... que «se puede morir de éxito», sentenció el especialista Ignacio Iriarte, en alusión a la excelente demanda interna e internacional que tiene actualmente la carne vacuna y que, justamente por esta razón, viene provocando una serie de intervenciones oficiales en el mercado que tienen en jaque (¿mate?) al producto. Según el analista, el mercado internacional subió 70% desde que se dejó la convertibilidad, y además, que la demanda interna seguirá muy firme mientras continúe el crecimiento de la economía. A pesar de esto, el valor de la carne aquí es de 10% de lo que cuesta en los supermercados europeos, y de 25% de lo que sale en los Estados Unidos, señaló Iriarte a un grupo de productores del litoral norte, preocupados por el futuro de la actividad que, en esa región, atraviesa una aguda sequía que ya lleva 3 años, y soportó el rebrote de la aftosa hace 6 meses. Para Iriarte, tanto los indicadores de stock como de producción venían creciendo en forma sostenida por las buenas perspectivas, hasta que comenzaron las medidas de intervención oficiales. Así, en el último año, ya habría caído la faena en 1 millón de cabezas, mientras que la producción de carne retrocedió aproximadamente 8%, unas 300.000 toneladas. Ante la obvia consulta, consideró que la eventual solución pasa por la libertad absoluta de exportación, probablemente que los ganaderos resignen parte del precio posible a alrededor de u$s 0,90 el kilo vivo (en Paraguay supera u$s 1 por kilo y en EE.UU. es de más de u$s 2), y que se subsidie a un grupo chico de cortes (no los 12 que pretenden algunos), aunque se deberá «vigilar» que efectivamente estos precios más bajos lleguen a los sectores de menores recursos. Una especie de acuerdo «a la uruguaya».
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... que, sin embargo, y aunque no hay demasiado para inventar en la materia, el tema parece seguir demorado, sin innovaciones del lado oficial (más allá del viejo rejunte de medidas al que le asignan la calificación de «Plan Ganadero»), y algo similar ocurre del lado de la dirigencia, que sigue trabajando en un documento conjunto que contemple «todos» los reclamos, y no sólo el de la carne (donde trabajan con algunos sectores frigoríficos, pero ninguno de los planteos termina de conformar). Aun así, el trabajo de CRA, Coninagro y la Rural (ya que la Federación Agraria de Eduardo Buzzi parece haber quedado definitivamente fuera del frente del sector, especialmente después de las últimas declaraciones « separatistas») parece que una vez más no pasaría de los enunciados. Algo distinta es la situación en lácteos, donde se registró cierta corrección con la rebaja parcial de las retenciones después de 12 meses de reclamos, aunque esto no alcanzaría para calmar a los tamberos. De hecho, los más duros, emulando a los gremialistas de la carne, no quieren declinar las medidas de protesta (que se podrían definir esta semana), hasta que efectivamente las usinas concreten el traslado de las menores retenciones a los precios que perciben los productores, puesto que no pocos temen que el «beneficio» se diluya antes de llegar a sus manos. Más allá de esto, y aunque el anuncio oficial del recorte de las retenciones había sido adelantado una semana antes por funcionarios de Santa Fe, causó cierta sorpresa, ya que estuvo a cargo de la ministra Felisa Miceli y del subsecretario Javier de Urquiza. «¿Donde está el secretario?», se preguntaron muchos ante la ausencia de Miguel Santiago Campos. El otrora hombre fuerte de la SAGPyA había estado, sin embargo, la noche anterior (el miércoles) en el aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario, donde su discurso dejó bastante que desear, ya que no contestó algunas de las «suaves» demandas del dueño de casa, Jorge Weskamp. Sólo cuando señaló que «el sector está creciendo», logró que varios asistentes se miraran entre sí, pero fue sólo un momento, ya que ni cuando habló de «los lobbistas disfrazados de periodistas» logró despertar la curiosidad por saber a qué/quienes se refería. Tampoco la intervención del gobernador Jorge Obeid (PJ) fue para destacar. Más vale acentuó la floja impresión anterior, dado que el mandatario no tocó ninguno de los temas de interés del sector agroindustrial o, al menos, sobre lo que la política nacional le cuesta a Santa Fe (retenciones, carne, leche, etc.), sino que se refirió a la trascendencia que tuvo el Congreso de la Lengua que se realizó en Rosario el año pasado. Tal vez por eso, durante el espectacular cóctel posterior, los asistentes se dedicaron a «monitorear» la interna provincial, en lugar de comentar los discursos, ni siquiera por su falta de contenido. En ese contexto, sin duda la sucesión de Obeid resultaba más interesante, sobre todo porque allí estaban presentes, además de la vicegobernadora y hermana de uno de los candidatos, Rafael Bielsa, el otro kirchnerista pretendiente a la gobernación, Agustín Rossi (que llegó tarde, al finalizar los discursos, pero «justo» para aprovechar mediáticamente la cantidad de medios presentes por el festejo). Hasta el por ahora aparente favorito, el socialista Hermes Binner, ausente en la movida bursátil, cayó en los comentarios. «Es quebrable», sentenció un aparente profundo conocedor de las internas santafesinas. En otro rincón, el ex ministro de la producción y actual intendente de Rafaela, Omar Perotti, también pretendiente al cargo, monitoreaba los movimientos de sus adversarios.
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... que, más relajados, lucían otros invitados y empresarios. En un grupo, por caso, escuchaban atentamente al ex Banco Central Javier González Fraga. «Aprendí mucho más de la 'micro' con La Salamandra, que con todos los cargos públicos», decía el economista aludiendo a la exitosa y premiada agroalimentaria que creó, y que luego vendió con más éxito aun. Allí se comentaba, en forma crítica, la performance de la mayoría de los economistas «macro». «Sobre 40 años de vida argentina, 28 estuvieron definidos por macroeconomistas», señaló González Fraga, sin agregar nada más. Otros prefirieron ocuparse de una de las últimas declaraciones del ahora mercosuriano, Carlos Chacho Alvarez, quien categóricamente señaló que «el ALCA está muerto (la Asociación de Libre Comercio de América, que impulsan los EE.UU.)». Resulta que el muerto se asusta del degollado, y los dos estaban finados», se rió un aceitero, mostrando también su escepticismo sobre el rumbo del Mercosur.
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