22 de febrero 2026 - 17:34

La IA dispara el consumo eléctrico global y posiciona a Uruguay como polo regional de data centers

Con energía limpia y acuerdos de largo plazo, el país intenta capitalizar la nueva ola de inversiones.

Uruguay cuenta con una matriz eléctrica cercana al 99% renovable, un atributo clave para empresas que priorizan la IA con metas de sostenibilidad.

Uruguay cuenta con una matriz eléctrica cercana al 99% renovable, un atributo clave para empresas que priorizan la IA con metas de sostenibilidad.

La expansión de la inteligencia artificial está transformando silenciosamente el mapa energético mundial, los centros de datos ya consumen entre 400 y 420 teravatios-hora (TWh) anuales, equivalente al 1%–1,5% de la demanda eléctrica global, y, en ese marco, las proyecciones indican que el consumo podría más que duplicarse hacia 2030.

En ese nuevo escenario, Uruguay aparece como un actor con ventajas estructurales: una matriz eléctrica prácticamente 99% renovable, estabilidad regulatoria y capacidad de firmar contratos de suministro de energía de largo plazo, elementos clave para atraer inversiones tecnológicas de alto consumo energético.

El informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA)señala que actualmente entre 5% y 15% de la electricidad utilizada por centros de datos corresponde directamente a tareas de inteligencia artificial, como entrenamiento de modelos y procesamiento en tiempo real. En Estados Unidos, el fenómeno ya es visible: los data centers consumen entre 170 y 180 TWh anuales, cerca del 4% de la demanda eléctrica nacional.

Pero lo más relevante está en las proyecciones. Según estimaciones citadas de la IEA, el consumo eléctrico global de los centros de datos podría pasar de aproximadamente 415 TWh en 2024 a 945 TWh en 2030, lo que representaría cerca del 3% del consumo eléctrico mundial, con un crecimiento anual cercano al 15%. Otras proyecciones elevan esa cifra incluso a 980 TWh en 2030, con incrementos de entre 50% y 165% hacia el final de la década si la expansión de la IA continúa acelerándose.

El impacto no es menor: la infraestructura digital comienza a comportarse como un sector industrial de alto consumo, con efectos directos sobre la planificación eléctrica, la inversión en generación y la sostenibilidad ambiental.

Contratos eléctricos de escala industrial

El crecimiento de la demanda energética ya se traduce en acuerdos eléctricos de magnitud comparable a grandes complejos industriales.

El informe menciona, entre otros casos:

  • Microsoft y Constellation Energy para reactivar un reactor nuclear de 835 MW.

  • Meta, con un contrato a 20 años por más de 1.100 MW.

  • Amazon Web Services, con acuerdos que podrían alcanzar hasta 1.900 MW.

Las grandes tecnológicas están migrando hacia contratos de compra de energía a largo plazo (PPA), que garantizan previsibilidad de costos, abastecimiento estable y reducción de emisiones, además de financiar nueva capacidad de generación.

Uruguay: matriz renovable como ventaja competitiva

En este contexto global, Uruguay parte de una posición singular en la región. Según el informe, el país cuenta con una matriz eléctrica basada en cerca de 99% de generación de baja emisión, lo que le permite cubrir la demanda interna y exportar excedentes de electricidad limpia a Argentina y Brasil. En comparación regional, mientras México genera cerca del 60% de su electricidad con gas y Argentina alrededor del 49%.

Ese perfil resulta especialmente atractivo para empresas tecnológicas que buscan reducir su huella de carbono. Un ejemplo concreto es la inversión de Google en un centro de datos en Canelones, superior a 800 millones de dólares, acompañada de acuerdos con UTE para asegurar suministro energético local.

Además, el marco regulatorio uruguayo habilita acuerdos de compra de energía de largo plazo entre privados, permitiendo que grandes consumidores negocien condiciones extendidas de suministro.

Energía limpia: el eje de la inversión global

La tendencia energética global también respalda este proceso. En 2025 la inversión mundial en energía alcanzó aproximadamente 3,3 billones de dólares, de los cuales cerca de dos tercios se destinaron a energía limpia.

Dentro de ese total:

  • Renovables: alrededor de 780.000 millones de dólares.

  • Eficiencia energética: alrededor de 780.000 millones de dólares.

Frente a 2024, la inversión en energía limpia creció 5,6%, mientras que la destinada a combustibles fósiles cayó 4,4%. El S&P Global Infrastructure Index, por su parte, acumuló una suba interanual de 20,93%, reflejando el buen desempeño de activos vinculados a infraestructura energética.

El desafío: planificación y escala

El informe concluye que el desafío para Uruguay no es menor: traducir sus ventajas comparativas en una estrategia concreta para atraer inversiones tecnológicas de alto consumo energético, garantizando planificación de red, seguridad de suministro y sostenibilidad.

Si logra articular infraestructura eléctrica, estabilidad regulatoria y acuerdos de largo plazo, el país podría consolidarse como hub regional de economía digital e inteligencia artificial. En un mundo donde la energía se convierte en el insumo crítico de la revolución tecnológica, la competitividad ya no se mide solo en costos laborales o fiscales, sino también en megavatios limpios disponibles.

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