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14 de octubre 2008 - 00:00

Dicen en el campo...

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Carlos Cheppi
... que, mientras para sorpresa de varios funcionarios, el «efecto jazz» se va transformando en «efecto zamba», y hasta no se descarta que lleve incluido un flor de malambo, el campo recibió una nueva tanda de lluvias que trajo alivio a otras varias zonas, y achicó un poco la cantidad de regiones que aún quedan en situación crítica de sequía, aunque esto no revierte el daño causado. Fue de las muy pocas noticias positivas de los últimos días, pues los anuncios oficiales sonaron a poco, a destiempo, y sin llegar al meollo de los asuntos, mucho menos cuando la conmoción internacional ya generó una cantidad adicional de contratiempos que en el interior aún no se sabe muy bien cómo evaluar, o hasta dónde van a dañar. Dicho de otra forma, después de meses (y hasta años) de sequía el gobierno finalmente anuncia $ 230 millones de ayuda que, obviamente, representan una aspirina para una pancreatitis, y mientras, comienza a llover y se desmorona el sistema financiero internacional. No alcanza para reponer la hacienda que murió, ni los terneros que no van a nacer por falta de preñeces, ni siquiera para comprar rollos y granos para reponer el estado corporal de los rodeos que lograron quedar en pie. Y ni hablar de las pérdidas agrícolas. Entonces, las medidas para atenuar el tsunami, ¿para cuándo habrá que esperarlas?, se preguntan algunos. Ahora comienza a llover, para el trigo ya no sirve y el maíz, que agronómicamente se vería beneficiado por la humedad, ahora está jaqueado por los costos, por el derrumbe de las cotizaciones y por la situación financiera internacional. Es como si siempre se corriera detrás (y muy lejos) de las cosas en lugar de preverlas. Algo de eso le hicieron saber al secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, días atrás cuando, en un acto en el conurbano bonaerense, lejos del corazón productivo agropecuario, grupos de asistentes le gritaban: «¡Ponete las pilas!», aludiendo a la falta de propuestas prácticas y concretas que permitan que la producción no termine de desmoronarse.

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... que mientras todavía se comentan algunas alternativas del cierre de la protesta en San Pedro la semana pasada, sobre la efectividad que tuvo sobre los mercados y la mucho menor respuesta en la asistencia, la lechería amenaza con tocar fondo. Es que la caída de demanda interna, el creciente costo de los stocks, especialmente de quesos, al que obliga el gobierno, y la suba de los insumos determinaron que algunas usinas comenzaran a dejar de comprar. Como el producto -la leche- es perecedero, los tamberos comenzaron a tirarlo, aunque ahora nadie acusa a las plantas de «no cuidar la mesa de los argentinos». Además, en varias zonas se regalan los terneros al no poder alimentarlos. Algo similar ocurre con los frigoríficos de exportación, obligados a mantener un encaje de 75% para el mercado interno, el que tampoco es lo que era. De ahí que varios dirigentes hayan comenzado a coincidir con el economista Ricardo López Murphy, quien ante el actual contexto internacional está recomendando liberar inmediatamente las exportaciones agroindustriales y quitarles todas las restricciones, entre otras cosas para poder mantener los niveles de mano de obra al menos en estos sectores, pues de otra manera caerán en forma significativa, y muy pronto. Por supuesto, la inquietud en el interior es creciente, en parte porque ya algunas empresas comenzaron a restringir la operatoria y a suspender personal, especialmente las que exportan, ya que, ante las fuertes devaluaciones, entre otros, de los países vecinos, quedan totalmente desfasadas e imposibilitadas de competir.

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... que, en este contexto, las apelaciones al patriotismo lanzadas desde el sector oficial no hicieron más que tensar la cuerda ya suficientemente tirante, y no sólo con funcionarios nacionales, también con provincias (en Buenos Aires, por ejemplo, no se sabe dónde está el encargado de Asuntos Agrarios, Fernando Vilela, pero la mayoría de las zonas en emergencia no fueron aún reconocidas). Otro caso es Córdoba, mientras que los «gurúes» del mercado de la primera parte del año, ahora la mayoría desaparecidos, también tienen su lugar, y no pocos los están buscando para que expliquen dónde están los precios internacionales sin techo, o las demandas mundiales sin límites que tanto promocionaron durante meses. Para colmo, algunos embates oficiales que pasaron inadvertidos por la protesta, como el que estaría registrando el Instituto de Promoción de Carne, o los desmedidos avances de la ONCCA, que de ser una oficina de control comercial (en realidad, de supervisión de la evasión fiscal en la cadena de la carne, cuando la ex Dirección General Impositiva no quería ocuparse del tema), ya prácticamente supera la envergadura de un ministerio, pero de crecimiento anárquico, por lo que sus determinaciones se superponen con las de otras áreas oficiales, incluso de mayor jerarquía, y no sirven para calmar las aguas. Los casos se multiplican a nivel provincial, y así como en San Pedro se pudo ver gran número de camionetas de Santa Fe con afiches con las fotos de los legisladores que votaron a favor de la Resolución 125 bajo el título de «Traidores a Santa Fe», en Corrientes cayeron como piedra los dichos del senador Fabián Ríos (FPV), que reemplazó al cordobés Roberto Urquía al frente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Aparentemente, el legislador tiene pretensiones de disputar la gobernación, por lo que ya anda de recorrida. Al justificar su voto afirmativo para la Resolución 125, afirmó que «no importa el porcentaje, pues la ley fija el tope de 35% para los impuestos, pero las retenciones no lo son». Como si fuera poco, sostuvo que, de todos modos, Corrientes no hubiera sido afectada pues «es muy raro ver soja, maíz o trigo». Para recordar.

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