Inquietud por las tierras productivas
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Productores están preocupados por la sustentabilidad económica de las explotaciones agropecuarias.
A causa de todo esto nace una segunda alternativa: quedarse con la renta de la propiedad. Es menos notoria, es más fácil de explicar en ciertos ámbitos sociales y es más atractiva para lograr el propósito de permanencia, ya que origina divisas a repartir con fines electoralistas para conseguir perpetuarse en el poder y crea una conciencia de división en el país al aseverar que el tener un bien y hacerlo producir solo es sinónimo de riqueza.
Si se analizan las pautas de un sistema para el que el objetivo es apropiarse de la renta, observamos a la larga la formación de un círculo vicioso donde la desaparición de la renta no sólo provoca la desaparición del bien sino que genera consecuencias secundarias, como la falta de mano de obra y la falta de divisas, lo que potencia la búsqueda de nuevas rentas para compensar a los que quedan en el camino por falta de ganancias.
¿Cuál es el límite de esta extracción para romper con el sistema?
En el caso de un «bien natural no renovable» está en que la presión obligue al aumento de su producción hasta que se agote. En el caso de un «bien natural renovable» está en que la presión sea tan alta que, o se tome en cuenta parte de ese bien como ganancia, nutrientes y estructura, convirtiéndolo en «no renovable» o se transforme en una herramienta financiera, incentivando la producción en escala, incorporando inversiones inestables y especulativas, haciendo desaparecer al mediano y pequeño productor al no alcanzarle para vivir, disminuyendo la actividad económica de los pueblos del interior y corriendo el riesgo de que si el negocio no da una ganancia mínima por los aumentos de costos o disminución de precios internacionales, se deje de producir.
Si no tiene la provisión de materia prima asegurada a lo largo de los años cualquier industria, en algún momento, dejará de serlo. Si es una industria cuya materia prima es un bien no renovable, por ejemplo una petroquímica, funcionará hasta que haya petróleo. Si industrializa un bien renovable, es el caso de las agroindustrias, depende de si la rentabilidad de los que producen su materia prima es suficiente para hacerla sustentable ecológica, social y/o económicamente. Si no lo es, la producción se convertirá en minera o de sustitución especulativa, agotándose en el tiempo.
En toda ecuación de márgenes económicos, la ganancia está dada por la diferencia entre costos e ingresos. Dentro de los costos directos e indirectos, presión impositiva incluida, en una explotación de recursos renovables debemos tomar en cuenta el correspondiente a la tarea que convierte al bien en sustentable.
Esta premisa es la que tira abajo algunas teorías del reparto de «la renta social de los recursos naturales» lideradas por algunos economistas, en las que no tienen en cuenta, por basarse en viejos conceptos, la producción en el tiempo de los recursos naturales renovables.
No hay posibilidad de sostener en el tiempo la producción de la tierra si no se considera lo ecológico, lo económico y lo social; si alguno de los tres vértices falta, el sistema se rompe.
Así, en el caso de la explotación agropecuaria, en la sustentabilidad ecológica no nos podemos olvidar de la incorporación de nutrientes y la conservación de la estructura. En la sustentabilidad económica, el retiro empresarial debe ser suficiente para que el productor pueda vivir dignamente, con un mínimo confort, se haga cargo de la educación de sus hijos y se desarrolle humanamente en su ámbito.
En la sustentabilidad social, la renta debe ser suficiente y quedar para el desarrollo económico, cultural y social del medio ambiente donde se encuentra el bien.
Cuando se altera alguna de estas premisas, obviamente, se resiente la producción.
De este marco de realidades depende la «propiedad del suelo»; poseer el título del campo no significa tener el campo. Tener la tierra significa cumplir con la obligación social de producir alimentos para un mundo más necesitado, vivir dignamente de su producción, conservarla, derramar parte de la riqueza en el pueblo donde vivimos y pagar impuestos equitativos y justos para el desarrollo de la Nación.



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