Para refundar la República, no se pueden cometer los mismos horrores de los últimos 50 años. Entre los graves errores cometidos por toda la clase política y empresarial en todo ese tiempo está la distribución de la riqueza desde un escritorio, sin saber a ciencia cierta quiénes eran los ricos y quiénes los pobres. La gran paradoja de esa política fue que empobrecieron todo el interior y concentraron la población en los grandes centros del país.
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Me tocó defender la posición del sector agropecuario en la Mesa del Diálogo Argentino en representación de CRA, expresando en esa oportunidad que lo nuestro no es un reclamo sectorial. Es el reclamo del interior del país, que está harto de que por diferentes medios le sigan sacando los recursos, que son mejor distribuidos por cada uno de los productores, industriales o comerciantes en cada pueblo o ciudad del interior. Que cuando estuvieron en vigencia las retenciones y la convertibilidad, actuaron apropiándose de la renta del productor y del interior del país, dejando una enorme franja fuera del sistema y con un gran nivel de endeudamiento.
Reacción
En los primeros años de la convertibilidad, se pudo ver la capacidad de reacción del sector agropecuario y agroindustrial que produjo uno de los crecimientos más importantes de los últimos años y con una dinámica que no tienen otros sectores. Al tener una referencia estable para invertir, producir y exportar, el complejo aportó la mayor cantidad de recursos al país para su reactivación que recuerde la historia argentina. Lamentablemente, la falta de respeto a un equilibrio fiscal acorde con las pautas marcadas por la Ley de Convertibilidad de nuestros políticos, funcionarios y empresarios prebendarios llevó a la actual situación eliminando la Ley de Convertibilidad para producir esta devaluación y pesificación, que lo único que busca es la licuación de los pasivos por quienes la promovieron. Este sistema incluía, como fue el modelo argentino histórico, las conocidas retenciones a la exportación al promover un dólar alto que permitiría exportar, pero serían una barrera cambiaria a la importación.
¿Cuál puede ser el argumento para lograr justificar nuestro reclamo por los subsidios o barreras de nuestros competidores en el mundo? Mientras ellos subsidian a sus productores, nosotros les cobramos por exportar. No terminamos de entender que los subsidios son un tema de geopolítica en la mayoría de los países, pagándole al productor para que se quede en el campo.
¿No es hora de que nosotros hagamos lo mismo? Y, si no podemos subsidiar, por lo menos no sigamos apropiándonos de los recursos sin obtener ganancias. Hay estudios que determinaron que un ciudadano en el campo cuesta $ 1, en el pueblo cuesta $ 5; y en la ciudad, $ 25. Son datos que hay que tener en cuenta para modificar las políticas y afectar mejor los escasos recursos públicos.
Sistema ideal
El mejor sistema para distribuir la riqueza equitativamente es una permanente y efectiva reforma impositiva basada en las normas internacionales de tributar en forma proporcional a lo que se gana, lo que se gasta y lo que se tiene. En un país federal, el sistema de recaudación y coparticipación tiene que ser de abajo para arriba. Lo que gasta cada una de las provincias tiene que estar relacionado con su capacidad de recaudar. Este sería el sistema ideal para que el Estado tenga los recursos necesarios para atender las funciones indelegables y pueda hacer solidaridad con la franja más necesitada. Un Estado transformado y desregulado en su totalidad para que la actividad privada pueda invertir, producir y exportar es el mejor camino para dar trabajo en la empresa privada, que es la única que produce bienes para comercializar.
Por todo lo expuesto y muchos otros más conocidos, es que no se puede cometer el error de reimplantar las retenciones a la exportación. Se agravaría la situación de todo el interior por una menor actividad y la caída de la producción.
Mientras se recupera la situación, los sectores agropecuario y agroindustrial han ofrecido una contribución para establecer un plan alimentario nacional que pueda servir para paliar la situación de muchos compatriotas. Junto con esto, es necesario instrumentar los planes Trabajar por intermedio de la actividad privada. El plan alimentario nacional debería ser una contribución condicionada a la noimplantación de las retenciones al agro. Recaudar con el mecanismo que mejor se adapte a las circunstancias de las urgencias de las economías. Debe ser voluntario, pero compulsiva su recaudación y manejado por la actividad privada con la participación del Estado y de Cáritas formando un ente público no estatal. El sector agropecuario tiene una oportunidad histórica para ser protagonista del cambio de la Argentina, si nos juntamos para esta emergencia y ponemos las bases para construir algo permanente para determinar las políticas a nivel del gabinete nacional, para no ser convidado de piedra en estas crisis. Es urgente conformar la Confederación Nacional de Entidades Agropecuarias para bien del sector, del interior y del país en su conjunto.
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