23 de mayo 2007 - 00:00

"Gobierno se equivocó con algunas medidas"

Cuando me he planteado en qué Argentina quiero vivir, no tengo dudas en responder: en la Argentina de la libertad, equidad y comprensión.

Estoy convencido de que estas pautas deben prevalecer en toda su amplitud y, sobre todo, ser testimoniales en cada uno de los ciudadanos, valiéndose para esto de los sentidos. Las imágenes de los tres monos de la sabiduría o místicos -donde uno se tapa la boca, el otro los oídos y el último sus ojos, que son el símbolo de la negación en abstracto-nos llevan a la sensación de ausencia de libertad, equidad y comprensión cuando las asociamos a un país.

Recordando la frase de Maquiavelo: «Los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encuentra siempre a alguien que se deja engañar», considero que sería terrible para un país que la ciudadanía tape sus ojos, sus oídos y su boca ante las necesidades del momento y en la búsqueda de un bienestar totalmente coyuntural, aun sabiendo que es engañada.

La semana pasada, un periodista me decía que al recorrer él las pasarelas de Liniers veía cómo se había transparentado la comercialización de la hacienda; mientras lo escuchaba, no podía comprender cómo una persona, sabiendo que se firmó un acuerdo en el que se referencia el valor de la hacienda en pie a la salida de los frigoríficos, puede pensar que dicho mercado trabaja libremente.

  • Retenciones

  • La imagen de los tres monos en alguien que no quiere ver una realidad, que se niega a escuchar algo que no le conviene y que prefiere no difundir la verdad, volvió a mi mente.

    Hablando con un industrial, le comentaba que el campo no podía aprovechar la ventaja de la alta relación cambiaria por las retenciones a las exportaciones que sufrían todas nuestras producciones; mirándome -no sabía que estaba invirtiendo en una nueva planta industrial para exportar-, me decía: «Ustedes, los del campo, siempre se quejan, pero los de la soja están contentos». Traté de sacar las manos de mis ojos y razoné: «Es verdad, no podemos negar algo real»; luego me pregunté: ¿por qué todos se destapan la boca cuando hablamos de la soja y cuando les comento sobre la difícil situación de la ganadería, de la lechería, del trigo, ponen sus manos sobre sus ojos, sus oídos y sus bocas?

    Cuando le explicaba a un dirigente-amigo mi rechazo a los «regalos» del gobierno porque íbamos a entrar en el mundo del clientelismo que se está organizando en el país y ponía como ejemplo el último acuerdo de la carne, por el cual el gobierno parecía Papá Noel que regalaba 50 millones de pesos por acá, 80 millones por un lado y 150 millones por el otro, me respondió: «Yo tampoco estoy de acuerdo con las compensaciones y los subsidios, pero, con esta gente, algo tenés que agarrar».

    El presidente Néstor Kirchner dijo que su posición era la de negar todo para luego dar un poco, como lo hizo con los del campo. Sería muy malo para el país no ver que ciertos sectores del campo están en una situación difícil y no necesitan un poco, sino lo que corresponde; no escuchar a los que les explican que las herramientas que usan en esta política de precios son perjudiciales para la Argentina -alejan la inversión en sectores como la carne, la leche, el trigo y algunas economías regionales-y no decir que con el aumento de las retenciones a las carnes, el cierre de las exportaciones, los precios de referencia y las intervenciones en los mercados, el gobierno se equivocó.

  • Luchar

    Cueste a quien le cueste, debemos luchar por las cosas que consideramos correctas, aunque algunos las califiquen de utópicas. No podemos permanecer ciegos, sordos y mudos, consintiendo cosas que no nos gustan, porque nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos nos van a preguntar: «¿Qué hicieron cuando se tomaron estas medidas?, ¿se cubrieron los ojos, los oídos y la boca como los monos?».

    * Vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)
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