24 de agosto 2005 - 00:00

Con la tierra no se especula financieramente; se produce

La asociación de la renta del campo con el incremento delprecio de la tierra incorpora un concepto financiero y haceolvidar que el fin primario es la producción, dice CARTEZ.
La asociación de la renta del campo con el incremento del precio de la tierra incorpora un concepto financiero y hace olvidar que el fin primario es la producción, dice CARTEZ.
En CARTEZ estamos orgullosos por los números que dio a conocer ayer el ministro de Economía; es una nueva y clara demostración de que el sector agropecuario es la base dinamizadora de la economía argentina. Es el área que no sólo no le cuesta nada al país en subsidios y reintegros, sino que es el principal aportante para que el superávit del país se ubique, en estos siete primeros meses del año, en los 13.429 millones de pesos; es decir, prácticamente el superávit fiscal presupuestado para el año 2005 (14.200 millones de pesos).

Y es -sin duda-l a gran capacidad del hombre de campo la que permite estos logros. Porque ante la baja de rentabilidad, su reacción inmediata es aumentar el área sembrada --buscando una producción de escala, aunque también haya más riesgos-, llevándola -como lo destacó el ministro de Economía a 2,2 millones de hectáreas más en comparación con el período 2000/2001. Porque es uno de los pocos empresarios que invierte constantemente en su empresa, sabiendo que sólo con inversión, trabajo e ingenio se puede llevar adelante la explotación agropecuaria. De ahí los 6.200 tractores comprados en 2004, las 3.200 cosechadoras o la inversión en 60% más en insumos y servicios. Y por su gran capacidad de absorción tecnológica, busca alternativas que no sólo bajen su costo de producción, sino que favorezcan la sustentabilidad del sistema a lo largo de los años, lo que potencia la capacidad de nuestros suelos de producir alimentos.

Nos preocupa que dentro de este reconocimiento del sector agropecuario en el proceso económico se involucren algunos índices con el claro objetivo de generar una opinión adversa.
La asociación de la rentabilidad del campo con el incremento del precio de la tierra incorpora sólo un concepto financiero dentro del bien suelo, olvidándose de su función.

Tomar solamente al suelo como una posibilidad financiera nos retrotrae hacia una producción numérica, donde favorecemos las inversiones especulativas a expensas del productor genuino.

El productor no tiene el campo para venderlo, lo tiene para hacerlo producir, para vivir, para desarrollarse socialmente y sobre todo -por su forma de ser-para generar a través de sus tierras una dinámica económica en el lugar donde se desarrolla.
Por eso lamentamos que constantemente el ministro de Economía, con sus mensajes, tienda a confundir a la comunidad, dando a entender que nuestro éxito perjudica al resto de la sociedad cuando, a la inversa, detrás del crecimiento de la producción primaria crece toda la cadena industrial y comercial vinculada al agro, que ocupa más de 40% de la mano de obra y genera más de 60% de las divisas provenientes del exterior. Pasamos de producir 16 qq de soja por hectárea a 28 qq. en menos de 10 años. De 60 kilogramos de grasa butirosa por hectárea a 200 kilogramos en el mismo período. Estamos produciendo prácticamente un litro de leche por día por habitante, medio kilo de carne por día por habitante y tres kilos de soja por día por habitante, por lo que es prioritario que el gobierno, en diálogo sincero con quienes somos los actores naturales del sector, establezca pautas que no generen desinversión, desaliento, distorsión y resolvamos los problemas que aquejan a todos los argentinos.

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