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4 de noviembre 2005 - 00:00

Rutas del vino: la fusión de dos industrias ícono

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De todos modos, aún resta aprovechar la variedad de regiones, logrando así que el turista esté 2 o 3 días visitando bodegas y no que vea dos en una tarde.


Para aquel que alcance Salta, al encanto de su aire colonial podrá añadirle su potente Cabernet Sauvignon o su perfumado Torrontés; algunos de ellos, producto de las viñas más altas del mundo, el Tren a las Nubes, o la Quebrada de Humahuaca en Jujuy. ¿Qué nos falta para atraer el turismo enológico? También mucho. Más hotelería de cadenas internacionales, posadas enclavadas entre las viñas y bodegas donde hospedarse, mejores rutas y señalización de bodegas, trenes turísticos para recorrer algunas zonas -estilo Chile, Australia o California-, líneas aéreas que comuniquen directamente con otras zonas turísticas, pero fundamentalmente más y mejor promoción en los mercados clave.

¿Y cuál podría ser mejor promoción que posicionarnos internacionalmente entre los 10 mejores productores de vino del mundo, considerando quiénes son los otros diez? ¿Acaso se negaría usted a conocer en algún momento de su vida cualquiera de esos 9 países?

Seguramente, no; de ahí la importancia del vino como embajador de la jerarquía de un país. La diferencia, en este caso, es que luego de su visita, por ejemplo, a Australia, Francia, Italia o Sudáfrica, por mejor que lo haya pasado, el viajero internacional no se sorprenderá tanto de encontrar países con atractivos naturales o arquitectónicos, que ya imaginaba de antemano. En contraste, la Argentina suele producir en el turista internacional promedio un cambio completo de imagen en sentido positivo, sobre la riqueza y las posibilidades de nuestro país.

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