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Estados Unidos, Francia, Australia, Japón, China, la selva amazónica, o la tierra de los zulúes en Africa. A lo largo de décadas de gloriosa carrera, Isabel Sarli filmó y promocionó sus películas a lo largo y ancho de todo el planeta. Los cinco continentes se rindieron a esta diva internacional del cine sexy, que junto con el director y coprotagonista de sus films, estaba asociada a la división internacional de un estudio major de Hollywood como Columbia Pictures. De ahí la proyección mundial de su figura. Isabel Sarli, a través de los films de Armando Bo, fue una de las figuras más taquilleras en el box office norteamericano que jamás hayan surgido de nuestras pampas. Como ejemplo basta solamente su mayor éxito de boletería, «Fuego», que exhibida en «road show» en una única sala de Manhattan, el elegante cine Rialto, llegó a recaudar la cifra impensable hacia 1970 de cerca de un millón de dólares (suma que, como relatan tanto Isabel como Víctor Bo, fue a parar a los exhibidores del film, no a las arcas de su productor, Armando Bo). A comienzos de la década del 70, las películas de la dupla Sarli/Bo solían estar prohibidas en su tierra natal, pero increíblemente al mismo tiempo dominaban la pantalla global con su erotismo exótico. En Japón, films como «Intimidades de una cualquiera» se encontraban entre los más vistos por el público en el año de su estreno, lo que generaba una especial demanda por la presencia de la estrella en sus sucesivos estrenos en el país de los samurais. Durante su paso por Filipinas fue invitada a una lujosa recepción a cargo del legendario dictador Ferdinando Marcos: «La cena era en un palacio donde había fuentes ¡que, en vez de agua, tiraban champagne!». En esos tiempos, Columbia Pictures tenía un éxito sin precedentes con los films de artes marciales de Bruce Lee, y a alguien se le ocurrió la idea de vincular a la burrerita de Ipacaraí con este tipo de disciplinas orientales. «En ese viaje nos insistían para que yo aprenda karate y trabaje en alguna de esas películas, pero no quise saber nada. Luego la gente de Columbia me contó que ¡la muerte de Bruce Lee fue por causa de pastillas para sexo!». Teniendo en cuenta que hablamos de films rodados no sólo a lo largo y ancho del territorio argentino, sino también en paradisíacas locaciones naturales de toda Latinoamérica, el hecho de que esas películas luego fueran estrenadas en capitales de los cinco continentes con el mayor éxito de audiencia y un notorio despliegue publicitario ayudan a dar una idea de por qué la «Coca» Sarli se transformó en un «mito viviente del cine», tal como fue definida durante su reciente homenaje en España, en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, donde viajó a presentar el film que revela por primera vez las escenas cortadas por censores argentinos y extranjeros, «Carne sobre carne, Intimidades de Isabel Sarli», donde hasta se puede apreciar a la «Coca» hablando en inglés durante una entrevista para la televisión australiana. «Aquí en Australia hay libertad, es una auténtica democracia», explicaba en inglés Isabel Sarli en aquella entrevista. «En cambio vengo de filmar en Sudáfrica, donde como en mi país no permitirían hablar libremente en un programa de televisión como éste, donde ustedes pueden mostrar esas fotos mías... que yo no sabía que iban a mostrar, qué vergüenza me dio, es que soy muy tímida. Nunca podrían mostrar estas fotos en la TV de mi país, ni en la de Sudáfrica».
FRANQUEZA
Con su encantadora combinación de inocencia y candidez e implacable franqueza, la Sarli era una de las pocas artistas argentinas que se atrevían a hablar de la falta de libertad que imperaba en la Argentina de esos tiempos. Con el mismo tono puede contar que en una democracia como la estadounidense no todo era vino y rosas. Por ejemplo, un film como «La leona», el primero producido con la participación de Columbia, generó problemas por sus inéditas escenas de sexo interracial, factor que tal vez haya influido para que hoy deba ser considerado un film perdido. «Yo interpretaba a la mujer de un gran señor, un magnate petrolero», recuerda la diva. «Me raptaban negros, y Armando. Me violaban, ¡me hacían de todo! Y el estreno en los Estados Unidos fue un escándalo: había gente que protestaba frente a los cines donde se exhibía... protestaban por mis escenas con actores negros.» Pero los censores estadounidenses también se hicieron notar a la hora del estreno de «Fiebre», obra maestra de Armando Bo sobre la obsesión de una mujer por un padrillo de pura raza, obviamente filmado con todos sus atributos. «En los Estados Unidos, con 'Fiebre', tuvimos un problema que nunca nos había pasado. La Aduana no nos dejaba entrar la película por las escenas del caballo, es decir, no permitían que se vea el sexo del caballo», cuenta la «Coca». «Pero bueno, tampoco la querían cortar, decían que no había censura en los Estados Unidos, y que no podían cortar una escena de una película, pero que tampoco la podían dejar entrar a su país así como estaba. ¿Qué hacemos? Ya está programado el estreno de la película, les dijimos: 'Vayan a otro país, la cortan, y la vuelven a traer'. Armando tenía un socio en Panamá, donde habíamos filmado 'Desnuda en la arena'. Fuimos a Panamá, cortamos esa escena ahí, volvimos con la película y entonces nos dejaron entrar sin problema. Pero en el cine del estreno, al dueño se le ocurrió hacer una marquesina gigante con un caballo, con una lamparita que se le prendía al caballo, ¡¡¡justo ahí!!! ¡Fue un escándalo!» y las risas de la «Coca» al recordar el episodio ayudan a omitir todo detalle ulterior al respecto.
GRANDEZA
Sin embargo, la protagonista de «El trueno entre las hojas» luce más seria al recordar ciertos detalles intolerantes del Brasil de 1960, cuando filmó «Favela», audaz producción que se atrevió a utilizar como decorados los auténticos barrios marginales que dan su título al film: «En Brasil había racismo, no dejaban que los artistas negros, aun algunos muy populares, se alojaran en los hoteles donde estábamos nosotros. Armando era amigo de gente importante, y logró que nuestro protagonista pudiera entrar al hotel con nosotros... pero sólo al bar, ¡no como nosotros!». Filmar en una favela de los alrededores de Rio de Janeiro era algo totalmente prohibido por el gobierno carioca en esa época, detalle que no detuvo en absoluto a Armando Bo, inquebrantable en su búsqueda de realismo: «Estábamos filmando y de repente había que salir corriendo porque venia la policía. Era terrible, ¡en una de esas corridas tuve que tirar unos zapatos preciosos porque con los tacos no podía correr!». Las transgresiones de Armando Bo no impidieron que el alcalde de Rio de Janeiro nombre a Isabel Sarli visitante ilustre, haciéndole entrega de las llaves de la ciudad. «En Paraguay siempre estoy premiada, ¡hasta hay una calle que lleva mi nombre!» Ese tipo de homenajes se sucedió en importantes capitales de otros continentes. «A Japón tuvimos que ir varias veces para los estrenos. La única curiosidad era que los censores no cortaban ningún fotograma del film, sólo tapaban los desnudos frontales con una especie de manchita.» «Armando no se explicaba el éxito de nuestras películas en Japón. Una vez estábamos en el avión con el productor de la Columbia, Ed Levine. En un asiento de primera de un avión de Pan American, Levine lo explicó así: '-Es que una teta de Isabel ¡es más grande que la cabeza de un japonés'!».
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