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4 de diciembre 2006 - 00:00

Dicen en el campo...

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Carlos Cheppi
  • ... que las alteraciones en los mercados a partir de la creciente injerencia oficial llegaron a tal punto que, prácticamente, las operaciones se redujeron al mínimo dejando de tener relevancia los valores. En otros casos, como el de frutas y hortalizas en la plaza mayorista, directamente se «prohibió» dar a conocer los valores. Aparentemente, la gente que responde al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, fue la encargada de dar la orden de «suspender» la difusión de las cotizaciones que tienen a mal traer al encargado de mantener «a raya» los índices de inflación. Pero si en esto no le va bien (aunque se oculten los precios reales), mucho peor le fue en un remate de hacienda adonde mandó a sus sabuesos la semana pasada, para que «controlen» lo que pasaba. El malestar de los asistentes ante la «visita» fue inocultable y creciente, al punto que tuvo que intervenir la gente de la propia consignataria que había organizado la venta para que los veedores no salieran «tocados». En Liniers, mientras tanto, la baja respondió tanto al malhumor de los productores como a la previsible caída de la oferta por las ventas adelantadas y la época, mientras que en granos la situación fue similar debido al desconcierto frente a las decisiones oficiales para los distintos productos que, en la plaza internacional, siguen subiendo. La caída de operaciones fue tal que, según un conocedor, la Bolsa de Sudáfrica llegó a superar, en girasol, a la de Argentina, 5 contratos contra 2. ¡Una goleada!

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  • ... que, aunque se siguieron realizando crecientes operaciones por fuera de las plazas habituales, crece la inquietud sobre el futuro de los mercados más tradicionales y, por ende, de las referencias formales para cantidad de contratos. Algunos creen, además, que la situación va a provocar el aumento de las operaciones «en negro». «El gobierno está destruyendo todo, pero hay 'cómplices' que están logrando muy buenas diferencias en el corto plazo con este escenario, aunque después perdamos todos», reconocía un operador de los «serios». Otros, menos contenidos, recordaban que «ya con Gelbard y (Raúl) Alfonsín, con los precios máximos, fue todo un descontrol. Todo se vendía al mismo valor, y las diferencias se lograban aplicando o no el desbaste, con o sin flete, con mayor o menor humedad, etc. Lo cierto es que hay sectores llamativamente «callados» en el último tiempo: exportadores, frigoríficos (especialmente los consumeros, entre los que había algún dirigente muy mediático), o varias cámaras agroindustriales, por ejemplo. Muchos, con cierta malicia, se preguntan por qué. Todo, naturalmente, alentó -y alienta-las versiones desde descabelladas hasta osadas, como la que corrió en los últimos días, dando cuenta de que ciertos grupos empresarios habrían acercado una propuesta al equipo de la ministra Felisa Josefina Miceli, en el que se «extiende» el sistema que ya se venía evaluando para el trigo a todos los restantes productos, incluida la soja. El esquema, sintéticamente, consistiría en fijar un precio para la compra de los granos a los productores (algo más alto que el autorizado ahora oficialmente), y definir un porcentaje de quita a las cotizaciones de exportación (dicen que los exportadores están de acuerdo). Con esos montos se constituiría un «fondo compensador» para subsidiar las compras de materia prima de las industrias o sectores que elaboran productos con impacto en la canasta, por ejemplo, pollos (que, a pesar de los acuerdos firmados, ya aumentaron más de 50% desde diciembre del año pasado), harina, etc. Algunos hablan, incluso, de que el beneficio llegaría hasta los aceiteros, y por eso la inclusión de la soja en la propuesta. El fondo en cuestión sería manejado, se supone que proporcionalmente, por todas las Bolsas de granos del país.

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  • ... que, entre tanto desborde, apenas trascendió un programa que estaría llevando adelante el INTA, presidido por el hiperkirchnerista Carlos Cheppi. El Instituto de Tecnología Agropecuaria, que justamente por estos días cumplió 50 años, parece que firmó un convenio con Kazajstán de transferencia tecnológica que le permitiría a ese país desarrollar un área de cultivo similar a la de la Argentina, «¡para que compita con nosotros!», se alarmó un productor que, seguramente, no conocía que para ese fin habría un fondo de aquel gobierno por u$s 500 millones. Pero si de datos internacionales se trata, llamó la atención el aportado por el parlamentario neocelandés, David Carter, quien es sindicado como el próximo encargado de la fuerte cartera agrícola de su país. El legislador participó de una reunión técnica en el CARI (Consejo Argentino de Relaciones Internacionales) donde le presentaron, entre otros proyectos, el programa de desarrollo ganadero de la provincia de Buenos Aires. Después de escuchar atentamente, Carter dijo: «En Nueva Zelanda también tuvimos fuertes subsidios hasta mediados de los 80, cuando se produjo un cambio abrupto, y se eliminó una cantidad de programas de apoyo. Ahora está todo en manos privadas». Y mal no les va, pensaron varios. En otro orden, Carter además destacó que su país no llegó a un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, como Australia. El resultado, entre otros, es que ahora se está registrando una gran fuga de especialistas neocelandeses hacia aquel país.

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  • ... que las declaraciones oficiales contra el sector agropecuario estuvieron a la orden del día últimamente, en especial de parte de gobernadores, funcionarios provinciales y legisladores. Por ejemplo, la titular de la Comisión de Agricultura de la Cámara alta, la senadora Giusti, no reconocida justamente como una «conocedora» del sector, señaló que una de las pocas formas de solucionar el problema de la carne (de la suba de los precios internos) es aumentar el nivel de las retenciones». Sorprendentemente, mandatarios de provincias netamente agropecuarias, como el de Entre Ríos, Jorge Busti, también se pronunciaron contra las protestas del sector, y hasta el secretario de Agricultura de Santa Fe, Daniel Costamagna, hizo lo propio. Pero sin duda, fueron los gobernadores Felipe Solá, de Buenos Aires, y Alperovich, de Tucumán, los que más revuelo causaron. En el primer caso, porque después de haber sido el titular de Agricultura de la Nación durante toda la década del 90, cuando no hubo precios máximos, o las formas de injerencia oficial que se registran ahora, se esperaba que al menos se «abstuviera» de comentarios. Solá tampoco dejó demasiado bien parado a quien fue objeto de su protección en el pasado, el actual secretario Miguel Santiago Campos. «Es cierto que ahora no hay interlocutor político, pero eso no justifica una protesta», dijo. Su par del NOA fue más lejos aún al atribuirle a la «oligarquía» los reclamos contra el gobierno. «La única oligarquía que conocemos es la de los políticos, especialmente de algunos gobernadores con campos en Horcones (Salta) y en Santiago del Estero. Habría que comparar esos campos con los de los «oligarcas» para ver dónde se trabaja mejor y dónde está mejor el personal. También están los que en plena crisis compran con la plata de la provincia aviones de más de 6 millones de dólares, que dicen que serán ' sanitarios', en lugar de hacer el mejor hospital del Norte con ese dinero», dispararon inmediatamente productores de la región.
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