16 de junio 2006 - 00:00

Inquietud por las tierras productivas

Productores están preocupados por la sustentabilidad económica de las explotaciones agropecuarias.
Productores están preocupados por la sustentabilidad económica de las explotaciones agropecuarias.
Hoy en Latinoamérica se está dando un gran debate sobre la propiedad privada y no me cabe la menor duda que esto está directamente asociado con un nuevo mapa de poder instalado en el continente, con una clara tendencia hacia «lo social».

Dentro de esta realidad, hay países cuyos gobernantes entienden que la posesión de un bien por parte de los privados debe cumplir un rol social, generando riquezas que luego deben ser distribuidas en la sociedad con la participación del Estado como regulador a través de mano de obra, complementación productiva y/ o generación de valor agregado.

Otros, en cambio, piensan que debe ser directamente el Estado el que tiene que tomar posesión del bien para distribuir esta riqueza, pudiendo emplear dos herramientas para lograr el objetivo: quedándose con la propiedad o quedándose con su renta.

El primer método tal vez es más engorroso y su implementación ya fracasó en otros países, por lo que acarrearía el rechazo social. En esto juega, sin duda, el respeto de las leyes, la independencia de poderes, la tradición y el arraigo de cada país; en el nuestro, por tener una Constitución que resguarda la propiedad privada, cuya sociedad creció con el respeto por la misma, es difícil su avasallamiento, lo que no impide que en algunas provincias gobernadas con ciertos rasgos de autoritarismo en unos momentos y de libertinaje en otros, eso no suceda.

En el contexto internacional, la lección por la caída de los «muros» como consecuencia del descontento de la misma gente que trataba de contener esas barreras cambió el concepto de «propiedad», aunque aún quedan algunos resabios que, a no dudarlo, despiertan la admiración de algunos gobernantes.

Hay quienes entienden que la tenencia de una propiedad productiva implica la necesidad de trabajar, por lo tanto, en muchos casos, sobre todo cuando el mensaje es el del facilismo, no es populista proponer trabajo, de modo que la posesión se convierte en un problema.

A causa de todo esto nace una segunda alternativa: quedarse con la renta de la propiedad. Es menos notoria, es más fácil de explicar en ciertos ámbitos sociales y es más atractiva para lograr el propósito de permanencia, ya que origina divisas a repartir con fines electoralistas para conseguir perpetuarse en el poder y crea una conciencia de división en el país al aseverar que el tener un bien y hacerlo producir solo es sinónimo de riqueza.

Si se analizan las pautas de un sistema para el que el objetivo es apropiarse de la renta, observamos a la larga la formación de un círculo vicioso donde la desaparición de la renta no sólo provoca la desaparición del bien sino que genera consecuencias secundarias, como la falta de mano de obra y la falta de divisas, lo que potencia la búsqueda de nuevas rentas para compensar a los que quedan en el camino por falta de ganancias.

  • Límites

    ¿Cuál es el límite de esta extracción para romper con el sistema?

    En el caso de un «bien natural no renovable» está en que la presión obligue al aumento de su producción hasta que se agote. En el caso de un «bien natural renovable» está en que la presión sea tan alta que, o se tome en cuenta parte de ese bien como ganancia, nutrientes y estructura, convirtiéndolo en «no renovable» o se transforme en una herramienta financiera, incentivando la producción en escala, incorporando inversiones inestables y especulativas, haciendo desaparecer al mediano y pequeño productor al no alcanzarle para vivir, disminuyendo la actividad económica de los pueblos del interior y corriendo el riesgo de que si el negocio no da una ganancia mínima por los aumentos de costos o disminución de precios internacionales, se deje de producir.

    Si no tiene la provisión de materia prima asegurada a lo largo de los años cualquier industria, en algún momento, dejará de serlo. Si es una industria cuya materia prima es un bien no renovable, por ejemplo una petroquímica, funcionará hasta que haya petróleo. Si industrializa un bien renovable, es el caso de las agroindustrias, depende de si la rentabilidad de los que producen su materia prima es suficiente para hacerla sustentable ecológica, social y/o económicamente. Si no lo es, la producción se convertirá en minera o de sustitución especulativa, agotándose en el tiempo.

    En toda ecuación de márgenes económicos, la ganancia está dada por la diferencia entre costos e ingresos. Dentro de los costos directos e indirectos, presión impositiva incluida, en una explotación de recursos renovables debemos tomar en cuenta el correspondiente a la tarea que convierte al bien en sustentable.

    Esta premisa es la que tira abajo algunas teorías del reparto de «la renta social de los recursos naturales» lideradas por algunos economistas, en las que no tienen en cuenta, por basarse en viejos conceptos, la producción en el tiempo de los recursos naturales renovables.

    No hay posibilidad de sostener en el tiempo la producción de la tierra si no se considera lo ecológico, lo económico y lo social; si alguno de los tres vértices falta, el sistema se rompe.

    Así, en el caso de la explotación agropecuaria, en la sustentabilidad ecológica no nos podemos olvidar de la incorporación de nutrientes y la conservación de la estructura. En la sustentabilidad económica, el retiro empresarial debe ser suficiente para que el productor pueda vivir dignamente, con un mínimo confort, se haga cargo de la educación de sus hijos y se desarrolle humanamente en su ámbito.

    En la sustentabilidad social, la renta debe ser suficiente y quedar para el desarrollo económico, cultural y social del medio ambiente donde se encuentra el bien.

    Cuando se altera alguna de estas premisas, obviamente, se resiente la producción.

    De este marco de realidades depende la «propiedad del suelo»; poseer el título del campo no significa tener el campo. Tener la tierra significa cumplir con la obligación social de producir alimentos para un mundo más necesitado, vivir dignamente de su producción, conservarla, derramar parte de la riqueza en el pueblo donde vivimos y pagar impuestos equitativos y justos para el desarrollo de la Nación.
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