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14 de diciembre 2020 - 00:00

El campo, un "esencial" en el año de la pandemia

El sector nunca bajó los brazos. Demostró como ninguna otra actividad económica su característica de esencial, indispensable no sólo para la actividad, sino fundamentalmente para la subsistencia de todos.

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El 2020 fue para el sector productivo un año complejo, intenso y extenso. Este año quedará marcado a fuego por todo lo ocurrido, pero para quienes generan alimentos en la Argentina el año no comenzó el 1 de enero sino que empezó recién iniciado el segundo semestre del 2019, momento en el que hombres y mujeres del campo debieron tomar muchas decisiones. Cuando las definiciones llegaron y el pueblo eligió a la fuerza política que gobernaría el país, los productores comenzaron a vender de manera anticipada las cosechas que todavía no se habían levantado, previendo un nuevo escenario con modificación en las retenciones, algo que finalmente llegó al comenzar el 2020.

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El nuevo Gobierno debía resolver dos situaciones complejas. Por un lado, regía un mecanismo para el cálculo de retenciones muy endeble desde el punto de vista financiero para garantizar la recaudación fiscal ante la volatilidad del tipo de cambio, con 3 o 4 pesos por dólar que se diluían con cada devaluación. Por el otro, un indicador de pobreza que, según el INDEC, al finalizar el segundo semestre del 2019 llegó al 35,5% -el nivel más alto desde 2008- lo que implicaba empezar a buscar soluciones para 16 millones de argentinos sin ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. En ese contexto, el Gobierno de Alberto Fernández actualizó el esquema y fijó las retenciones con alícuotas del 30% para la soja y 12% para el resto de los granos. Poco tiempo después, cuando comenzó el año legislativo, aumentó el derecho de exportación a la oleaginosa y lo llevó del 30% al 33%.

Al poco tiempo irrumpió el “coronavirus”, que en un principio sólo afectaba a China pero rápidamente se esparció por todo el planeta y puso al mundo en pausa. Lo que sigue es historia conocida, pero es importante destacar que, en este nuevo contexto, el sector productivo demostró lo que significa ser una actividad esencial.

La pandemia puso a prueba a todo el sector agroindustrial. A pesar de las complicaciones iniciales y de las restricciones de circulación, se logró avanzar con la campaña agrícola 2019-20 y se mantuvieron las actividades regionales. No fue la más grande de la historia ni la de los mejores rendimientos, pero nos dio una producción de maíz mayor a la de soja por primera vez en la historia. Esto se logró, más allá de las idas y vueltas con las retenciones de los últimos años, porque el productor entendió que había incentivos para hacerlo y ese debe ser siempre un dato para no olvidar, la rápida reacción del agricultor ante los estímulos económicos.

En cuanto a la ganadería, las exportaciones de carne son alentadoras y podrían cerrar el año con un nivel récord de entre 900 mil y 1 millón de toneladas con ingresos que, si bien serán menores a los del año pasado, producto de una baja de precios internacionales, demuestran que la cadena de ganados y carnes puede ser un gran aliado para la generación de divisas y puestos de trabajo.

Si tomamos los primeros diez meses de 2020, las ventas al exterior alcanzaron 46.556 millones de dólares, de los cuales 33.132 millones corresponden a las cadenas agroindustriales. Por lo tanto, el sector -aún en pandemia- mantuvo una fuerte presencia en la generación de divisas para el país con todo lo que eso significa.

El campo nunca bajó los brazos. Demostró como ninguna otra actividad su característica de esencial, indispensable no sólo para la economía, sino fundamentalmente para la subsistencia de todos. La pandemia nos dio y nos quitó una innumerable cantidad de situaciones de la vida cotidiana pero muy pocas veces reparamos en aquellos productores e industrias que nunca dejaron de producir alimentos, aún en los momentos más duros de la cuarentena.

Por un lado, se pierde una nueva oportunidad para demostrar que un agricultor es mucho más que un generador de dólares, es también quien logra que existan las materias primas para producir lo que luego llegará a nuestros hogares y a los de millones de personas en el mundo, gracias al esfuerzo y la inversión a pesar de todo tipo de circunstancias.

El futuro nos brinda una nueva oportunidad para crecer en producción y dejar atrás discusiones del pasado donde se enfrentaban campo e industria, mercado interno y exportación. Se trata de viejos dilemas que encontraron respuestas con tecnología y desarrollo. Eso es en parte lo que pregona una entidad nacida en este 2020, el Consejo Agroindustrial Argentino, que propone virar hacia esquemas de mayor producción que permitan el desarrollo y crecimiento de pequeñas, medianas y grandes empresas porque ese será también el crecimiento de la Argentina. Ese futuro es posible y está a la vuelta de la esquina, sólo hace falta tomar las decisiones adecuadas y darles previsibilidad a los miles de empresarios de la agroindustria que campaña tras campaña reinvierten en nuestro suelo.

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