26 de enero 2002 - 00:00

Dicen en el campo...

... la situación de las distintas cadenas alimentarias sigue siendo muy compleja. En avicultura, por ejemplo, destacan especialmente la fuerte caída de precios que registró el pollo en salida de granja, que oscila en un alto 20 por ciento, al pasar de alrededor de $ 1,35 por kilo durante diciembre, a unos $ 1,05 en estos días. Sin embargo, tal caída tampoco habría beneficiado a los consumidores, por lo que se estima que el titular de Comercio Interior, Hugo Miguens, tendrá que ver dónde se está quedando la diferencia. Pero éste no es el único inconveniente que afrontan los avicultores que, además, están percibiendo subas importantes en muchos de sus insumos, tanto el maíz para la alimentación (y que tampoco se consigue), como en los químicos con el agravante, en estos últimos, de que los laboratorios están exigiendo el pago en efectivo para proveer los productos.

... también la cadena láctea está alterada. Por un lado, se dice que las 10 principales usinas del sector tienen una deuda que superaría los u$s 1.800 millones que, en buena parte, está en el exterior (CFI, etc.), debido a los créditos internacionales tomados en la década pasada para ampliar su capacidad operativa. Esta, a su vez, sería una de las principales causas del atraso en la recuperación en los precios de la leche a los tamberos que hoy se ubica en un insólito piso de $ 0,13 promedio por litro, pero con picos inferiores de hasta 8 o 9 centavos, que más que justificaría los enardecidos reclamos de los productores que, ya en el deprimido mercado del año pasado, llegaron a percibir cerca de 20 centavos por litro durante junio pasado, según datos de «Infortambo». Uno de los más activos en este sentido, es el titular de CRA, Manuel Cabanellas, reconocido productor lechero, tanto en Santa Fe como en Córdoba. Pero el tema, además, puede tener consecuencias graves a nivel país ya que se estima que en este 2002 se dará una nueva caída de la producción la que, dicen, tendría un piso de baja de por lo menos ¡10%!, aunque no sólo por los magros valores que están recibiendo los tamberos, sino también por los precios del maíz, base importante de la alimentación de las vacas de tambo. Aquí, a diferencia de los avicultores, serían los propios productores los que están cambiando el destino de sus lotes del cereal ya que, sostienen, con estos precios de la leche, les conviene más destinarlo a grano para la venta, que dirigirlo a la alimentación de las vacas. De mantenerse la tesitura, obviamente los volúmenes de producción se van a resentir en el invierno.

... entre los ganaderos crece la preocupación por la «precariedad» de la reciente reapertura del mercado eu- ropeo para las carnes vacunas argentinas. Y, uno de los temas de mayor alarma viene, justamente, por el lado de la vacunación ya que, si bien el gobierno se comprometió a seguir pagando las vacunas pocos creen que, efectivamente, termine haciéndolo. Esto, sumado a las crecientes estrecheces económicas determinó que en varios lugares ya se estén pensando alternativas que aseguren la continuidad de la vacunación (que también monitorean los europeos). Para lograrlo, resulta obvio que tendrían que pagarla los propios productores aunque, las propuestas se centran en que ese costo se «descuente» de otros que afrontan actual-mente los ganaderos, muchos de los cuales, además, están «superpuestos». Tal sería el caso de los $ 0,90 por animal de los DTA que cobra el SENASA, que comanda Bernardo Cané, con los cargos variables de las «guías» de tránsito que aplican los municipios. A esto se agregan otros varios ítem como los permisos de marcación, de exportación, etc., todos del organismo sanitario nacional, algunos -o varios-de los cuales servirían perfectamente para «descontar» la vacuna. Otras discusiones versan sobre el rol de las fundaciones (que en algunas provincias quieren «eliminar» y dar el manejo directamente a los veterinarios, lo que parece bastante poco acertado) y las diferencias de costos por igual servicio entre éstas.

... para muchos la «guerra con los supermercados» recién comienza, aunque ya se comienzan a ver algunas «puntas» por el lado de la ganadería (las grandes cadenas proveen más de 60 por ciento del consumo de los centros urbanos), y también con la leche. La estrategia parece ser que aparezca la producción, o la industria, como los que aumentan los precios, y no las bocas de expendio. Otro sector que enfrenta algunos conflictos es el de la molinería donde hay diferencias, incluso, entre ellos mismos y no sólo con los panaderos o comercios. Es que entre las huestes que lidera Carlos Boero, de la Federación Molinera, parece haberse ampliado la brecha entre «los del norte y los del sur», como catalogan -en forma gruesa-a los molinos «chicos» y a los «grandes», respectivamente. Sin embargo, en todos los casos, hay algunos factores de inquietud que son comunes, y ésa sería la situación de la calidad del trigo de la última campaña que, se sabe, afrontó problemas climáticos que determinaron afectaciones de hongos en algunas zonas. Según reconocen los industriales, el cereal del norte resultó bastante bueno, pero es poco, mientras que el del sur (en la zona típica) es de calidad acep-table. Sin embargo, hay una franja en el medio, entre la Ruta 205 y hacia el norte que efectivamente está afectado en un porcentaje significativo, aunque algunos están haciendo muy buenos negocios comprándolo igual y pagando 12 por ciento, 15 por ciento y hasta 18 por ciento menos. Lo que muchos se preguntan es cuánto más se puede deteriorar la calidad del producto si se mantiene la actitud (bastante justificada, por cierto) de los productores de retener el cereal, lamentablemente en instalaciones que no siempre se adaptan a las necesidades de cuidado de un producto para la alimentación humana. De ahí, a la necesidad de actualizar el estándar de trigo, un solo paso, dicen.

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