El uso de un aditivo natural en la dieta del ganado que permite reducir entre 13% y 20% las emisiones de metano sin afectar el desempeño productivo y, al mismo tiempo, habilitar la generación de créditos de carbono, busca consolidarse en el país como una herramienta para mejorar competitividad y sostenibilidad.
¿Cómo funciona el alimento que baja las emisiones de metano y genera bonos de carbono en el sector ganadero?
Un aditivo natural incorporado a la dieta en feedlots y tambos permite reducir gases sin afectar la productividad ni alterar la calidad de la carne o leche.
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Un alimento para vacas transforma las emisiones de metano en créditos de carbono.
En el país, el proyecto se articula bajo la iniciativa Uruguay+3, impulsada por la firma suiza Vetos Europe junto a la consultora local Climit. Sus promotores aseguran que si el 15% del rodeo nacional utilizara el aditivo, Uruguay podría cumplir las metas climáticas vinculadas al metano, uno de los principales gases de efecto invernadero asociados a la ganadería.
“En los ensayos realizados en distintos países, incluyendo estudios controlados en Europa y pruebas en Uruguay, Anavrin no mostró efectos negativos sobre la salud ni sobre el desempeño general de los animales cuando se administra a la dosis recomendada”, afirmó a Ámbito el ingeniero agrónomo Agustín Inthamoussu, director de Climit. Según explicó, se trata de un producto natural compuesto por taninos, bioflavonoides y aceites esenciales que apunta a mejorar la eficiencia del proceso digestivo ruminal.
Los efectos en el ganado y en el consumo humano
Desde el punto de vista productivo, señalan que el efecto es doble. “Si el animal aprovecha mejor la dieta y se reduce la energía ‘perdida’ como metano, se favorece una producción más eficiente sin cambiar el manejo habitual del feedlot o del tambo”, sostuvo. En la práctica, agregó, el productor no necesita modificar su sistema de alimentación: el aditivo se integra en el núcleo o premix de la ración diaria.
Consultado sobre eventuales impactos en la calidad de la carne o la leche, Inthamoussu indicó que existen estudios académicos y ensayos controlados que no evidencian efectos indeseados en variables productivas ni en la calidad de los productos derivados. “El aditivo se integra en dosis bajas y su objetivo es modular la fermentación ruminal, en línea con buenas prácticas y normativa”, señaló.
Actualmente, la aplicación se concentra en sistemas estabulados —feedlots y tambos— donde la dosificación diaria es trazable. Para la ganadería de pastoreo, en cambio, se suma un desafío tecnológico ya que se debe garantizar una entrega constante y verificable, por ejemplo mediante bolus de liberación controlada.
Cómo funciona el bono de carbono
Una de las resistencias que suele presentar el sector ante este tipo de novedades es la vinculada a los costos. ¿Cuánto le representa al ganadero sumar la compra del aditivo a los costos? Y sobre este punto, el ingeniero sostiene que esa inversión se recupera y supera mediante los bonos de carbono. Según detalla Inthamoussu, el proyecto prevé generar aproximadamente un crédito por animal de feedlot por año o uno cada dos vacas en ordeñe, una vez completado el ciclo de validación bajo estándares internacionales como Verra. “Esperamos emitir los primeros créditos durante 2026. A partir de ahí, cualquier productor que implemente Anavrin de forma trazable podrá incorporarse al programa”, explica.
Ante las exigencias ambientales en los mercados internacionales, Inthamoussu entiende que esta herramienta puede reforzar el posicionamiento del país: “No es una idea teórica; es una línea de trabajo concreta que ya está ocurriendo y escalando. Permite producir con menor intensidad de emisiones y abrir una nueva fuente de ingresos vinculada al desempeño ambiental verificable”.
El aditivo fue distinguido en los World Finance Carbon Awards y posiciona al pís como potencial referente en descarbonización del sector ganadero y mejoras en la producción. De cara al futuro, también se trabaja para que las reducciones de metano puedan integrarse a esquemas de cooperación internacional bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París, mediante los denominados ITMOs, lo que podría reforzar la competitividad de Uruguay en mercados cada vez más exigentes en materia ambiental.
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