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El ex secretario de Planeamiento Estratégico de la Presidencia de la Nación afirmó que «2004 ha sido el año de mayor crecimiento en la economía mundial de los últimos 30 años; todas las regiones del mundo se desarrollaron sin excepción». Este fenómeno también está impulsado por la fuerza de la demanda de EE.UU., que crece a 7% anual y es equivalente a 50% de la demanda mundial.
También responde al crecimiento económico y social de China, que es el principal consumidor mundial de commodities y ya se convirtió en tercera potencia mundial, luego de EE.UU. y Alemania.
Las cifras de EE.UU. son escalofriantes: su PBI alcanzará los 11 trillones de dólares en 2005 y configurará 30% del PBI mundial. El consumo de EE.UU. es el más alto del mundo y eso se traduce en el déficit de la balanza comercial y de cuenta corriente.
La clave de esta expansión -que no es estacional sino estructural- está en el aumento de la productividad, que alcanzó su mayor nivel desde 1948. A su vez, este fenómeno es consecuencia de una gigantesca oleada de inversiones que se efectuó en la década del '90, sumada a la conversión de EE.UU. en una economía de la información.
Como contrapartida, el país del Norte tiene un gran déficit de cuenta corriente, que ascenderá a 6% del PBI en 2005. No obstante, hay suficientes flujos de capital extranjero para compensarlo, a pesar de la depreciación del dólar, que alcanzó 30% en los últimos años. «Actualmente, EE.UU. recibe más capitales provenientes del mundo para comprar activos que en cualquier otro momento de su historia», destacó Castro, para quien lo decisivo en ese país no es el valor de su moneda o el déficit comercial, sino la confianza expresada a través de los capitales que recibe.
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