Stella Sidi trabaja con y para la memoria. Lo demostró a lo largo de su dilatada carrera artística en la que siempre se cuela el culto por sus orígenes, su llegada a la Argentina en un viaje interminable escapando de los horrores de la Segunda Guerra Mundial de la que a los tres años no podía recordar sino a través del relato de sus padres.
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Stella Sidi, un trabajo esencial para la memoria
En su nueva muestra, la artista resignifica, a la vez que reconstruye, la separación física que impuso la pandemia del covid en los afectos.
Obra autobiográfica, autorreferencial, en sus palabras recuerda: “cuántas gestaciones atravesé en mi vida. En la primera nací búlgara, en la segunda, argentina”. Con su característica espiritualidad, en su actual muestra relata lo vivido durante y después de la pandemia, lo que ella llama “otro nacimiento”. Entonces aparecen los retratos de los seres queridos, a los que no podía ver debido al distanciamiento, al miedo, y que le hicieron descubrir aromas, sonidos, colores, que están en la naturaleza como si los viera por primera vez.
Es importante volver atrás para hacer una revisión de cómo se desarrolló su quehacer a través del dibujo en cuerpos femeninos y masculinos cubiertos por velos que revelaban venas, arterias y costuras, estas recurrentes. Otro recurso es la fotografía intervenida a través de la fotografía que también maneja con gran creatividad.
Ironías
Recordamos una serie que con mirada irónica y provocativa sobre la promesa de felicidad que puede terminar en una gran frustración: traje de novia en ricas telas pero que se atrevió a usar un trapo rejilla a manera de velo. Era una invitación a reflexionar sobre el matrimonio sin desdeñar su parte romántica, una ambientación que presentó en el Centro Recoleta en 2011. En otras ocasiones presentó el cuerpo fragmentado envuelto en gasas transparentes, tramas que los recorren y son percibidas a través de urdimbres, collages, que se mimetizan con la piel, o sea muy lejos de la idea de belleza, fragilidad y juventud.
También en el CCR realizó una extraordinaria instalación, “Vuelta al mundo en 270 días” en la que reflejó su infancia reflejada por su madre, escritos en francés que atravesó tantos países hasta llegar a la Argentina: documentos borroneados, mapas, el corazón que late, la valija de la que salían tules a manera de recuerdos evanescentes.
En su actual muestra en la actual muestra en la nueva sede H, con la curaduría del destacado artista Pablo De Monte, remite a su hacer y sentir durante la pandemia: se refugió en sus seres queridos, las omnipresentes flores de un jardín imaginario con las que se mezclan las células del covid, electrocardiogramas, árboles genealógicos, todo expresado con gran sutileza.
Un antes y un después. Un después que gira alrededor del casi nulo contacto físico con sus seres queridos, con flores, efímeras pero que expresan un constante renacer, una mano abarcativa y generosa que se transparente al fondo de la tela, alguna que otra sutura, esta vez la ironía fue dejada de lado pero sí la reflexión sobre los verdaderos afectos en la vida. Una obra que no transmite inquietud, sólo paz. (Galería H, Tucumán 712).


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