12 de julio 2007 - 00:00

Una elección surgida del boom turístico del mundo

Una elección surgida del boom turístico del mundo
Escribe Máximo Soto

El sábado 7 de julio Ambito del Placer pudo comprobar que había tenido tres primicias y aciertos. La elección en Lisboa de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo había sido tapa de este suplemento, adelantándose a otros medios y considerando la repercusión que el hecho tendría, hace casi cuatro meses, exactamente el viernes 13 de abril.
Además, en la nota que detallaba los distintos aspectos de la selección organizada por el cineasta y millonario suizo Bernard Weber de los mas destacados monumentos de la creación humana que son tesoros arquitectónicos de la humanidad, nuestra periodista Andrea Fernández concluía considerando -con cien por ciento de acierto- que las elegidas serían: «la Gran Muralla (China), las ruinas de Petra (Jordania), el Cristo Redentor (Rio, Brasil), Machu Picchu (Perú), la pirámide de Chichén Itzá (México), el Coliseo (Roma, Italia), y el Taj Mahal (India)».
En esa misma nota ya se registraba la polémica que rodeaba el suceso y que se iría intensificando, la controversia que venía provocando desde su inicio, y los que estaban «a favor y en contra». Poco después, adelantándose a los que diría con más dureza el director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim, se ofrecieron los cuestionamientos del escritor español, especialista en turismo, Jesús Torbado que ya en ese momento conjeturaba, con amargura y acertado rigor, que la magnífica ciudad de La Alhambra no figuraría entre las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, en «esa artimaña que ideó un suizo listo y que desarrolla mediante una seudo democracia internética», y concluía que «el griterío sobre el orden en lo 'oficialmente' maravilloso no es más que un viento inútil enredado entre las almenas y troneras de la ciudad de La Alhambra».
Algo semejante podría haber escrito y firmado un estadounidense respecto de la ausencia en la lista de la Estatua de la Libertad, algún chileno sobre los moais de la isla de Pascua o los rusos sobre la Plaza Roja y el Kremlin. Los diarios griegos calificaron de caradura al «aventurero suizo organizador» al no ver incluido al Partenón en ese «Top Seven». Y así como los camboyanos penaron por no tener en la lista a los templos de Angkor porque «la mayoría de nuestra gente es muy pobre y no tiene acceso a Internet», los franceses ni mencionarían la ausencia de la Torre Eiffel porque desde el principio consideraron que «lo del aventurero suizo» no era noticia sino «una operación de marketing» que, en todo caso, podría salir como un concurso de Coca-Cola o los otros sponsors del proyecto, que ironizaban denominando «Las Nuevas Siete que se elegirán el siete del siete de la gran siete» y que había que «dejar a los chinos el primer puesto porque indudablemente son más para llamar por teléfono». En cuanto a las «llamadas-voto» y «msn-voto», para dar algunos ejemplos cercanos de «llenado de urnas»: el gobierno de Perú ofreció un día de llamadas gratuitas para votar por Machu Picchu.
En Brasil, desde el presidente Lula hasta los obispos reclamaron votar por el Cristo Redentor, y además se hicieron afiches, posters, y hubo avisos en diarios, revistas, televisión y radio.
En México no se quedaron atrás, se ofrecieron beneficios por llamadas-voto y se entregaron millones de tarjetas y panfletos pidiendo votar por Chichén Itzá.

No a la forma

Sobre la forma de la elección son demasiadas las denuncias de que hubo por parte de los organizadores picardías, argucias, artimañas y fraudes, y esto no sólo porque llenara de ira el que su país haya perdido en «las urnas».
Durante meses la empresa «New Wonders» afirmó que la selección de las maravillas del mundo había sido establecida «por un grupo de científicos y muchas fueron impuestas por la Unesco, que apoya la iniciativa».
Dos invenciones que tuvieron más difusión hasta hace unos días que las declaraciones que las denunciaban como falsedades. Grupos de académicos de todo el mundo cuestionaron la ausencia de científicos y expertos en el tema. Y con el fin de proteger su reputación, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) negó todo vínculo entre su programa de protección del Patrimonio de la Humanidad y la campaña mediática del señor Bernard Weber.
Contundentemente aclaró el 20 de junio que «aunque se solicitó a la Unesco en varias ocasiones el apoyo, la organización declinó desde siempre colaborar en esa iniciativa privada que sólo reflejará la opinión de un público con acceso a Internet y no la del mundo en su conjunto».
Por su parte, Talal Akashesh, presidente de Watch, Asociación Mundial para Protección del Patrimonio Tangible e Intangible, reclamó que «los fondos recaudados de ese concurso puramente comercial se destinen para proteger el patrimonio mundial».
Y Eduardo Pérez, director de la zona arqueológica de Chichén Itzá, a pesar de haber logrado que la histórica pirámide que debe proteger esté entre las Siete Maravillas, afirmó que «se ha fomentado la competencia y la desigualdad con una actitud claramente discriminatoria».

MAs quejas

A las quejas de los miembros de los países participantes se suman las de los que no estuvieron, las de los que ni siquiera participaron, y que estos días cubrieron páginas de blogs marcando la ausencia de Tiawanaco (Bolivia), Ellora (India), Tikal (Guatemala), las Ruinas Jesuíticas (Argentina), entre otras inapelables maravillas. Si las Torres Petronas de Malasia, le hubieran dado al concurso ese esencial toque de modernidad, de actualidad, que le ha faltado, la omisión del Muro de los Lamentos (Israel) resulta -como en el caso de la Acrópolis griega- absolutamente inexplicable sino imperdonable.
«Todo eso del «Seven Wonders» no fue más que la promoción de un negocio que se concretó con un show en Lisboa, del tipo de los festivales de rock, y en ese sentido prefiero el Live Earth con Shakira y Madonna», ironizó con razón un escritor porteño en una mesa de La Biela el domingo pasado.
El show programado por Bernard Weber (nada que ver con el genial Andrew Lloyd Weber) fue presentado a la TV mundial por el británico Ben Kingsley, la norteamericana Hillary Swank y la Miss Mundo 94 Aishwayrya Rai.
En la platea se descubría a Neil Armstrong, que vio a la Tierra como una pelota, y a Cristiano Ronaldo, quien todo lo logró pateando un esférico.
Al show de 160 bailarines, 70 acróbatas, 250 patinadores y 1.800 partequinos se sumaron José Carreras, Dulce Pontes, Joaquín Cortés, Alessandro Safina y Jennifer López, la más ovacionada de la cofradía de cantantes acompañados por una orquesta de 50 músicos y un coro de 70 niños.
En los quioscos que el 07/07/07 rodeaban el Estadio de la Luz de Lisboa, se vendieron gorros, remeras y pins y la canción oficial del evento.

Otras voces, otros ámbitos

Hace más de dos mil años cuando el trotamundo e historiador Herodoto, el arquitecto Filón de Bizancio o el poeta Antíprato de Tesalónica hicieron sus listas de las Siete Maravillas el mundo -visto desde Grecia o Roma- era pequeño.
Dos milenios más tarde, con un mundo a la vez inmenso en la amplitud de su descubrimiento y pequeño gracias a las comunicaciones, una lista de Siete Maravillas resulta mezquina.
Y aún más si se piensa que, volviendo a aquellos clásicos, se busca identificar «monumentos a la creación y al ingenio humano que son dignos de ser visitados», en una etapa en la que el turismo es un boom mundial.

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