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4 de enero 2013 - 14:25

La rentabilidad de la soja y el discurso erróneo

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La rentabilidad de la soja y el discurso erróneo.
ín Laborda (UNLP)


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En el período iniciado en 2003 los productores han gozado de un ciclo de rentabilidad inaudito en la historia nacional. Si bien es cierto que la última campaña ha sido influida por una fuerte sequía, en la actualidad las condiciones para la producción sojera continúan siendo extraordinariamente beneficiosas, aun cuando se escuchan voces que hablan de la dramática situación de los productores.

Consideraciones macro
Aunque algunos distritos tienen una importante superficie bajo el agua, la generalidad de los productores está en una situación de bonanza indudable. Algunos datos macroeconómicos permiten desconfiar de las voces que afirman que el sector agrícola estaría pasando por una situación desesperante.

El precio de la tierra en dólares muestra un comportamiento creciente desde el 2003, y sería muy raro que ese crecimiento se diera ante una situación desfavorable para la producción agrícola.

En la zona históricamente denominada maicera, que incluye a la actual zona núcleo sojera, la variación del precio desde 2002 ha sido de un 532% en dólares, lo que representa valores actuales del orden de U$S 17.000 por hectárea. Las zonas triguera y de cría muestran un incremento aún mayor, de más de 600% y 750%, respectivamente.

Otro indicador que pone en duda la crisis sectorial es la superficie cultivada. La frontera agrícola muestra una fuerte expansión, ya que la cantidad de hectáreas sembradas crecieron un 33% desde la campaña 2000-2001. El cultivo que más creció en ese período fue la soja, en un 75%.

Los ingresos del productor
Si se comparan los casos de un productor de Santa Fe y otro de Santiago del Estero, se puede reflejar qué ocurre en las zonas más y menos aptas para la soja, calculando los márgenes brutos esperados y observados para mostrar cómo han sido las perspectivas de rentabilidad al momento de la siembra y la rentabilidad efectivamente obtenida al momento de comercializar la cosecha. En el tercer gráfico, el margen bruto esperado para el año 2012 refiere a la campaña 2012-2013, y el margen bruto observado 2012 refiere a la campaña 2011-2012.

Se observa que los márgenes esperados en Santiago son récord y en Santa Fe, apenas 1 dólar por debajo de la campaña anterior, que fueron máximos. Esto significa que a septiembre de 2012, el escenario para la campaña 2012-2013 se mostró muy favorable. Por otra parte, si se consideran los rendimientos observados, se ve que fueron influidos por las sequías de 2009 y 2012, resultando para la campaña 2011-2012 márgenes menores a los esperados. Esto no significa, sin embargo, que el conjunto de los productores esté en una difícil situación.

De los ingresos del productor a la rentabilidad
Presentando los datos en un cuadro con el ROE bruto observado (margen bruto observado/capital circulante) por zona y de acuerdo a si el productor es propietario o arrendatario, también se aprecia que la rentabilidad sectorial es muy elevada.

Incluso para los arrendatarios de Santiago del Estero, los retornos obtenidos superan en todos los casos el 23%, siendo este el peor resultado en la campaña 2008-2009. Los propietarios de la zona núcleo, por cada peso invertido reciben como mínimo $2.3, llegando a $3 en las mejores campañas. Esta rentabilidad es muy poco usual en la producción primaria a nivel mundial y en la gran mayoría de los sectores económicos del país.

El discurso intencionalmente erróneo
Los representantes de las patronales agropecuarias insisten en lo inadecuado de la política sectorial y en sus catastróficas consecuencias, pero la evidencia establece que no sólo la rentabilidad sojera es muy elevada, sino que incluso en las malas campañas y para productores que no son propietarios de su parcela, ésta es superior a otras empresas del país. Sólo así se explica el crecimiento del área cultivada y de los precios de la tierra en dólares año tras año.

Muchos sectores de clase media o baja apoyan a los ruralistas en la discusión por los derechos de exportación, sosteniendo una posición que indudablemente los perjudica. Esto no hubiese sido posible de no existir un proceso de desinformación sistemático.

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