10 de diciembre 2007 - 00:00

Dicen en el campo...

... que, aunque normalmente la asunción de nuevas autoridades en el país suele despertar algunas expectativas no ocurrió lo mismo, al menos entre la gente del campo, esta vez. Así, durante la semana pasada continuaron las reuniones de fin de año, con dos multitudinarias: la de una de las principales empresas de combustibles, en el Sheraton de Retiro, y la de ACTA, la cámara que nuclea a las principales marcas de agroquímicos, semillas y también algunas maquinarias, en el mismo hotel, pero de avenida Córdoba. En medio, hasta hubo tiempo de algún vernissage y una inédita presentación de un trabajo sobre educación y el sector rural, hecho por la Consultora Nuevos Vientos, que convocó a buena parte de la dirigencia sectorial. En todos los casos, el cambio presidencial prácticamente no fue parte de los comentarios ya que todos descartan que el gobierno de Cristina de Kirchner va a ser la continuidad del de su esposo Néstor. Tal vez, algo más «glamoroso», especialmente en el plano internacional (que a ella la atrae en forma creciente), y algo más educado en el interno, pero no mucho más que eso. De hecho, el principal comentario de la semana fue la forma en que los Kirchner le pegaron «en la línea de flotación» al futuro ministro de Economía, Martín Lousteau, al obligarlo a anunciar la polémica medida de recortar el precio de la leche a los tamberos. En el hecho hubo varias circunstancias insólitas. Por caso, no se recuerdan muchas veces que anuncios trascendentes como éste (incluso, por lo que significa para el futuro de otras actividades), sean hechos por alguien que aún no asumió, peor aún, ante la presencia «muda» del ministro que sí está en ejercicio, Miguel Peirano. Por otra parte, normalmente la «malas» noticiaslas da el funcionario saliente, justamente, para que el nuevo no sufra el desgaste de entrada.

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... que, ante semejante « favor» oficial al nuevo ministro, y la lectura sobre el futuro, aparentemente hasta ahora fortalecido, de Moreno, los comentarios en el sector no fueron demasiado halagadores para el joven que desde ahora tendrá en sus manos la economía del país, y que parece comenzar ya debilitado. Tampoco fueron muy buenos para la Secretaría de Agricultura, que pareció haber sido dejada de lado de toda la movida, aunque luego el titular del área, Javier María de Urquiza, debió igualmente salir a respaldar la decisión oficial, si bien sabe que el malestar de los tamberos puede llegar a desbordar si no se afloja un poco la soga.

Parece que el malhumor en Paseo Colón -sede de la SAGPyAllegó a niveles «audibles», y se notó el malestar por varios días. No es para menos, tras el anuncio se dispararon cantidad de asambleas, varias multitudinarias, y ahora se amenaza con varias medidas que pueden complicar mucho, incluso, al oficialismo, como la venta de leche menos fría (para acotar costos), que obligaría a las usinas a gastar más, neutralizándoles la ganancia que les prometía la decisión oficial de que paguen menos por la materia prima y, por lo tanto, correría riesgo de romperse el « acuerdo» de precios minoristas con el gobierno. En Agricultura saben muy bien, además, cuáles son los números de la actividad, y el riesgo creciente que se corre con el desplazamiento de la lechería por otras más rentables, como la soja. De hecho, saben que va a faltar leche ya en este próximo verano (aunque aún se podrá sustituir con leche en polvo). Y esto no va cambiar, aunque Moreno insista en que los números del tambo « cierran»... En realidad, los únicos que cierran últimamente, son los tambos...

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... que, como si fuera poco, una noticia/rumor conmovió al sector agrícola, especialmente a los exportadores que, aunque son muchos menos, suelen ser bastante más bravos a la hora de negociar que los tamberos. Es que la avidez fiscal ya llega a semejantes niveles, casi de desborde, que trascendió que se podrían aplicar las nuevas retenciones recientemente aumentadas, a anotaciones de exportación hechas antes de la suba. Aunque la ley no dice eso, pocos dudan que si, efectivamente, este gobierno quiere subir más aún su recaudación, va a hacerlo, y más de uno de los «grandes» ya salió a «pintarse la cara», y a renegar de Moreno, aunque en general, al menos este grupo, se había llevado razonablemente bien hasta ahora con el «malo» del gobierno K. Pero la inquietud y malestar fueron mucho más abarcativos. Así, por ejemplo, en los corrillos de la presentación de Nuevos Vientos se mostró que «sólo 7% de los contenidos del EGB, tienen al campo en su temática», y «hay más de 10 millones anuales de alumnos que no reciben información sobre el sector rural en sus currículas», los temas de reclamo fueron bien variados.

Mientras Gerónimo Venegas, titular del gremio de los rurales, explicaba que el trabajador del campo muchas veces deja la escuela a corta edad para ir a trabajar, otros señalaban que, según la investigación, el campo se sacó «ausente» en el contenido educativo. Más «agropecuarios» otros se quejaban del «doble» subsidio a los procesadores de pollos. «Por un lado, les subsidiamos el maíz y, por el otro ¡reciben compensaciones de los 4 puntos que le subieron las retenciones a la soja!», se quejaban. No menos enojado lucía un destacado ganadero que cuando Venegas afirmó que «la soja no es generadora de puestos de trabajo» recordó la propuesta de algunos empresarios muy mediáticos «que trabajan en campos ajenos, y que ahora quieren sustituir las retenciones por otro impuesto más sobre la tierra, como en la época de Alfonsín». «El esquema fiscal del campo debe ser el mismo que para los otros sectores, y no es aceptable que haya ganancias diferenciales a favor de los agricultores golondrina, que trabajan en campos ajenos», se quejaba el hombre mientras recordaba que este mismo personaje, fue protagonista en la crisis de los granos a fines de 2001.

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