Martín Desalvo había usado intensivamente el bosque en su anterior “El silencio del cazador”, que además de incluir una figura como Pablo Echarri sabía cómo armar algo tan original en nuestro cine como un thriller agreste. Pero, para su segunda película, esta “Hija” optó por una trama dramática con un misterio que también se desarrolla en un bosque, el monte misionero, pero con un tono ascético y un tanto pretencioso que no le juega a favor. La trama presenta a una chica adolescente y hosca, aunque no tanto como su padre, con el que viven en una casa en medio de la nada donde trabajan vendiendo los productos que salen de su horno de ladrillos. La madre murió tiempo atrás, supuestamente suicidándose, aunque la chica no lo tiene claro, y una amiga de ambos que regentea un hotel cercano -es decir, bastante lejos- le pide con insistencia al padre que tenga la charla que le debe a la chica. Ella, siempre con semblante serio, sospecha algo, más cuando un vecino enemistado con el padre lanza una pista en medio de una pelea.
Una intriga poco interesante en historia que se hace lenta
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El ascetismo puede redundar en grandes películas, pero cuando un film que dura poco más de una hora se vuelve moroso es que más allá de la estética, por momentos lograda, a la trama le falta algo. Y no es que “Hija” no tenga puntos de interés ni deje de estar bien filmada. Hay buenos climas y hasta alguna intensidad que aprovecha las locaciones misioneras, con sentido dramático y no paisajístico. Incluso las actuaciones, y especialmente de la protagonista, Jazmín Esquivel, son buenas, pero todo daba para más.
D.C.
“Hija” (Argentina, 2022). Dir.: M. Desalvo. Int.: J. Esquivel, B. Vasquez, M. Recalde.



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