El Comportamiento Físico-Funcional de los Suelos en Siembra Directa
El ambiente agrícola: un sistema complejo.
El proceso de producción agrícola es un sistema de múltiples variables en continua interacción, espacial y temporalmente. En este sistema llamado continuo suelo-planta-atmósfera cada propiedad no es un hecho aislado, sino que constituye una función de la planta, del suelo y del clima en forma conjunta.
La cantidad y tasa de absorción de agua y nutrientes por las plantas depende de la habilidad de las raíces de absorber la solución del suelo que está en contacto, como así también de la habilidad que tiene el suelo de suministrarla y trasmitirla hacia las raíces a una velocidad tal que permita satisfacer los requerimientos de transpiración y crecimiento.
Cualquier factor adverso que altere el crecimiento y actividad de las raíces, como capas compactadas, inadecuada aireación, temperatura y estado hídrico del suelo entre otros, puede afectar parcial o severamente la actividad radical y por lo tanto la capacidad de producción del cultivo.
Todo ello resalta la importancia de contar con un ambiente edáfico cuyas características funcionales le permitan a la planta expresar su potencial de producción.
Para que un suelo tenga óptimas condiciones de funcionamiento para el desarrollo de las plantas, debería presentar una estructura estable capaz de permitirle al vegetal la expresión de su potencial de crecimiento, sobre todo del sistema de raíces, sin impedimentos para la exploración del mayor volumen de suelo posible. Ello implica:
•Condiciones de superficie con buena estabilidad de agregados para una correcta entrada y circulación de agua y aire, y transferencia de calor en el suelo.
•Buena capacidad de almacenaje de agua y libre movimiento de la solución agua más nutriente desde el suelo a la raíz.
•Ausencia de limitaciones, ya sean genéticas (naturales) o inducidas, en la profundidad del suelo para el desarrollo de raíces.
La estructura funcional del suelo
La estructura, es decir la forma en que se ordenan las partículas (arena, limo y arcilla) del suelo domina todas sus propiedades físicas y por lo tanto su funcionamiento.
Una manera posible de entender la complejidad de dicho funcionamiento es centrando la atención en su sistema poroso, en donde se cumplen todos los procesos físicos, químicos y biológicos.
El sistema poroso del suelo impacta directamente sobre el balance de agua (entradas y salidas del sistema), en el funcionamiento hídrico (relaciones agua-planta), en la entrada y difusión de gases y de calor, y en el desarrollo y crecimiento de las raíces.
De todas las propiedades del suelo, la porosidad es tal vez la más fácil, frecuente y ampliamente alterada por las operaciones de labranza o manejo sin laboreo. De estos supuestos se desprende entonces, que el conocimiento del funcionamiento estructural del suelo, permitiría eficientizar la habilidad de manipular el ambiente edáfico, para aumentar la eficiencia de uso.
La relación entre la capacidad de almacenaje y el movimiento del agua en los suelos, con la porosidad es evidente y fundamental. Sin embargo no es solamente la cantidad total de poros en el sólido lo que define el comportamiento hídrico del suelo, sino también y en muchos casos de manera predominante, las características específicas del sistema poral, en términos de forma, tamaño y distribución.
Desde el punto de vista agronómico, la distribución de tamaño no solo incide sobre la cantidad de agua que puede retener el suelo, sino que regula la energía con que la misma está retenida, el movimiento hacia la planta, hacia la atmósfera y hacia otras zonas del suelo; procesos todos regulados por diferencias de estados de energía.
Las principales características que se deberían considerar cuando se analiza el funcionamiento del sistema poroso son su geometría y su estabilidad.
La geometría del espacio poroso incluye la distribución del tamaño de poros (DTP) y la continuidad de dichos poros. Ambas características son altamente modificables por la labranza o por los sistemas de no laboreo, destacándose la actividad biológica.
En SD como resultado de los canales de las lombrices e insectos, y de los que dejan las raíces de los cultivos y las grietas naturales, el sistema de poros que se genera permiten una mejor dinámica del agua comparado con sistemas con labranzas.
Generalmente los bioporos de canales de lombrices, insectos de suelos en general y raíces son más continuos, menos tortuosos y más estables que los macroporos creados por la labranza, resultando más efectivos para el movimiento del agua y del aire y para el crecimiento de nuevas raíces.


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