Un alumno ingresó armado a una escuela de San Cristóbal y disparó contra sus compañeros: un menor de 13 años falleció y otros tres estudiantes resultaron heridos.
La jornada fue creada en España en 1964 por el poeta y pacifista Llorenç Vidal.
Un tiroteo en la Escuela Normal Mariano Moreno de la ciudad de San Cristóbal, en Santa Fe, dejó un alumno muerto y al menos tres heridos este lunes por la mañana, después el ataque de un alumno que ingresó armado al establecimiento y disparó contra sus compañeros.
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Según las reconstrucciones, el agresor, un adolescente de entre 15 y 16 años, habría ocultado el arma en un estuche para guitarra. Luego del ataque, fue reducido por personal de la institución, una intervención que evitó una tragedia aún mayor.
El hecho coincide, además, con el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Aunque a nivel internacional se conmemora el 30 de enero, por el aniversario del asesinato de Mahatma Gandhi en 1948, en los países del hemisferio sur, como Argentina, se traslada al 30 de marzo para evitar el período de vacaciones.
La adaptación permite que se pueda trabajar en las aulas los valores que la jornada promueve: el respeto, la empatía, el diálogo y la resolución pacífica de conflictos.
Y, en este contexto, la efeméride tiene un significado distinto. No es solo una fecha simbólica, sino una oportunidad para reflexionar, contener y actuar frente a una realidad que involucra a estudiantes, docentes y familias.
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El impacto psicológico en los estudiantes y cómo abordar el duelo en clase
Un hecho de violencia dentro de las escuelas, como puede ser un tiroteo, genera consecuencias que van mucho más allá de lo "físico". Incluso quienes no resultaron heridos pueden experimentar secuelas emocionales, como miedo, ansiedad, confusión, enojo o una sensación persistente de inseguridad.
En estos casos, es común que aparezcan reacciones diversas: estudiantes que no quieren volver a clases, dificultades para concentrarse, alteraciones en el sueño o hasta sentimientos de culpa en quienes sobrevivieron.
El impacto no es uniforme y puede manifestarse de formas distintas según la edad, la personalidad y la red de contención de cada alumno.
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Por eso, el abordaje del duelo en el aula requiere tiempo y sensibilidad. No se trata de "volver a la normalidad", sino de habilitar espacios de escucha donde los estudiantes puedan expresar lo que sienten sin ser juzgados. El silencio o la negación del hecho suelen profundizar el malestar.
De acuerdo con lo que explica "DOLUS", empresa argentina consultora en duelo, los adultos cumplen un rol clave, en especial los docentes. Aunque es fundamental el acompañamiento de equipos de psicólogos y profesionales en salud mental.
Algunas acciones concretas pueden incluir:
Generar momentos de diálogo grupal, respetando los tiempos de cada estudiante
Evitar minimizar lo ocurrido: "Al reconocer y aceptar sus sentimientos, les enseñamos que es normal y está bien sentir tristeza, enojo, o miedo. Esto no solo les brinda consuelo, sino que también fortalece su resiliencia emocional", detallan desde DOLUS.
Trabajar el recuerdo de la víctima desde el respeto
Detectar señales de alerta en alumnos que puedan necesitar atención individual
Otra alternativa es facilitar la expresión a través de actividades creativas y físicas, como el dibujo, el juego o el deporte. Esto permite que "canalicen sus emociones de manera constructiva y encuentren formas saludables de afrontarlas", señala la organización.
Además, es importante involucrar a las familias, brindando pautas para acompañar a los adolescentes en sus hogares.
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Día de la No Violencia y la Paz: una fecha que hoy nos convoca al silencio y la acción
El Día Escolar de la No Violencia y la Paz fue creada en España en 1964 por el poeta y pacifista Llorenç Vidal para reflexionar sobre los valores que hacen posible vivir de forma armoniosa. En 1993 fue reconocida oficialmente por la UNESCO.
Sin embargo, en un contexto atravesado por un hecho tan doloroso, la fecha tiene una dimensión mucho más profunda. El silencio, en este caso, no implica omisión, sino respeto. Es un momento que reconoce el dolor, que permite procesar lo ocurrido y que evita caer en discursos vacíos.
Pero también tiene que ir acompañado de acciones. Hablar de paz en la escuela no puede limitarse a actos simbólicos o actividades aisladas: implica revisar hábitos, cuestionar formas de vinculación y construir acuerdos reales de convivencia.
La enseñanza se aprende en el trato diario, en cómo se resuelven los conflictos y en cómo escuchamos a los otros.
Esta fecha, inspirada en el pensamiento de Mahatma Gandhi, recuerda que la paz es "un camino activo de transformación social", como lo explica el medio "Señal Colombia". Y, ahí, las escuelas son protagonistas.
Hoy, la jornada invita a preguntarnos: ¿qué lugar ocupa el diálogo en la vida escolar?; ¿se promueve realmente la empatía entre estudiantes?; o ¿existen canales efectivos para expresar conflictos o malestares? Responderlas con honestidad es el primer paso.
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Señales de alerta: cómo fortalecer la convivencia para evitar nuevas tragedias
Uno de los aspectos más difíciles de procesar en este tipo de hechos es la aparente ausencia de señales previas. En el caso de Santa Fe, algunos testimonios indicaron que el agresor no presentaba problemas de conducta notorios. "Los docentes decían que era buen alumno", señaló Ramiro Muñoz, secretario de Gobierno de la Municipalidad de San Cristóbal a Todo Noticias (TN).
Los signos de alerta no siempre son evidentes, pero existen: aislamiento, expresiones de violencia, dificultades para gestionar la frustración o situaciones de acoso.
Fortalecer la convivencia escolar implica trabajar en la prevención de manera sostenida. Algunas medidas son:
Construir vínculos de confianza: los estudiantes deben sentir que pueden hablar sin miedo a ser juzgados o castigados
Implementar programas de educación emocional: enseñar a reconocer y gestionar emociones es tan importante como cualquier contenido académico
Abordar el bullying de forma integral: no minimizar conflictos entre pares ni tratarlos como "cosas de chicos"
Capacitar a docentes y directivos en detección temprana y manejo de situaciones
Fomentar la participación estudiantil en la construcción de normas de convivencia
También es clave revisar las condiciones estructurales, como el acceso a armas, los entornos familiares y la influencia de las redes sociales.
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