12 de noviembre 2004 - 00:00

El picudo del algodón ya afecta seriamente a costos

El picudo algodonero amenaza con afectar seriamente el cultivo del algodón en Sudamérica. Los bajos precios del algodón -en la actualidad- más los costos adicionales por la presencia de esta plaga, hacen que el valor de la producción de fibra sea inferior a su costo.

Recientemente, en Puerto Iguazú, las instituciones que representan a la actividad privada algodonera de Paraguay, Brasil y la Argentina, suscribieron un acuerdo para participar de un programa regional antipicudo diseñado por el COSAVE, que abarca cuatro países (incluye también a Bolivia).

En este anteproyecto queda clara la necesidad de una dirección eficaz y una auditoría técnica y económico-financiera eficiente, para que la puesta en marcha del Plan Quinquenal -por aproximadamente 105 millones de dólares- pueda cumplir con los objetivos de erradicar la plaga donde sea posible y suprimirla a su mínima expresión. La iniciativa tendrá diferentes criterios según las características de cada país, pero deberá ser armonizada para que el fin sea uno solo: que el picudo tienda a desaparecer, y el agricultor tenga rentabilidad. Del éxito de este programa depende el ingreso de miles de pequeños productores, además de la viabilidad de un insumo estratégico para toda la cadena de valor textil.

• Proyecto

Mientras se espera la confección y aprobación final del proyecto, el SENASA deberá trabajar con el Paraguay para desinsectar a fondo toda la región de Ñeembucu, que es el origen de los picudos que vienen a la Argentina.

En el Cerrito, al este de ese departamento del Paraguay, se cosechan -por efecto de la acción del picudo- sólo 900 kilos por hectárea en lugar de los 1.800 habituales. Cuando termina la cosecha, los picudos paraguayos levantan vuelo y son llevados por los vientos a Corrientes, Chaco y Formosa, infestando nuestros campos. Las 5.000 hectáreas que sembrarán este año los 8.000 agricultores pequeños de Ñeembucu son la fuente de nuestro problema. El mínimo tamaño por lote demuestra el poco poder financiero de estos productores y la necesidad de que sea nuestro SENASA el responsable de que los trabajos de desinsectación se realicen correcta e intensamente, puesto que será más caro si la plaga infesta nuestro territorio.

Por ello, el SENASA debería tomar algunas medidas importantes: a) Rediseñar su programa anual para darles máxima prioridad al monitoreo y la desinsectación del Departamento de Ñeembucu. b) Mantener eficientemente la red de trampas en el territorio de Ñeembucu, Corrientes, Chaco, Formosa y Santa Fe, principalmente. Para esto, el Consejo de Administración deberá ocuparse de que las licitaciones de los insumos, que se realizan con créditos del BID, se hagan correctamente, para que los instrumentos lleguen en tiempo y forma. c) Las pulverizaciones necesarias se deberán hacer sin pérdida de tiempo, donde haya presencia de la plaga. d) Los rastrojos deberán ser destruidos rápidamente para que el picudo no pueda reproducirse después de la cosecha. Cada vez se hace más difícil limitar la expansión de los focos de infestación. Los beneficios que sacaron algunos productores, como los de Formosa, que fueron subsidiados por las pulverizaciones del SENASA, no se podrán generalizar por falta de fondos.

Estamos llegando a un presupuesto anual de control de 3 millones de dólares (incluyendo Ñeembucu) que implica alrededor de 2% del valor de la producción (si se cosechan 100.000 toneladas de fibra en 2005); las provincias, la Nación y las desmotadoras deberán poder ser parte de este presupuesto, hasta ahora cubierto casi en su totalidad por los hilanderos y el BID.

El costo de insecticidas para controlar 450.000 hectáreas son otros 45 millones de dólares. El costo real será de casi 60 millones anuales, si es que el precio permite sembrar algodón. Este es el costo de tener el picudo en la Argentina, y la razón por la que debemos hacer inversiones importantes ahora, para no perder sumas enormes después. Si la plaga se reproduce y extiende su área de acción, la Argentina perderá por lo menos 10% de su producción (14 millones de dólares).

Nuestros hermanos brasileños, que producen muchos más kilos por hectárea que nosotros con un enorme costo de producción, tampoco pueden soportar la presencia de la plaga con los precios internacionales actuales. Por ello presionan a su gobierno para que impulse el plan mencionado.

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