4 de febrero 2004 - 00:00

Exportaciones: el Sur relativiza boom

Exportaciones: el Sur relativiza boom
El ejemplo más claro se encuentra en el puerto de San Antonio Este, administrado por las empresas rionegrinas que envían la mayor parte de su producción al exterior por esta terminal ubicada sobre el golfo de San Matías. A pesar de que los embarques crecieron 15% entre 2002 y 2003, el gerente general de la administradora del puerto Patagonia Norte, Roberto Serra, lo atribuye a problemas que se registraron en flotas de camiones con destino a Brasil, flujo que terminó pasando por el puerto.
«El cambio quizá se ve en el valle, pero no necesariamente en el puerto», asegura el gerente después de que entraron
19 millones de pesos a Patagonia Norte por el uso de la terminal por parte de 130 barcos en 2003.
Como para alimentar aún más la prudencia sobre el
«verano económico» que vive la exportación, los portuarios saben que en 2006 terminará de regir el reembolso de 2% que hoy tienen sus operaciones por tratarse de un puerto patagónico y que se disminuye de manera escalonada año a año.
Por su parte, ya en pleno valle,
Expofrut, una de las principales exportadoras de frutas del país vio la mágica transformación que registró su facturación anual -de entre 110 y 120 millones de dólares- cuando terminó la convertibilidad, pasando a triplicar la ganancia en pesos.
Así y todo, su presidente,
Alberto Lacaze, confiesa que trabajan pensando que en poco más de un año la devaluación llegará a su techo y los costos irán alcanzando la diferencia cambiaria. «El llamado boom de la exportación no es tan boom ni dura tanto», advierte Lacaze blandiendo un habano en las oficinas centrales de General Roca.
 Mercado interno
Por eso, mientras la meta este año es
crecer otro 10%, los gerentes de Expofrut se lanzaron a consolidarse en el mercado interno, atentos a cualquier cambio macroeconómico.
Si, a pesar de la ganancia, una empresa grande (Expofrut pertenece al
grupo italiano Bocchi) maneja la prudencia más que la euforia, los pequeños y medianos productores del valle rionegrino lo hacen con más razón.
En otras épocas, una familia podía obtener buenas performances con la producción de manzanas o peras de una
chacra de 5 hectáreas. Hoy en día, el tamaño mínimo requerido para consolidarse es de unas 25 hectáreas y las exigencias de calidad del mercado externo los obliga a invertir en sanidad y otros rubros.
El problema de los pequeños y medianos productores comenzó cuando el dólar estaba uno a uno, pero continuó con la devaluación,
a la hora de pelear los precios con los exportadores.
Capítulo aparte merece la
retención a las exportaciones. Según Lacaze, «nos encontramos con un dólar real a 1,10 o 1,15 por las retenciones». «Por otra parte, mientras nosotros seguimos con una retención de 10 por ciento, a los cítricos se las bajaron a 5. Estamos haciendo gestiones porque la frutihorticultura brinda 300.000 puestos de trabajo en todo el país, pero no nos hacen caso», se queja.
La exigencia del sector está originada en un dato que aún llena de nostalgia al valle:
hace 30 años la Argentina era el principal exportador de frutas de América del Sur, puesto que fue perdiendo frente a Chile y Brasil.
La cuarta postal nos lleva a
San Patricio del Chañar, en Neuquén. Allí tres bodegas intentan comenzar la historia grande de la vitivinicultura en la provincia.
Con un proyecto que tiene
un pie en la convertibilidad y otro en la devaluación, NQN Viñedos de la Patagonia inaugurará su bodega en abril con el lanzamiento al mercado de 90.000 botellas de la cosecha 2003. La idea es generar también un polo turístico, con un «camino del vino» incluido, junto a los vecinos del valle: la Bodega del Fin del Mundo y la familia Schroeder.
Los socios gerentes
Luis María Focaccia y Lucas Nemesio cuentan, al mostrar sus instalaciones, que para encarar el proyecto tomaron un crédito de 6 millones de dólares en el Banco de Neuquén a 10 años y con una tasa de 7% anual. Eran épocas del 1 a 1.
La idea es que, con la mayor parte de la producción destinada al mercado externo, puedan devolver el crédito y ganar.
La extensión verde del viñedo a orillas de un desierto de arena y roca parece una metáfora clara de la economía en esta parte del mundo donde
las políticas cambiarias y los factores climáticos cargan con igual parte de incertidumbre.

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