2 de octubre 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

Eduardo Buzzi
Eduardo Buzzi
  • ... que «¿yo señor?, ¡no señor!, pues entonces, ¿quién lo tiene? ¡Agricultura!», parece haber sido el «juego» entre el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y los diputados nacionales de esa comisión ante cada consulta que les hicieron los legisladores por los problemas con los precios de la yerba, el té, o la leche en tambo. Lo grave es que Moreno tenía razón ya que, a nivel de producción, le correspondería al titular de la SAGPyA ocuparse de resolver esos conflictos. El tema es: ¿los legisladores no lo saben? y, peor aún, ya que parece que no le preguntaron nada sobre un asunto que sí le compete a Moreno y respecto del cual él es quien está llevando adelante la negociación, como es el irregular abastecimiento de combustible en buena parte del país.

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  • ... que, aunque se esperaba que la semana pasada fuera «clave» en el avance de dos temas fuertemente conflictivos como son el de la leche y el de la carne, realmente no hubo un saldo demasiado favorable, al menos en lo estructural. En lácteos, ni siquiera se llevó a cabo el encuentro (del que no iba a participar el gobierno nacional) entre tamberos e industriales. Directamente los primeros sacaron sus conclusiones y prometieron «novedades» para los próximos días. En carne, mientras tanto, el anuncio de flexibilización relativa de las exportaciones por parte de la ministra Felisa Miceli (que, en realidad, no llegaría al porcentaje anunciado de 10%, ya que agrega vacas conserva, Hilton y los tonelajes incluidos en los acuerdos país, que ya estaban liberados) sirvió, por lo menos, para que las organizaciones que venían trabajando en una propuesta «consensuada» no se vieran forzadas a poner en evidencia la falta final de acuerdo (o las diferencias entre ellas) en un asunto que dista de tener cerca una solución estructural, al menos desde la óptica de las pretensiones del gobierno. Ahora todo se corrió por otros tres meses.

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  • ... que, igual en la Sociedad Rural se vivió cierta euforia, aunque, en realidad, parece que el ánimo se correspondía más con la asamblea y la elección de sus nuevas autoridades, «trámite» que se cumplió sin sobresaltos ya que había una única lista consagrando, nuevamente, a Luciano Miguens al frente de la entidad centenaria por otros dos años, secundado por el combativo Hugo Biolcati. Algo distinto fue el ambiente en Rosario, donde la Federación Agraria pasó por un trance similar, aunque con bastante más disenso (al menos en los corrillos, y en los jugosos «off the record»). Allí, pese al oficialismo que venía ostentando la conducción nacional de los federados, con Eduardo Buzzi a la cabeza, y que sería lo que justificó el acompañamiento del gobierno en la jornada inicial, representado por el titular de Agricultura, Miguel Santiago Campos, el reelecto dirigente se mostró bastante alterado. El mayor malestar lo evidenció contra la titular de Economía, Miceli, que en ese momento estaba anunciando, en Buenos Aires, las medidas para la carne, acompañada por el subsecretario Javier de Urquiza. «Está desquiciada», «toma medidas esquizofrénicas», fueron algunas de las frases públicas que le dedicó a la alta funcionaria del gobierno nacional, ante la mirada inexpresiva del subordinado de la ministra, Campos, y la sorpresa del embajador de Venezuela. El enojo, sin embargo, parece que no es por las políticas como el cierre/ restricción de las exportaciones vacunas ni por la caída de la renta tambera, ni por los magros precios que reciben los fruticultores, aspectos todos que, entre otros, afectan más fuertemente a los pequeños productores, base de la Federación, que al resto, sino más bien por el ahora dudoso destino de una partida de 200 millones para fortalecimiento de las producciones familiares y micro, que Buzzi ya daba casi en su órbita. Según comentaban allí, lo que pasa es que se estaría conformando «otra» entidad de pymes agropecuarias, que podría ser la destinataria final de tal beneficio, y alentada desde el propio Ministerio. De ahí el enojo, grabado y filmado, del dirigente que reaccionó como hombre traicionado..., prometiendo también, desde ahora, medidas de acción directa, algo que varias de sus regionales ya venían ejerciendo desde hace tiempo, junto con las entidades representativas del campo.

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  • ... que no sólo en las líneas federadas hay malestar; también se están registrando tensiones entre los eslabones de varias cadenas. Entre los molineros (algunos ya comenzaron a pedir « subsidios»), entre los productores de trigo y comercializadores que ya «anotaron» ventas de exportación para la próxima cosecha y los que no, entre los de la cadena oleaginosa que exportan porotos de soja y los que quieren «importar» soja para cubrir los baches operativos de crushing, etc. En este último caso, el problema se suscita porque ya hay capacidad industrial para procesar 44 millones de toneladas anuales de soja y se prevén 50 millones en los próximos ciclos. Pero la Argentina, a pesar del predominio de la oleaginosa y del desplazamiento que sigue haciendo de otros cultivos, no llega a ese volumen de cosecha y, además, aunque disminuyó, el año pasado exportó 6 millones de toneladas como poroto, «sacándoselas» a la industria local (más de una vez dentro de la misma empresa ya que varias tienen crushing y trading). Hasta ahora, el tema se había frenado por diferencias con el titular de la AFIP, Alberto Abad (el mismo que ya aseguró que las retenciones en 2007 se mantendrán en el mismo nivel actual), aunque ahora, aun con la aprobación oficial, tampoco se podría hacer por la casi inédita bajante de los ríos, que impediría el traslado de las importaciones de soja por barcazas desde Paraguay o del Mato Grosso brasileño, y otros sistemas de fletes resultan antieconómicos. Pero aun con estos datos, los funcionarios nacionales parecen seguir sin registrar la situación de sequía, al punto de que la propia Miceli, al ser consultada, respondió: «Estamos evaluando». Y probablemente terminen de «evaluar» cuando, finalmente, comiencen las lluvias, momento en el que seguramente decidirán que ya no es necesario hacer nada.
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