Es realmente un verdadero despropósito que en nuestra querida Argentina tengamos un problema de esta magnitud. Evidentemente, es por todos conocido que el conflicto fue generado, provocado y promovido por el gobierno contra el campo, y con él arrastró a toda la ciudadanía sin distinción alguna de sectores.
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Como productor me siento reconfortado por la unión y cohesión de las entidades para tratar de solucionar este torbellino.
Adhesión que también tuvimos en todas las ciudades y pueblos, originando un verdadero efecto maceta, en donde muchos que como toda tierra tenían ese elemento con sus plantas y tampoco dudaron en salir a manifestar su apoyo.
Creo que es oportuno hacer algunas reflexiones ante el cariz que están tomando las actuales circunstancias. En primer lugar, el hombre de campo no sabe ni quiere pelear contra ningún gobierno. Respeta la voluntad popular de una elección democrática y desea fervientemente ser escuchado y comprendido por quien gobierna.
Confrontar, dividir, no es el camino. Al cambiar permanentemente de interlocutores no permite un avance, sólo se logra dilatar el tiempo y espacio con el perjuicio conocido para todos.
Como hombre del interior, hijo de productor y nieto de inmigrantes, veo con preocupación convertirme a futuro en padre o abuelo de emigrados.
Al querer a mi país y tener un profundo compromiso con él, no puedo renunciar a proponer algunas sugerencias al gobierno nacional, encabezado por su Señora Presidente, Cristina Fernández. Considero que todo sería mucho más fácil si se visitara y conocieran los sistemas productivos.
Los legisladores nacionales deben ser verdaderos representantes del interior ante el gobierno nacional, no ser edecanes o representantes del gobierno en las provincias. Es por todos conocido que lamentablemente esta regla la cumplen sólo honrosas excepciones. Cambiar esto es vital para la comprensión y conocimiento verdadero de la Argentina.
Desconocer la historia y geografía, materias elementales en todo proceso de formación, nos lleva a no comprender verdaderamente los potenciales de nuestra nación y no nos hacen obrar en la dirección correcta.
Los hombres de campo tenemos por ley fundamental la palabra. Repárese cuántas veces ésta no ha sido cumplida. Estamos ávidos de trabajar, con reglas de juego claras.
Cuando se interpone una resolución, se debe hacer antes del comienzo de un ciclo. En los cultivos es perfectamente viable, lo que es inaudito es la secuencia de medidas de aumento en las retenciones de lo que sembramos y que todavía estamos cosechando, como la soja, entre otras.
Tener previsibilidad hace a la seriedad, a la planificación y a no dudar del crecimiento con desarrollo sustentable. Crecer sin desarrollo no sirve.
El hombre de campo no debe abandonar su hábitat, lamentablemente cada día se lo empuja más para que lo haga. Al no tener caminos, seguridad, electrificación, educación, salud, y todo esto acompañado de un sinnúmero de medidas equivocadas, como retenciones, compensaciones, subsidios cruzados, no comprendidos, intervención de mercados, precios máximos, suspensión y/o restricción de exportaciones, etc., que nos alejan cada día más de los consumidores del país y el mundo.
Si se condiciona la oferta con una batería de medidas equivocadas, lo único que se logra es aumentar su déficit y perjudicar cada vez más a los que producimos y consumimos.
Consecuencias que sufre y sufrirá cada vez más nuestro pueblo si esto continúa.
Es realmente penoso ver el porcentaje de hembras que van a faena, ya en el increíble guarismo del 50%. Esa potencial fábrica se cierra y no se abre, y la que queda se relocaliza en otro lugar más difícil con la consecuente baja de productividad. Países vecinos crecen, con distintos gobiernos. Si Brasil lo hace, Uruguay, Paraguay, también, ¿por qué no nosotros?
Crecer no es un pecado. Es una bendición y una verdadera posibilidad que hay que aprovechar para subir más gente al tren del se puede.
Basta de cerrar ramales por la inacción de continuar con el camino equivocado. Es fundamental poner en pleno funcionamiento el mecanismo productivo de nuestro país, esto se logra con justo precio. Es deber del gobierno abrir mercados, no cerrarlos. Limitarlos o cuantificarlos nos asilará del mundo, y seremos objeto del estudio de hombres de ciencia del orbe para comprender la impericia argentina. Siempre se habló de futuro, como una esperanza, como una posibilidad. ¡A no dudarlo hoy eso está! Sólo hay que aprovecharlo y comprenderlo.
Los ciclos biológicos se deben respetar y conocer, atentar contra ellos es atentar contra el país y sus instituciones.
Por ello reitero la invitación a conocer in situ al campo a quienes gobiernan en todos los poderes. Esto será sumamente enriquecedor para todos. Reitero también que no confrontamos con nadie. Sólo tratamos de no ser felpudos. Queremos que se comprendan los procesos productivos y se actúe en consecuencia. Todavía se puede, continuar este enfrentamiento no será bueno para nadie, y habrá un solo perdedor, la Argentina.
Al ser habitantes de esta noble y no comprendidanación, deseamos fervientemente que se comprenda esto, y tengamos encendida la llama del se puede. Siempre y cuando no se atente contra el crecimiento y desarrollo.
Señora Presidente, usted debe y puede hacerlo. Los hombres del campo la acompañarán. Sólo déjenos hacerlo. No olvide que somos los únicos que llevamos la doble escarapela. La celeste y blanca con orgullo en nuestro pecho. La otra con el color de nuestra cara, cuello y callos en las manos, consecuencia de nuestra actividad y compromiso con el campo.
Como decimos nosotros, los pingos se ven en la cancha. Por favor, no nos la cierren y cercenen la ilusión de un país mejor, justo y vivible para todos.
Queremos fervientemente tener un 25 de Mayo en paz. Con alegría para todos y ver que es posible seguir sembrando y conservando el mejor rodeo vacuno del mundo en nuestra nación. Usted, Señora, tiene la palabra.
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