26 de febrero 2004 - 00:00

El escenario local siembra incertidumbre

El disparador del encuentro realizado en el porteño Hotel Emperador fue el dato publicado por el INDEC sobre el crecimiento de 12,2% de la actividad industrial en el país, comparando enero 2004 con mismo mes de 2003. Rápidamente quedó en claro que no hay entre los empresarios un entusiasmo equivalente al que exhiben en el Ministerio de Economía de la Nación.«Lo primero que se me ocurre al respecto es mostrar la diferencia que existe, en mi caso, entre facturación y kilogramos vendidos. Yo, ahora, para facturar lo mismo que hace dos años tengo que aumentar 30 por ciento la cantidad de kilogramos», señaló Ralf Ruppel, presidente de Newbury SA, empresa química radicada en el parque industrial de Pilar.
Aun así, todos los asistentes
coincidieron en que apostarán al crecimiento. El dato cobra importancia, ya que se trató de un grupo heterogéneo, que se completó con Roberto Meyer, titular de la textil Bordadora Express; Carlos Scioli, director de Agira SA, líder local en GNC, y Ricardo Fedele, gerente de marketing y relaciones institucionales de la verificadora de automotores VTV.
Es llamativo, en tanto, el pesimismo que manifestó el grupo al referirse al financiamiento que buscarán para sus empresas.
«Los créditos son y seguirán siendo caros», resumió Scioli, quien asegura que «las pymes aprendieron a autofinanciarse».
Todos asintieron en que
«cuando te va bien, el banco te quiere prestar, pero cuando estás mal y necesitas en serio, te dan la espalda».
-¿Y cómo ven en este sentido la intervención de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa?.
- ... (risas) ¿Quién...? No, no los conocemos -manifestaron entonces, dejando a la luz un evidente cortocircuito con la cartera de Economía.
Paralelamente, los empresarios reconocieron manejarse con tiempos «muy estrechos» en su «día a día», con proveedores que suelen acortar los plazos de cobro, en especial cuando se trata de aquellos de origen europeo o asiático.
«El norteamericano nos entiende más», reconoció Ruppel, pese a su origen alemán.
Este acortamiento o dureza de los proveedores no es azaroso y tiene causas muy ligadas con la política exterior de la administración de
Néstor Kirchner. «Es claro que necesitamos que se solucione la situación económica global, porque como empresarios no podemos salir a negociar si el país está en default», expresaron.
Se disparan así muchos temores a partir de la política exterior de la Nación, en la medida en que la desconfianza se haría extensiva a aquellos que intenten negociar afuera con empresas radicadas en «un país que no paga».
Por su parte, según reconoció Fedele,
«necesitamos un contexto de mayor seguridad, porque nos hace falta que la gente confíe en el país, no sólo para invertir, sino para animarse a consumir y a crecer».

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