Productores buscan mejorar su renta
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Con los precios actuales del mercado mundial de alimentos, la actividad agropecuaria podría estar en un escenario óptimo. Pero hay señales que perturban la conformidad de los productores.
Al mismo tiempo agravan este problema la intervención del Estado en el negocio empresario, como ocurrió con la carne, la leche y el trigo.
A esta falacia de un plan económico con dólar alto que beneficia al sector, hay que sumarle también la carga impositiva total que tiene el sector. El trabajo «Presión impositiva sobre la Producción Agrícola Pampeana», realizado por el Instituto de Economía de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires el año pasado, determina que la carga impositiva por hectárea de los diferentes cultivos llegaba a los siguientes porcentajes: maíz (64%), trigo (67%), soja (58%) y girasol (63%).
Aunque el trabajo no es actual y sin duda los números se vieron modificados por el aumento de algún impuesto y en otros reducido en relación con el mayor valor de algunos granos, podemos decir que la carga impositiva de cada producción por hectáreas supera con holgura 55% de promedio en los cuatro granos principales en la región pampeana.
Si este cálculo lo hacemos para las producciones de las economías regionales, la incidencia se agrava porque la producción es menor por hectárea.
A estos parámetros cambiarios e impositivos hay que sumarle también lo que representa en la estructura de costos el flete. A pesar de que están subsidiados, está representando para 1.000 kilómetros 100 pesos por tonelada o entre 20% y 30% del valor de la mercadería transportada, lo que determina que muchas producciones tengan márgenes negativos.
El resultado de todas estas políticas sin ninguna visión de mediano plazo provocó en la última campaña una producción menor de maíz y trigo que no alcanzó a satisfacer las necesidades del país y de la exportación; por ese motivo intervino el Estado, en el caso del trigo, « negociando» un volumen de trigo menor para exportar y aumentando el «precio índice» (en los hechos un aumento de las retenciones).
En el caso del maíz todavía no ha intervenido, pero la mayor demanda de este insumo está empujando los precios para arriba, hecho que complica a muchos sectores estratégicos como la producción de pollos. Y todo esto a pesar de que el maíz ya tiene 20% de retenciones.
La mejor orientación que necesita el sector agropecuario es que el valor de su producto surja de la cotización de un mercado abierto al mundo y competitivo. Hoy el sector no necesita ningún subsidio para poder seguir creciendo: con los actuales valores de los alimentos en el mundo le alcanza. El principal reclamo es poder trabajar con rentabilidad: cualquier otra alquimia cambiaria o impositiva no es sostenible en el tiempo.
La única economía que nos va a permitir crecer sostenidamente en el tiempo llegará cuando todos los sectores y regiones del país tengan un mismo tratamiento cambiario y fiscal para poder aumentar las exportaciones en forma sostenible en el tiempo. Es la única propuesta que le va a permitir al Estado cumplir con todas las políticas sociales y las funciones indelegables que le corresponden.
No es función del Estado estar asignando recursos de un sector a otro arbitrariamente en este mundo globalizado.


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