Hay que descubrir cómo llegó el virus

Campo

Cuando tratamos razonablemente de entenderlo que nos pasó con el brote aftósico en Corrientes, llegamos a la conclusión de que algo falló. Aunque pareciera hasta el momento, escuchando a todos los actores, que fue obra de la «casualidad».

En un país que siempre se caracterizó por «sacarse el lazo de encima», donde siempre la culpa la tiene el otro, es muy difícil encontrar culpables. El «yo no fui, fue el otro» es una buena manera de tapar las ineficiencias, los arreglos, las corrupciones, porque echándole la culpa al otro, lo propio luce como « perfecto». Nos quieren obligar, cuando algunos dicen para sostener esta hipótesis de la casualidad: «Y... ¡¡¡No sabemos qué pasó!!! El establecimiento vacunó, no había actividad viral en la zona con seguridad hace cuatro meses, los papeles están en regla, es un establecimiento cerrado y no hubo movimientos extraños en la provincia, ya que investigamos por otros casos sospechosos y no se encontraron anormalidades», como en los dogmas de fe, hacernos comprender lo que la razón no puede descifrar. Pero, a diferencia de lo celestial, en esta afirmación está lo terrenal, lo material, que está empapado de toda lógica.

Y en este bombardeo de preguntas que la misma lógica nos propone, en el caso de la aftosa en Corrientes sobresale una: ¿Y al virus «O», quién lo trajo al país? Podemos ir rechazando preguntas como: ¿falló la vacuna? Cuando todo el mundo sabe que la calidad y el riguroso control de la misma nos aseguran su eficiencia. O aquella: ¿se rompió la cadena de frío? -¿Y en tres ocasiones se rompió? No nos olvidemos que estamos hablando de animales entre 18 y 24 mesesteniendo como repuesta que en biología no existe el riesgo cero y puede suceder.

• Huésped natural

Podemos aceptar que el establecimiento donde apareció el foco estaba sanitariamente perfecto, pero la pregunta del millón es: ¿de dónde vino el virus? Y la realidad nos indica que la mejor forma de transportarlo es a través de su huésped natural, donde se desarrolla, es decir: uno o varios animales vacunos.

Y acá entramos en un tema muy importante y fundamental para estos casos: el control. ¿Cómo una vaca o vaquillona o ternero o cien vacas, vaquillonas o terneros pueden hacer 300 o 400 kilómetros sin controles?
¿Puede haber en algunos lugares de la Argentina, como se dice en la jerga policial, «zonas liberadas»? ¿Puede haber todo un sistema aceitado de entrada y salida de hacienda, de un campo o una zona, aprovechando las ventajas económicas? Y en este amplio abanico de posibilidades no debemos dejar nada afuera, desde el sinceramiento regional, entre países vecinos, sobre este mal que nos afecta, la actitud de muchos « seudoproductores» de jugar con fuego y hasta la inoperancia por dejar transitar hacienda con documentación falsa.

Debemos trabajar sobre todas las hipótesis posibles. Y por el bien de la ganadería argentina tenemos que encontrar realmente el problema,
tenemos que descubrir «quién puso el virus».

Que no queden dudas dando vueltas, sobre todo dado los últimos acontecimientos en el país con la carne. Que esto no se convierta en un nuevo escenario donde todo fue mágico y no hay responsables. Sólo encontrando al o los culpables podremos pensar que realmente el país está cambiando.

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