasta es posible ver el Panecillo como fondo de ese hermoso cuadro. El valor de la entrada es de 2 dólares.

Quienes prefieran una subida más moderada, la Catedral Metropolitana es una buena opción no solo por la bella vista que se obtiene sino también para conocer las obras de arte que alberga y el altar mayor realizado totalmente en oro.

La entrada para el museo, la catedral y la cúpula cuesta 6 dólares para turistas extranjeros.

Quito

Un poco de aventura

Pero Quito ofrece, además, muchas opciones para entrar en contacto con la naturaleza y, todas ellas, a pocos kilómetros del centro urbano. El complejo volcánico Pichincha está a solo 12 kilómetros de la capital y se eleva a 4.600 metros sobre el nivel del mar. Un lugar ideal para los amantes del senderismo quienes, luego de una extensa caminata de cuatro horas, pueden llegar a la cima y apreciar el cráter del volcán. También se pueden contratar vehículos para recorrer esas rutas o disfrutar de una vertiginosa bajada en bicicleta.

En la reserva El Pahuma, a solo 60 minutos de Quito y en pleno bosque húmedo, hay más de 270 especies de orquídeas y 170 de aves entre los que destacan el tucán andino y lo colibríes. Al recorrer los senderos de la reserva se accede a la Cascada del Gallo de la Peña donde vale la pena entregarse a la práctica del rappel. Recorrer los senderos puede tomar, según el estado físico del caminante, entre tres o cuatro horas.

Para tener un momento de aventura, la cita es en Mashpi en pleno bosque húmedo. Un poco más alejado de la ciudad por un camino de unos 100 kilómetros que atraviesa cuatro tipos de bosques: el seco, el lluvioso, el tropical y el nublado.

Esta reserva es una de las áreas más biodiversas del planeta y, entre mariposas y colibríes que abundan en la zona, podemos practicar rafting en ríos cristalinos y caudalosos para terminar en unas pequeñas piscinas naturales, ideales para un buen chapuzón. En ese paraíso natural se encuentra Mashpi Lodge, un hotel de lujo, moderno y confortable que, además de brindar una experiencia de alojamiento única cuenta con una “bicicleta voladora” que, montada en un cable a 200 metros de altura, permite pedalear por la selva como en una especie de tirolesa en la que se puede regular la velocidad.

Quito

Dónde comer

De regreso, la ciudad nos espera con sus mercados, bares y restaurantes. Quito tiene establecimientos gastronómicos de primer nivel y un gran desarrollo de la cocina fusión. Una característica que vale destacar es que todo lo que se come allí se cultiva o recolecta en las inmediaciones. Eso le da a la comida un sabor y una frescura muy particular. El lugar que concentra la actividad gastronómica y nocturna es el barrio La Mariscal en la zona norte de la ciudad. Su centro neurálgico es la Plaza Foch, que tienen una abundante y variada oferta gastronómica. Muy cerca de ahí se halla el Mercado Artesanal, donde encontramos artesanías, objetos de plata, tejidos y joyas.

Al momento de dejar Quito, lo mejor es hacerlo en el Tren de las Maravillas, una experiencia ferroviaria lujosa y confortable que concluye en Guayaquil. El viaje toma cuatro jornadas. Durante el día el tren recorre hermosos paisajes de Ecuador y, al caer la tarde, los pasajeros bajan a descansar en hoteles escogidos que los esperan con una buena oferta gastronómica.

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