18 de marzo 2005 - 00:00

Agropecuarios reclaman ser incluidos en agenda

La reestructuración de la deuda argentina, ya finalizada, abre un espacio de reflexión para los eslabones de la Argentina económica.

La necesidad de presentar una estrategia de país, fuertemente comprometido con la producción y el trabajo, obliga a Coninagro, como genuino representante del cooperativismo agropecuario, a plantear ideas básicas de su accionar para evitar su distorsión social e institucional. Nos animamos a decir que algunas actividades del campo aún son rentables. Pero muchas otras, normalmente vinculadas a algunos cultivos y a algunas economías regionales que afectan a pueblos y ciudades, presentan una coyuntura inestable, una perspectiva incierta y la consecuente imposibilidad de proyectar un futuro a mediano y largo plazo.

Es erróneo pensar que muchos hombres de campo están en condiciones de reconvertirse, mutar, cambiar de actividad o volcarse a las producciones más rentables que ofrece hoy el campo argentino. Y más grave es aún pensarlo desde una perspectiva parcializada por distintos factores.


Está claro que en los últimos meses, a pesar de algún esfuerzo, no se han podido destrabar cuestiones básicas que afectan a muchas producciones que sufren en carne propia el aumento de los costos internos y las complicaciones externas. Nombrar al algodón, maíz, trigo, sorgo, arroz, tabaco, yerba, frutas, hortalizas, son simples ejemplos de esa realidad sectorial. Como uno de los obstáculos más sobresalientes y con mayor urgencia de solución, venimos pregonando, desde hace mucho tiempo, la necesidad de una reforma tributaria global. Solamente así podrá lograrse un reacomodamiento de las imposiciones que pesan sobre la producción.

• Estímulo

El campo necesita un estímulo para continuar siendo el motor que permitió la reactivación de la economía en épocas de crisis. El campo necesita sentirse parte de la inclusión social que el gobierno impulsa hacia todos los sectores. Y el sentirse incluido es recibir políticas claras, concretas y de proyección hacia un bienestar que involucre a todas las familias vinculadas con nuestra actividad específica.

Así como la infraestructura resulta básica para la comercialización de nuestros productos, tranqueras adentro necesitamos tener la certeza de que nuestro esfuerzo será reconocido con reglas de juego claras y previsibilidad en el negocio.

El campo no es el eslabón perdido al que sólo se recurre cuando se recalienta la situación social. Sus hombres y mujeres, y sus familias forman parte de una sociedad que sufre también el aumento de los costos de producción y la incertidumbre de algunas indefiniciones.


El campo quiere ser escuchado, presentar sus ideas y consolidar una relación con la sociedad. Estamos convencidos de que ello solamente ocurrirá si se logra comprender que la falta de políticas activas terminará jaqueando a la economía nacional.

que se hizo entre productores y Monsanto, culminando en acuerdo decoroso para las partes», destacó.


(*) Presidente de Coninagro

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