Por Guillermo Hang (Economía del Bicentenario). Los representantes de las entidades rurales, meses atrás, habían expresado la posibilidad de no comercializar su producción, "a ver qué hace el gobierno". Con la muy buena campaña de este año, el ritmo de liquidación podría ser mayor, pero los productores optan por retener su producción, a la espera de mayores precios (aún cuando son altos) o una tasa de devaluación más alta. Así, la estrategia de acopio puede tener sentido para algunos productores en particular, pero no se explica en el agregado, si es que existe una situación "insostenible".
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Repasemos algunos hechos que son de conocimiento público y que muchas veces se tratan de esconder: el ciclo de rentabilidad iniciado en 2003 ha sido uno de los más prósperos para el agro argentino en su historia. La superficie agrícola implantada no ha dejado de crecer en estos últimos años, situación que se condice con la existencia de precios elevados en los mercados internacionales. Estos niveles de precios han condicionado los valores de la tierra, que se han más que quintuplicado en dólares desde el año 2002, llegando a valer en pesos más de 13 veces más.
Dentro de este panorama general, la soja es la "estrella": es el cultivo más sembrado en el país por lejos y la superficie destinada a ella no ha dejado de crecer en todos estos años, alcanzando los casi 18,7 millones de hectáreas en la campaña 2011-2012. La soja sola representa un 163% del área dedicada a los otros tres mayores cultivos del país, proceso que se ha denominado "sojización" y ante el cual el Gobierno intentó intervenir a través de la instauración de los derechos de exportación móviles.
Las perspectivas para esta campaña son buenas. El Ministerio de Agricultura argentino y el Departamento de Agricultura de EE.UU. estiman que la cosecha rondará los 51 millones de toneladas, lo que en conjunción con los buenos precios internacionales, augura una campaña muy exitosa, aunque sin alcanzar los valores récord de algunos años anteriores.
¿Cómo un sector que presenta esta evolución podría estar al borde quiebra?
Claramente no lo está. Meses atrás, Buzzi, el presidente de Federación Agraria instó a los productores a no comercializar la soja, para que el Gobierno viese complicado el manejo del sector externo. Desde Coninagro lo cruzaron, diciendo que quien plantea no vender soja no vive del campo.
También el arriba mencionado presidente de la Sociedad Rural, en un descuido que lo mostró más sincero, afirmó que "si guardás la soja, de esa manera pasás el año sin sobresalto; en cambio, si vendés todo hoy, sufrís el impuesto a la inflación", mostrando implícitamente que los productores están en condiciones de especular y que no están tan "apretados" como lo dicen. Con los precios actuales, y sin la seguridad de que vayan a mantenerse por mucho en estos niveles, dada la volatilidad que caracteriza a estos mercados, nadie que estuviera realmente desesperado se decidiría por no vender.
Los datos relativos a los ingresos de los productores parecen confirmar lo que venimos sosteniendo. El margen bruto para los productores de la Zona Núcleo sojera (referenciados con un rendimiento de 3,8 tn por hectárea) este año es superior al de campañas anteriores, según datos de la revista Márgenes Agropecuarios. Los márgenes para productores de tierras menos fértiles, como los de Santiago del Estero (2,8 tn por ha.), se mantienen en niveles elevados aunque no llegan al récord de años atrás.
Entonces: ¿cuál es el objetivo de las amenazas y los reclamos?
Los productores rurales buscan abultar aún más sus márgenes de rentabilidad, para lo cual necesitarían de una caída de los derechos de exportación, de una devaluación fuerte, o de una combinación de ambas medidas. Así, sus ganancias se incrementarían, sólo que a costa de la situación de la mayoría de la clase trabajadora, cuyos ingresos reales se deteriorarían por los aumentos en los precios de los alimentos, que provocarían tanto la devaluación como la disminución de derechos. . Como el Gobierno no muestra intenciones de "bajar las retenciones", el sector rural está intentando instalar la idea que los productores no venderán soja. Saben que las divisas ingresadas por la soja tienen una importancia mayor para el manejo del mercado cambiario, la acumulación de reservas y el pago de deuda. Sin embargo, cuando el Gobierno reconoce una situación crítica como en el caso del trigo y actúa en consecuencia, tampoco esto satisface a los ruralistas.
Lamentablemente, en esta coyuntura, los productores rurales más ricos vuelven a comportarse como en años anteriores, velando sólo por sus intereses particulares. A tal punto, que para ganar más no les interesa poner en riesgo la estabilidad social y la situación económica de la mayoría de los compatriotas, logrados en buena medida a través de la acertada política de transferencia de la renta agraria extraordinaria al estado y, mediante él, a otros estratos de la sociedad a través de políticas sociales, educativas y de infraestructura, entre otras.
Para concluir: que la soja sea el complejo que actualmente más divisas aportas al país y que los precios internacionales se mantengan altos no es un bálsamo o el "viento de cola" que muchos afirman. Es un viento que por sí solo nos devuelve a la Argentina agroexportadora, añorada por algunos, que olvidan (o no les interesa) que los niveles de desigualdad y la concentración del ingreso eran fenomenales.
La soja es un cultivo que genera poco empleo, tiene relativamente pocos encadenamientos productivos y el valor agregado por la industria sojera consiste procesos productivos poco complejos, que utilizan tecnología importadada. No es de gran utilidad para abastecer el mercado interno y sus consecuencias agro-ecológicas son aún hoy eje de debate. Además, la "sojización" implica una mayor dependencia de la economía del país con lo que suceda en este sector específico. Los años de bajo crecimiento, 2009 y 2012, comenzaron con fuertes sequías.
Otros cultivos y producciones que también han experimentado subas de precios estarían en condiciones de aportar las divisas necesarias para el desarrollo del país, pero generando mejores condiciones internas en el acceso a los alimentos, la generación de empleo y el desarrollo agrícola sustentable. Ante la dificultad política de modificar los derechos a la soja, medidas como los incentivos al trigo continúan en la línea de combatir la "sojización". Sin embargo, los productores lo resisten.
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