Los neumáticos son uno de los componentes más importantes para la seguridad de un vehículo. Son el único punto de contacto entre el auto y el asfalto, por lo que su estado influye directamente en la capacidad de frenado, la estabilidad en curvas, la adherencia sobre superficies mojadas y la respuesta ante maniobras de emergencia. Sin embargo, muchos conductores creen que solo deben reemplazarlas cuando el dibujo prácticamente desaparece, una idea incompleta.
Saber cuándo reemplazar un neumático no solo ayuda a evitar gastos mayores derivados de un desgaste irregular, sino que también reduce el riesgo de accidentes. Por eso, antes de hacer un viaje o cuando el vehículo acumula varios años de uso, conviene revisar distintas cuestiones que permiten determinar si llegó el momento de instalar un juego nuevo.
El desgaste: el primer indicador
La profundidad del dibujo es el punto que la mayoría de los conductores observa antes de decidir un reemplazo. Tiene sentido: las ranuras de la banda de rodamiento cumplen la función de evacuar el agua cuando el vehículo circula sobre pavimento mojado. Si el dibujo pierde profundidad, aumenta el riesgo de aquaplaning y disminuye la capacidad de frenado.
En Argentina, la legislación establece una profundidad mínima de 1,6 milímetros para los neumáticos de vehículos particulares. Por debajo de ese límite, la cubierta deja de cumplir las condiciones mínimas de seguridad para circular. La mayoría de los neumáticos incorpora indicadores de desgaste dentro de las ranuras principales. Cuando la banda de rodamiento queda al mismo nivel que esos testigos, significa que la cubierta alcanzó el límite previsto por el fabricante y debe reemplazarse.
La antigüedad también influye, aunque el auto se use poco
Uno de los errores más frecuentes consiste en creer que una cubierta poco utilizada puede durar indefinidamente. En realidad, el caucho envejece con el paso del tiempo, incluso cuando el vehículo permanece estacionado durante mucho tiempo. La exposición al sol, los cambios de temperatura, la humedad y el contacto permanente con el aire provocan que los compuestos pierdan elasticidad. Como consecuencia, pueden aparecer grietas en los laterales o en la banda de rodamiento, un signo de que el material empezó a deteriorarse.
Por eso, fabricantes como Michelin, Bridgestone, Pirelli y Goodyear recomiendan controlar con frecuencia la fecha de fabricación del neumático. Ese dato figura en el código DOT, grabado sobre uno de los laterales. Los últimos cuatro números indican la semana y el año de producción. Por ejemplo, el código 1823 significa que la cubierta fue fabricada durante la semana 18 del año 2023.
El uso diario y las condiciones de manejo aceleran el desgaste
Además del dibujo y la antigüedad, el tercer factor determinante es el uso que recibe el vehículo. Dos autos con neumáticos idénticos y la misma cantidad de años pueden presentar un desgaste completamente distinto según el tipo de recorrido que realizan, la carga que transportan y los hábitos de conducción de cada conductor.
Circular habitualmente por calles en mal estado, caminos de ripio o rutas con baches genera un esfuerzo mayor sobre la estructura de la cubierta. Los impactos constantes pueden provocar deformaciones internas que no siempre son visibles desde el exterior, pero que afectan la seguridad. Del mismo modo, subir cordones con frecuencia o golpear pozos a alta velocidad puede dañar los neumáticos y reducir considerablemente su vida útil.
Otro punto fundamental es la presión de inflado. Circular con menos presión de la recomendada aumenta la temperatura del neumático y acelera el desgaste en los hombros de la banda de rodamiento. Si la presión es excesiva, el desgaste suele concentrarse en la parte central. En ambos casos disminuye la superficie de contacto con el pavimento y se perjudica la estabilidad del vehículo.
Aunque no existe una fecha única para todos los casos, la mayoría de los fabricantes aconseja realizar inspecciones técnicas detalladas cuando los neumáticos alcanzan alrededor de cinco años de uso y evaluar su reemplazo cuando llegan a los diez años desde la fecha de fabricación.
Qué revisiones ayudan a prolongar la vida útil de las cubiertas
El mantenimiento preventivo puede hacer una diferencia importante en la duración de un juego de neumáticos. Una de las tareas más recomendadas es realizar la rotación periódica entre los ejes delantero y trasero, respetando el esquema indicado por el fabricante del vehículo. Como las ruedas delanteras suelen soportar mayor esfuerzo por la dirección y el frenado, este procedimiento permite lograr un desgaste más uniforme.
La alineación y el balanceo también cumplen un papel fundamental. Si el vehículo tiende a desviarse hacia un lado cuando se circula en línea recta o el volante vibra a determinada velocidad, es posible que alguno de estos servicios sea necesario. Corregir esos inconvenientes no solo mejora el confort de marcha, sino que evita un desgaste prematuro de las cubiertas.
Durante las revisiones conviene inspeccionar visualmente cada neumático en busca de cortes, ampollas, objetos incrustados o deformaciones. Aunque algunos daños parezcan menores, pueden comprometer la estructura interna de la cubierta y aumentar el riesgo de una falla durante la circulación. También es recomendable no exceder la carga máxima permitida para el vehículo ni usar neumáticos con medidas distintas a las homologadas por el fabricante. Alterar esas especificaciones puede modificar el comportamiento del auto y afectar tanto el rendimiento como la seguridad.