3 de mayo 2005 - 00:00

Aumentar retenciones a la carne no soluciona nada

Política y económicamente el país ha ido recuperándose de la calamitosa situación de los inicios de 2002.

Aumentó la actividad económica, bajó el desempleo, como consecuencia se manifiesta una mayor demanda de bienes ante una oferta que, en algunos productos, se sostiene en iguales o menores volúmenes, en este caso la carne, lo que provoca por ley de la oferta y demanda una mejora en su precio.

¿Por qué no aumentó el ofrecimiento de la carne vacuna acompañando el incremento de la demanda?
Esto no es atribuible a una actitud especulativa, y a un deseo de no cooperar con el gobierno en su lucha contra la inflación por parte de los productores. En primer término, la demanda mundial de granos y oleaginosas y sus buenos precios hicieron que la agricultura desplazara en muchas explotaciones a la ganadería, por lo tanto se produjeron menos animales en condiciones de faena.

En segundo término, el cimbronazo y sus consecuencias provocado por el último y conflictivo brote de fiebre aftosa determinó que se destinase todo lo faenado a consumo interno, salvo las carnes aptas para cocido y enlatado, lo que produjo una fenomenal baja de precios y quebrantos a los productores. La situación sanitaria fue mejorando y paulatinamente se fueron abriendo nuevos mercados en el exterior, lo que significó alcanzar un tonelaje exportado excepcional.

Esto implicó e implica menor oferta en el mercado doméstico, pero un significativo aumento en el ingreso de divisas para el Tesoro nacional por mayores exportaciones.

• Inflación

El crecimiento de los índices minoristas en el primer trimestre del año se tradujo en un aumento de la inflación, que lógicamente preocupa a nuestras autoridades. Debemos comprender que la inflación no es una manifestación monetaria sino una manifestación económica ligada a problemas de producción.

Desde el punto de vista monetario, la suba de los índices de precios es la fiebre, no la enfermedad.

Los males que se deben curar son la insuficiencia y malformaciones de nuestra estructura económica y productiva. Si a los primeros indicios de inflación utilizamos conocidas y antiguas fórmulas de ajuste e intervención espuria en la comercialización, sobrevendrá la recesión y, pasado un tiempo, una recaída inflacionaria, pues habríamos atacado los efectos y no las causas del problema.

Austeridad y disciplina fiscal son una muy buena práctica antiinflacionaria, pero se debe complementar con constantes inversiones y mayor actividad productiva, la resultante será que la mayor oferta de bienes y servicios en el mercado impedirá el alza de los precios.

El incremento de las retenciones y cualquier otra medida complementaria de otro tipo es un artilugio, porque se atacan las consecuencias y no las causas, estas siguen actuando: aumentando los insumos, la presión tributaria y encareciéndose el crédito, lo que determina un quebranto para el productor que se traduce en caída de la producción, de las existencias y de la oferta.
Es decir, se vuelve al punto de partida y después de los daños causados por esa ilusión la tendencia alcista de los precios volverá a exteriorizarse con mayor intensidad por disminución de la oferta. La solución tiene que ser de fondo. Esto que se anuncia no beneficia al productor ni al consumidor. El remedio se debe originar encarando medidas de conjunto que reduzcan el gasto público improductivo, que estimulen la producción y que en consecuencia hagan posible un mayor poder adquisitivo de los salarios que permitan comprar carne a un precio que remunere los costos de producción.

En la República Argentina, la carne vacuna se vende a los precios más bajos del mundo, resultando más conveniente que cualquiera de los productos sustitutivos, pero en todo caso este país no se industrializará como se pretende destruyendo la producción. Si queremos seguir el ejemplo de las naciones desarrolladas, no lo hagamos achicando el país, hagámoslo aumentando la producción en todos los aspectos.


(*) Presidente de AJ Mendizábal & Cía., ex presidente del Centro de Consignatarios de Productos del País, ex consejero de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y miembro del Consejo Directivo de la Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado.

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