Los ruralistas reclaman la apertura del diálogo
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Pese a la falta de infraestructura, la ganadería argentina creció sostenidamente en productividad. El trance actual impedirá un mayor desarrollo.
Si bien ahora nos sacan de éstos en una actitud que nos cuesta comprender, salvo a nuestros vecinos, por citar algunos como Brasil, Uruguay, quienes piensan que están viviendo un cuento de hadas, por todo el panorama que les dejamos a ellos, al salir en forma extemporánea del mundo. Continuando con las « consecuencias» de estas políticas, vamos aceleradamente a la reducción de stocks, a la desinversión del sector, al cierre de plantas y a un peligroso aumento de la desocupación en todos los niveles del amplio y no siempre bien conocido abanico de posibilidades que brinda la ganadería.
Evidentemente, se verán menos camiones que lleven hacienda a frigoríficos exportadores, menos inversión en genética, desinterés en rotar los campos con forrajeras, alterando los esquemas productivos y la conservación lógica de nuestro suelo. Y, lo que es mucho peor, alejarse definitivamente de la actividad, para aquellos que tengan otra posibilidad.
Como tenemos nuestra vida y nuestro patrimonio apostados por y para la producción, sugerimos bajar los decibeles, aumentar el diálogo, terminar la agresión y construir un país en paz, para beneficio de todos.
Esto se logrará no atacando a quienes formamos la oferta, sino atendiendo nuestras necesidades, para agrandar la producción y abastecer la demanda creciente a nivel interno y externo.
Al campo se le pueden pedir sacrificios, nunca renegó ni renegará a ello, pero lo que no se puede es condenarlo a la postración.



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